miércoles, noviembre 11, 2009

Mercedes Sosa y Shakira

Gracias a mis amigos de la argentina por enviarme este video de la Mercedes, espero les guste y lo disfruten al máximo.


Un abrazo a todos mis amigos y lectores...
Carlos Echeverry Ramírez
www.carlosecheverryramirez.org
fitofeliz@hotmail.com

Nicanor Parra y la Ecología

Queridos amigos y lectores me llegó de la Clelia y lejos y  del más allá, un video que me gustaría observaran  para disfrutar las palabras del gran poeta Chileno.



Un abrazo a todos y mi gratitud por las palabras que me llegan de diferentes lugares de hispanoamerica.

Carlos Echeverry Ramírez.
www.carlosecheverryramirez.org
fitofeliz@hotmail.com

domingo, noviembre 08, 2009

La Concha de Oro -Novela ISBN : 987-0-9683701-3-1 Carlos Echeverry Ramírez




Un gran saludo a todos con máxima alegría y mi inmensa gratitud por esos correos de aliénto, esperanzas y de risas que comparten conmigo algunos  de mis lectores y  queridos amigos.

Hoy con un clima de locura --que rico--con buen vino y un asado con amigos argentinos en  mi casa,  y el Raul y el Xavier y todas sus mujeres, con un final  de otoño y comienzos de invierno  en este  toronto, y en el qué hoy parece primavera --divino el clima  --que rico el calor---....y   cada día con más ganas de ir a la orilla del rio a que me reciban como la vez pasada. Que risa me rio a carcajadas cada vez que recuerdo ello.

Ay mi querida y adorada  Alicia Jackeline como  recuerdo.... cuando la Graciela contestó el telefóno y le  dijieron que me trasmitíera las palabras, que más me han impactado en mi vida.
NO tanto por las palabras en si. Sino por el famoso personaje que las dijo y en ese momento que las escuché. Gracias a esas palabras Todo cambió.
Queridos amigos y lectores. Los invito a mirar este enlace y  sorpréndido estoy  con   uno de  los hechos que más me llenan de alegría,--- el numero de visitantes  en  los diferentes knols ----la cual comparto con mis pocos amigos de infancia y de la Argentina, mexico y españa y de otros en la distancia y que mantenemos  permanente comunicación. y que disfrutan de los logros y alegrías que  me llegan  cada día.

http://knol.google.com/k/carlos-echeverry-ram%C3%ADrez/-/x7h8rcij6dgs/0#

Y el cambio fue algo extraordinario en mi vida.

Despues de esas  Palabras   escuchadas por primera vez en en argentina-- cuando estuve el año pasado en los meses de abril y mayo.    Todo es más facil en mi vida...Todo me llega con más alegría, todo se me facilita, Todo es siempre como lo deseo y lo pienso.  Es muy extraño a veces los hechos que trae la vida sin uno esperar.. Y solo  queda despues de todo   lo qué se  compartió  con su familia,  amigos  y  muchos  ellos que  viven en esa región   y con  tantas otras bellas y lindas mujeres y personas de la Argentina la alegría de haber conocido y mantener el contacto con gente maravillosa.

Hoy tambien debo decirlo, solo quedan muy cerca a mi, quienes merecen estar viviendo esa  hermosa aventura de la Amistad y lo qué és el diario vivir en armonía y Paz con  ellos. De resto todo quedó en el llamado y justo:  Olvido.
Así de facil como fueron dichas las palabras de Bienvenida hacía mi.. Y para todos aquellos que aún permancecemos en permanente contacto a traves de los "satelites de comunicación y sin ellos tambien",  como dice  en la cancion   la  extraordianria y  bella:  Ana Belen.

Un  Gran abrazo para todos en argentina, mexico, paraguay, colombia, venezuela Bolivariana , ecuador, españa, uruguay, Islas canarias  y chile  y  con toda la risa y solidaridad del mundo.  aqui les muestro  la caratula de La Concha de Oro.
NO por lo qué me costó esa Concha  ---le puse ese titulo---sino por lo difícil que fué escribir esa novela y el mismo proceso  que fué alejarme y vivir alejado de todos los hechos de alegría, tristeza, desamores, estafas, manipulación, robo, extorción, perversidad y atropello y crueldad mental  para poder describir lo que vivió el Gorka en su largo viaje.

Aparte de los  perdones, justificaciones injustificables de la martucha, etc y etc... y el verso y gran chamuyo de los otros y de las Mercenarias de todo el Mundo  siempre listas a buscar  los giles e incautos y obervo triste  a mis queridos amigos sufriendo por todas partes y  mi estimado amigo Gorka. Si el  Gorka.  Gorka delirando por AMOR en aquellos  días cuando Gorka creía  y creyó como un niño inocente qué el Amor era eterno  y Lina Puñales del Rio era una "gran señora y  Mujer".
Que risa me da recordar al Gorka en aquellos días de la argentina, Miami, Barcelona, Madrid -en lavapies y Puerta de Hierro -, Bogotá, Cali, Lima, Buenos Aires, londres y Cancun  ....cuando creyó en todo Todo aquello --y sin dudar un instante---lo qué  decía  la Lina Puñales del Rio y como se proyectaba ella, ánte el y los otros Giles que usaba: --- manipulación total  y estafa 100% amorosa y economica----  en la supuesta relación de amistad y luego AMOR que ofrecía la Lina Puñales del Rio a diestra y siniestra por donde pasaba.

Seguro estoy que muy pronto volveré a vivir  días maravillosos y como siempre los he vivido en la argentina, con mis grandes amigos de santafé, paraná, rosario, Buenos Aires, Vera  Jujuy, con  sus gentes y  Divinas Mujeres. las más bellas del mundo  sin duda algúna para mi.

Espero que el Gorka cada día se aleje más y más de esos perversos personajes que tando daño le hicierón en el pasado. La vane y la alicia en capital seguro estoy tienen ese apartamento muy lindo y la vana Divina en Buenos Aires -----con mi inolvidable noche allí a su lado, antes de regresar la última vez a toronto ---ya debe pensar que estaré y me iré varios días al norte, a ese Gran  Chaco impenetrable con su  padre y hombre extraordinario y noble del  Alfredo F. a qué me muestre las bellezas del Chaco y sus lindas gentes y comunidades aborigénes olvidadas.
A todos ellos, mis amigas y amigos   mis ilimitadas  alegrías por compartir, lo mismo en mi viaje a Cordoba españa y el de mexico al DF. a todos un abrazo. Ya les pongo la caratula.
La contracaratula se las prometo en unos pocos días y esa sí és  una agradable sorpresa. La cuca mas bella que se puedan Soñar...
Es  la Concha más bella qué conocido en el Mundo y  !se puedan imaginar!.. Divina esa concha Y espero que no me Muerda la próxima vez ...
"Esa Concha de Su..." cómo dicen por allí mis conocidos amigos en argentina o chile o el peru.
Al Helmer Valencia y Miranda profesor universitario de lenguas y Literatura en Cusco un saludo y gran abrazo solidario. Puedo decir que fué la primera persona que leyo mi primer libro ( El último Viaje ISBN:978-0-9683701-0-0) paso a paso cuando lo iba escribiendo en toronto.

 Gracias Helmer como recuerdo esas noches de bohemia y saturnalias interminables con el dios Baco y los porros en aquel entonces con esas suecas y alemanas Divinas abiertas de par en par a la gloria eterna y dicha momentanea..
Días de alegría los días de creación cuando me encierro a escribir algo.
Son días y momentos de alegría cosmica porque  la siento a ella a mi lado a cada instante..porque nunca se fué o se ha querido  ir, (no entiendo ?por qué  no?)o no sé si soy yo, que me niego a que se vaya y quede más sola y solitaria de lo que ya está. ...y así se me va pasando el tiempo y los años en esta ciudad, en que cada dia todo, es más extraño para todos sus habitantes, y  con  los que se rodean ..
Se acabó la comunicación entre la gran mayoría de los seres humanos aqui en toronto,  la tecnología nos jodió del totázo.. Ya la gente No habla con nadie en ningun lugar.Todo el mundo es pegado de un puto mobil o celular hablando mierda todo el dia ..la gente o personas no comunican lo que realmente quieren decir.  Se la pasan oyendo musíca con sus putos IPOD y hablando carajadas del clima y etc..NO comunican nada Nada en la esencia de lo que realmente les preocupa o angustia en el fondo de su corazón.
Creo que este país o region del canada tiene mas celulares y mobiles y computadores que cualquier otro pais del mundo....y por las distancias tan grandes nadie se desplaza a visitar a otro.Y mucho menos a un enfermo y  menos a mi amigo Octavio al  hospital, escasamente la familia va a visitarlo.  Porque de resto todo el mundo desapareció...y eso que son solo 30 kilometros para ir a su hospital ( y rio al recordar y  pensar que  el Gorka se  montó en un avion de Toronto a Buenos Aires 13 horas y luego 6 horas en Bus solo por Amor}

Es increible y de eso se trata La Concha de Oro.  Del amor ...de la vida, de la alegría, de la Esperanza, de los amoros truncados, de los miedos de ser amados y amar y  de esos desconocidos e ignorados por todos nosotros que luchan contra los imposibles y meten toda su fuerza en sus sueños, los que se levantan a trabajar con 40 bajo cero con nieve por coñazos y no abandonan la lucha por meses y meses y años para que a ella y su bebé no les falte o faltara nada con $$$...bueno amigos lean La Concha de Oro y conocerán como fuerón y son las cosas y su final fantastico, que es lo más interesante de toda la novela.. Lo menos pensado y menos esperado.

?Que locuras las que hacemos o hacen las personas por amor y algúnos "locos"?, ( Yo conocí una loca divina que se montó en un avion en Buenos aires y terminó en Bogotá y se fué a estar junto a el (el amor de su vida)con solo 9 dolares en el bolsillo, a miles de  kilometros de distancia de todo lo familiar a ella. Solo por "amor o locura"...Si por Amor algúnos locos  se mueren de Amor y creen que no existe algo mas sublime y bello, en este mundo que: "morir por amor".Por esas sensaciones extraordianrias e indescriptibles que trae todo ello y ese sentimiento  llamado el  Amor. ?Mon amour mon Dieu que te han hecho? les recomiendo  leer La Concha de Oro.
Las cosas que pasan  en este mundo algunas veces....por eso mismo escribí hace yá cinco  años aquellas Crónicas al: Desamor  " amor mio mi dulce amor de la llanura y la Pampa" y angustias y desamores como las escribía en Crónicas de Barcelona  ISBN : 987-0-9683701-2-4 y dedicadas en  su momento y aquel entonces  a C.

"ya hoy en día que estamos ... como estamos solos y cuando ya nadie nos espera ni en ningun lugar y que iremos al final de todo, como todos los otros que he conocido"
palabras enCrónicas de Barcelona.
Les recomiendo darle una leida de vez en cuando.A veces me preguntan muchas personas ?Cato que más vas a escribir?
La verdad a veces y por semanas no quisíera escribir  una puta palabra más.
?Que más puedo escribir?
Despues de que creo qué ya  dije todo lo qué tenía que decir en mis libros anteriores.
Hoy en día al menos no escribiré más y nunca más  desde la tristeza. La desolación, el llanto o el terror que he sentido en mi vida en muchos años pasados.
Ahora ---y  hoy  noviembre 8 del 2009 me muero por hacerlo desde la alegría, la Paz  y sobrevivo hoy en día  porqué puedo escribir de véz en cuando, con mucha alegría carajadas que a muchos, muchos  y muchas les gusta.
Sus correos me motivan cada momento a  seguir haciendolo, me llena de emoción y alegría lo que me escriben algunas y algunos. Lo que piensan o como interpretan las palabras o los conceptos de las ideas que trato de trasmitir.
Otros  cabrones me dicen que no sé escribir.
Me atacan al máximo y lo mejor es qué  al final de todo a mi me importa un soberano C...y carajo  lo que piensen ellos. O lo que piensen y digan los critícos o los académicos encerrados en sus canones y etc y etc me rio a carcajadas con mis amigos y me asombro con ellos   del  máximo servilismo de los criticos y académicos ante sus superiores en sus puestos de trabajo en las universidades  y de su ilimitada  hipocresía ante  las jerarquías y  toda esa mierda de las instituciones académicas y las otras.
 Yo  ya las conosco y muy  bien a todos y sus vicios y elementos de la Miseria Humana y que viven en ellos.  Los conosco  en diversas: Escuelas superiores y universidades en diferentes países. Detesto y aborresco  ese mundo de hipocresía y servilismo de  arrastados miserables en las jerarquias académicas.  La pensión es lo que piensan todos ..burócratas corruptos y pusilánimes, hombres sin caracter en su gran mayoría. Y si son medícos, la gran mayoría  se han convertido en comerciantes de salud.

Nunca observé en toda mi vida más discriminación y violencia  fisica y mental contra la Mujer que en esos llamados claustros académicos y que hoy en día esos "hombrecitos" de la ciencia o pseudociencias de la "salud mental" se creen los paladines de la moral, la ética y la estetica. Pero callan como cobardes y ratas acojonadas ante los Fascistas y Ssesinos de su Pueblo  y la gente del poder corrupta en sus Gobiernos respectivos, para poder asegurar asi su permanencia  en las labores académicas por medio de subvenciones, que les permitirán una continuidad en sus investigaciones y asi a traves de los años una miséra pensión de  Miserables y rastreros y  Petitmaitres burocratas cientificos.

Que pena y verguenza eterna sentirán sus hijos y nietos. Que pena y que verguenza ante el Pueblo Hispanoamericano y la historia que ya comienza en muchos lugares del mundo, con  la toma de consciencia. Y que  es algo y un fenomeno  imparable y se ha acelerado en los últimos meses ante la horrible arremetida del fascismo en centroamerica y otros paises de nuestra america latina. Pienso lo mismo que García Marquez de los criticos.  Me identifíco con su concepto totalmente. Que se vayan a  la mierda Todos. Y  los que piensan que no se escribir. Me importa un soberano Culo .Reitero una vez más.
Yo escribo para ser feliz y poder sobrevivir. Y sobrevivo despues de todo lo que conosco en la Miseria del ser humano y de lo que he visto y escuchado en todos los continentes...ya con eso me es suficiente para ser más que Feliz y mantener una Actitud de Armonía con todos los seres que me rodean y mis amigos y al menos poder dormir en PAZ cada noche.

NO me arrepiento de nada.  De nada---NO tengo nada de que arrepentirme-- Y escribo  porque és lo qué más placer y alegría me da. Y és lo más  difícil que he encontrado por hacer en toda mi vida y  en este mundo,  qué para mi es muy amplio.  
He viajado por todos los continentes y he vivido en infinidad de países, no en bus de turismo  sino llenandome de los pueblos y sus culturas comiendo en la casa de los campesinos, obreros, artistas, funcionarios, dignatarios, putas,  bandidos, asesinos, etc...ah olvidaba las Madame tambien las conocí. Aqui en toronto conocí un excura colombiano que se fue caminando desde colombia hasta chile y regreso a su colombia.  y aburrido  luego viajó a venezuela y allí conoció la única mujer que le gustó en toda su travesía y viaje de tres años por surmaerica.
   La dueña de una casa de Putas muy bellas. Y  que quedaba frente a la fabrica de la Cerveza  Polar en caracas y el excura paisa se enamoro locamente de ella y ella de el y despues en corto tiempo se casarón.
Hoy es una gran señora muy respetable de la alta sociedad en medellin. Pudo más el placer de la carne y el erotismo,--- la Concha rica  y el orto apretado ----de la Madame en caracas qué las plegarias y oraciones de los obispos,el  millar de curas, todas las  hermanitas de la caridad y el Sagrado Corazón de Jesus y los monseñores con sus muchachitos  que también suplicaban  para qué regresara el conocido Cura Hernan a  la iglesia y parroquia en medellin.  Todas estas historias estan en la Concha de Oro.
Preguntele a la Bella Angelica y Xavier que fueron testigos del matrimonio entre el cura y la Madame....
Ojo queridos amigos y lectores:  

Advertencia:    Cualquier similitud con la  dura realidad es una mera  y simple coincidencia y  espero qué sea  muy Feliz.

De todo hé conocido en este mundo y de eso se trata la Concha de oro, de empezar a contarles poco a poco de todo aquello y lo que compartí con  toda aquella que quería compartir conmigo un pan, una mesa, un colchon de plumas, , o un trago de licor.y etc....pueden dejar volar la imaginación.
Pero de todo lo vivido y conocido  Nada ha sido más dificil que escribir.
Bueno el  hablar tambien lo fué cuando era muy niño.  A los cinco años o seis años solo decía o podía decir algunas pocas palabras, los embaucadores y farsantes de la llamada "salud mental  ---como siempre--- decían que era: Autista--?como les parece?---Ya hoy en día puedo hablar "hasta por los codos" y hablo muchos idiomas y los escribo y los leo sin problema y aparte de eso, conosco medianamente las culturas de lo que representan y traen en si  mismo un lenguaje diferente al materno. De resto todo me fue facil antes y ahora a mi edad adulta  mucho más facil. Esto de escribir o aprender todos los segundos de mi vida a escribir mejor, es mi único medio y razón de estar vivo.
El día que no pueda escribir más me despido de todos ustedes y me iré en silencio y despacio sin mirar atrás,  a  vivir El último Viaje.
Hoy y mañana y desde hace mucho tiempo y meses y años, desde enero del 2005 quiero escribir desde: la Alegría, la PAZ, la dicha, los orgasmos cosmicos con ella, desde los amaneceres llenos de risa y con bello  trinar de pajaros, de murmullos suaves al amanecer traidos por el rio. Observar juntos el  rio en los atardeceres o al amanecer y todos aquellos pequeños miles y miles y de hechos y  detalles  que se viven en una relación  de complemento con una Gran  y Divina Mujer.
Y que me espera y seguirá esperando en un lugar donde "me darán  puñaladas de Amor y como ellas las quizo dar" Cuenta pendiente...y por cerrar. Despues ya les contaré como le fué al Gorka en esa novela y aventura del diario vivir.

 
Me voy a dormir....no olvides que al a patrón, supervisor, o dueño o accionistas  donde trabajas  lo único que les importa es explotarte al máximo. Ese es el Capitalismo salvaje.
El día que no te necesiten te mandan a la mierda sin importales un carajo tu vida, tu futuro, tus hijos, familia, etc...Nada  de Nada.
Por eso queridos amigos y lectores cambíemos la forma de educar, los educadores, todos los valores y !cambiemos todo! Sino podemos cambiar las leyes, vamos a cambiar quien hace las leyes, debemos exiguir la ética y la equidad a los politicos como las bases de todo y para todo en las relaciones de los seres humanos.
NO olvides que de sujeto te convierten y  te cosifícan en: objeto de producción  para que satisfagan sus necesidades de egos, materiales y de cuotas de producción economícas desde el primer momento en que éntras a su relación, corporación o empresa.
Eso mismo hacen las mercenarias, gatos y putas. Para no olvidar mis queridos compadres y amigos y honorables hombres inocentes que aún creen en versos y cantos  de sirena y etc..por allá en barcelona se quedarón con la poesía en la mano. "El amor no les alcanzó para la sopa" me recordaba el gran poeta Colombiano en un email.

No olvidemos  qué el Mundo está manejado y controlado por unos psicópatas increibles de perversos, asesinos que se esconden en la academia, instituciones y gobiernos y ellos mismos se protejen habilmente entre ellos y se cuidan los unos a los otros, y junto a sus familia   para no perder Nunca   y poder preservar sus privilegios, los cuales trasmiten de generaciones en generaciones y mientras el pueblo y las mujeres y niños aguantan hambre y se mueren de fisica hambre sin opción de una vida mejor. Ellos se roban todo los recursos que otros merecen por merito.
Duermo ya. Debo madrugar 5am a preparar una charla o conferencia. Es para reir y llenar de risas y más  risas a los presentes o ausentes y todos ellos, aquellos  y nosotros,  en medio del dolor de haberlo perdido todoo muy cercanosa esa situación.

Y  de repente ella se fué quedando  Sola  y  Solitaria. lo  siento a cada instante.

Así se quedó totalmente ingríma en este mundo la Lina Puñales del Rio como siempre se lo advertí... Por eso. Antes y ahora.  Nacer de nuevo es un proceso largo para muchos o todas.
NO es un imposible  se puede tratar y ensayar, fracasar y volver a ensayar  y siempre se puede al menos ensayar, hasta que por fin lo logras. No desfallescas nunca.
NO es un proceso facil, se necesita mucha ayuda incondicional de gente muy buena.
Solo y al final de todo, nos tenemos solo a nosotros mismos.  Y mas allá de ello,  Solo nos espera la parca. La Muerte. De resto es verso.
Volviendo a  la conferencia del miercoles.   La charla es en una Biblioteca Publica y la otra es  una Biblioteca de un pabellon civil de la carcel de Toronto. Chicos muy jovenes  de edad y  presos por narcotrafico y adicciones. Que estupides. Eso es esta semana y "asi va la mano" como dice la Pao Divina. Un abrazo fuerte y lleno de alegría...
A  la Lina Puñales del Rio Tambien, a la la PaulaZ.,  A la comadreja mayor de la esquina de guadalupe y la costanera y la Mirta Arredondo. Que gran mujer. Como la extraño con la Tina.
el Orlando, a la vane, la inmaculada y su angel..."la divina  loca del rio" que no para de llorar en la noches cuando camina con su bebe pensando qué: las despedidas ya no son tan cortas como ella se creía!! años han pasado...y pasarán muchos más hasta su funeral.  Allí estaré presente. Mientras no vuelva a la armonía y Paz y Entrega total que se merece una relación entre  dos. .La paula regresando, El "litos de paraná" desesperado porque yá llega la niña de sus ojos ya  llega. la Geor...me la imagino histerica.  Eso dicen los rumores del rio...regresa la Paula  al hogar y a la realidad anterior de su viaje a Itaca y las europas que cambian todo y ahora convertidas en fortines de la sin razón y  exclusión (fascismo)de todo aquello que sea diferente en color y pensamiento. Creo que es más que sensato estar en argentina o latinoamerica  a pesar de todos los problemas. Espero y quiero que les guste la Concha de oro. Gracias por los mensajes de mexíco y argentina.

La Concha de Oro

ISBN:  987-0-9683701-4-8 
www.carlosecheverryramirez.org
Carlos Echeverry Ramírez 

Reservados todos los derechos de Autor ante CIPO Y WIPO




Queridos amigos y lectores antes de dormir mis mayores deseos de alegría y solidaridad para todos
Reservados todos los derechos de Autor en texto e imagenes. ante CIPO y WIPO


Carlos Echeverry Ramirez
Colombia-Canada

www.carlosecheverryramirez.org
fitofeliz@hotmail.com

jueves, noviembre 05, 2009

Gustavo Dudamel -Venezuela- Octavio--Colombia

Un saludo a todos con cariño a  mis lectores y queridos amigos en diferentes lugares  del mundo.

Despues de las palabras de Allende y antes de dormir, les quiero contar que hace varias semanas  conocí por primera vez a este hombre.

Octavio H. y del cual les voy  a relatar algunos hechos vividos en días pasados.

Nos escuchamos  varias veces en diferentes restaurantes y bares. Charlabamos tranquilos  en paz y alegría en unión con todos los del grupo.

Nos reiamos mucho. El llegó hace muchos años casi al mismo tiempo que yo, por estas tierras del norte.

Solo lo vine a conocer  unos pocos meses antes , sin embargo  conocemos gente en comun.

Cuando lo conocí por primera vez me comentó de sus problemas en la columna vertebral, de su dificultad para caminar y de los dolores que sentía al hacerlo y de lo que era el dolor cotidiano en su diario vivir.

"Dolor y más dolor".

Eso me lo comentaba mientras caminabamos durante varios días con el grupo y charlabamos y reiamos de todo. Temas sociales, politica, economía, ciencia, mujeres, etc, el diario vivir, las angustias  y las  penas de los otros etc.

Hace tres semanas una noche JRRC me llamó y contó y otros me comentarón que lo habían operado de sus dolencias en la columna. Y que se encontraba en el hospital en recuperación.

Sin pensarlo fuí a mirar de mi conocido, Amigo, y Ser humano.



Oh cómo bien se quiera  y se pueda llamar el Ser Humano que nos motiva a ir a un hospital y estar con el y dedicar nuestro tiempo.La última vez que yo lo vi, y antes de ir al Hospital caminaba bien. Con dolor pero caminaba sin problema.

Lo hizo por dos kilometros conmigo. Qué para caminar soy bueno y entre los buenos...---el aguantó el ritmo a pesar de todo--. Sin saber él, qué me encantaba caminar y lo disfruto al máximo cada instante.

Ya lo hice por muchos años y años, en las grandes ciudades del Mundo y en diferentes lenguas y grupos etnicos y culturas y en todo tipo de circunstancias. Entre esas ciudades que caminé y conocí muy bien, pueden estar entre muchas otras: Paris, Londres, Amsterdam, New York, Miami, Barcelona, Vancouver, Cali, Santafe, Rosario, Buenos Aires, Ciudad de Mexico, Caracas, San Cristobal, Bogotá, Toronto, y la gran otra cantidad de ciudades que no pararía de escribir y por donde tambien caminé.

Bueno ese día me fuí al hospital y entré a visitar a mi amigo y conocido  Octavio H. de Medellin-Colombia

 Lo encontré en un quinto piso.  Estaba acostado alli--Como observan en la foto---lo saludé como si la última vez qué nos vimos hubíera sido el día anterior. Me preguntó por el grupo de personas que conocíamos en comun.
Le conté como estaban.Y le conté la últimas conversaciones con ellos. Lo puse al tanto de todo en la politica y los problemas y alegrías del mundo. Cuando le pregunté ?cómo estaba él y que sentía?.

Muy tranquilo y  cómo si fuera la misma conversación de la última vez que nos vimos, me miro tranquilo e  igual que siempre y me habló. Diciendo lo siguiente:

La pierna izquierda no la siento para nada..Y la otra ménos. Aúnque la puedo mover un poco, pero no doblarla.

No siento nada de la cintura para abajo. El estomago tampoco. Y siento a veces tremendo dolor --y que no puedo tolerar-- en el estomago, por donde me metierón la tecnología para poder hacer la operacion y llegar a la columna  vertebral.
La orina me la sacan con un cateter ---super doloroso-- y Parece qué se les fué la mano a los medícos en la cantidad de cemento o químico que tenían que ponerme. Y hoy en día, ellos no saben que hacer conmigo. Todo está en estudio y evaluación. Nadie responde por nada.

 Los medícos que se encargarón de la operación quirurquica de mi caso y uno entre sólo unos pocos miles y qué se conocen en el Mundo, o sobre los que exíste información o estadística guardada por la comunidad cientifica o los servicios de inteligencia de todos los paises despues de los últimos 6 años. NO quieren opinar ni decir nada ni responder por nada. Porqué lo que hacían conmigo era algo desconocido y experimental en la parte cientifica y tecnica en el Mundo. Eso me decían los cientificos, meses y días antes de la operación

Entonces me toca esperar a ver como evoluciona todo en mi mente y cuerpo.

Bueno Octavio y eso por qué?
?Cual es el origen de todo esta, situación,  circunstacia y dolor? etc..?cómo lo queramos llamar?. En este momento.
Me quedé en silencio mirandolo, como cuándo en multiples ocaciones nos sentabamos a comer y compartir alimentos en la misma mesa con los otros del grupo.
Y Octavio me respondió.:
Carlos, o “Cato” como te llamamos nosotros.
 Los que te conocemos bien  y compartimos tu Mundo y tu Vida y tus Sueños e Ilusiones, tus viajes y Tus Amores y Desamores. Cada instante tuyo.

Te voy a contar algo pero quiero que lo hagas conocer a muchos.

Yo soy Musíco.  y bien lo sabes.

Esa es mi pasión.  Es mi Vida la Musíca.  Y por eso hoy --antes de tu visita--estaba recordando una canción  que siempre cantaba mentalmente cuando estaba entre ustedes.
Y quiero que la muestres en tu blog  para todos los hombres y Mujeres. Para tus amigos, mi familia, el barrio, la comunidad. El mundo entero.
Para aquellos que te recuerdan en la distancia como la Paula, el litos de paraná, la Inmaculada y el Angel,  y para toda america latina, para todos y el mundo entero. Tus amigos del corazón.

?Recuerdas que hace unos años y despues del año 2002 empezarón a llegar a los paises del norte unos hombres muy raros?.

Llegaban en aquel entonces a paiíses como españa, USA, francia, Suecia, y por los barrios aqui en toronto y en la amplitud y tolerancia de canada. Eran hombres muy extraños y raros. Eso decían y comentaban los niños y las mujeres y los ancianos en esos años cuando iban llegando.

Muy Extraños. ?Recordás?

Si claro--le respondí---. Claramente --continué--si muy bien y como si fuera ayer. Recuerdo muy bien qué los empezé  a llamar en aquel entonces "los Alicaidos".---le dije---.
Y en esos días y meses y años despues se esparció la bola y el rumor del nombre de esos "hombres" y sus caracteristicas entre todas las Mujeres, y niños de norte america y europa.

Caminaban diferente a todos los otros hombres y seres humanos o personajes que uno se pueda imaginar.

Recuerdo muy bien que eran muy callados.
Muy reservados.
No hablaban con nadie y evitaban la gente y las personas.No interactuaban socialmente con nadie.
Eran hombres muy tristes. No reían nunca, NO miraban de frente, y además estaban torcidosde en el cuerpo.
Todos.  Creo que todos estaban torcidos. Era algo muy raro en ellos.
Recuerdo  que Caminaban torcidos hacía el lado izquierdo.
 Si la pierna izquierda y su lado izquierdo ya cojeában mucho.

Era facil observarlo en la distancia. Cosa extraña me pregunté muchas veces.
Mientras mi vida continuaba en las  labores de la universidad y la biblioteca publica .Muchisimas veces me pregunté el porqué .... Esos  hombres caminaban torcidos hacia la izquierda en su cuerpo.

Esas caracteristicas que observé y muchos tambíen, fue facil notar para todos los Gobiernos, sistemas de salud y "salud mental", los servicios de inteligencia y sociologos y observadores en este planeta tierra.

Esos hombres llamarón la atención de todos los sistemas por donde iban, pasaban  o estaban.

?Por qué esos hombre en un 90% de ellos presentaban  las mismas dolencias en el cuerpo, el mismo caminado torcido,  y las mismas carencias afectivas?.

Claro recuerdo habérte dicho.--- Dijo mi amigo Octavio H.---y continuo hablando:

El problema de mi columna vertebral y origen de ésta operacion que me tiene en las condiciones que me tienen en este momento, es igual y se presentaríá como un caso muy similar en la dolencia y trauma fisico de los otros hombres a los cuales, vos  les pusiste el nombre de:

LOS ALICAIDOS.

Nos reimos de esas palabras y me dijo ya más serio.

Bueno Cato volviendo a lo que te contaba al comienzo que llegaste a visitarme, y  era qué mi pasión es la musíca.Y toqué la percusión en las mejores orquestas de la Patría y  alla en medallo. En aquella tierra que todos queremos llamar la Patria Grande. por eso ahora en esta situacion y  jodido y como estoy  --- como garza en la laguna y sin esperanza alguna-- te pido....

Mañana te lo pido y hacéme el favor, subí a tu blog, la magistral obra del maestro Dudamel en esa cancion que cantaba yo para todos y siempre en el grupo  cuando caminabamos en la primavera y el verano con  las chicas.NO olvides decir y contar de esos millares de hombres que han llegado a los diferentes países del norte con la misma dolencia mia y qué necesitan la misma operación en la columna para correr el mismo riesgo que corrí yo en mi operación.

Es decir quedarán paralizados en un 70 % de todas las funciones del cuerpo.

La orina me la sacan con un cateter por la verga y no sé como será mi evolución, ni mi futuro.

Mejor ni te cuento hermano.
Ahora: Ya sólo me encomiendo a los sonidos mas bellos que he escuchado en el mundo y en mi vida...

La musíca.

Ya las palabras dichas en años pasados por  los otros y sinceros hombres: Dierón sus semillas.

Contale al mundo  que:

Esos hombres que ya conocen en Toronto y Canada  y en Europa como "los alicaidos" y todos esos que caminan torcidos hacia el lado izquierdo, sufren ya el cansancio y la desviación en la columna vertebral de haber portado un FUSIL en su hombro izquierdo (el excesivo peso del fusil y municíones y etc... )por más de 5 años y todo para matar con la mano derecha como cerdos y bestias asesinas .....a los miles y miles de personas en latinoamerica que no pensaben como ellos y que fueron pagados pagados por intereses creados solo en el dinero.

Esos "hombres" son el último producto de exportación de la Colombia Triste.

Que Triste  es todo en Colombia. 

Que triste está Colombia en esa interminable cultura de la Violencia..

Carlos pon en tu blog esa musíca que me gusta. Esa del Maestro y que interpreta la Sinfonica con Dudamel.

Y dile a todos y a tus lectores y amigos. A todos ellos, que  les envio de corazón: mis pocas Esperanzas.
Con mis mayores deseos y que la vida los llene de risas y alegrías y que disfruten la musíca con los hijos, niños, ancianos   y en sus hogares. Que en la vida  disfruten de todo y en  su actitud diaria con los otros pongan: el Amor comoprimer elemento de comunicación con los otros seres humanos.


Y no olvides decir y escribir que yo no cargé Nunca en mi vida un fusil.  Ni un arma y que nunca acepté la violencia como Argumento.


Yo carge por 30 años una Camara fotografíca y su equipo...en un maletin que pesaba más que un Asesino Fusíl y por eso estoy donde estoy.

El peso del maletin con la camara me torció la columna.


Cato ya estoy cansado excusame. Fuerón las palabras de mi amigo Octavio de medellín-Colombia

Lo dejé descansando y salí caminando rumbo a casa.. Algo  qué Octavio ya no puede hacer. Y como lo hacía antes conmigo y el grupo de amigos y conocidos solo tres semanas antes.

Sali caminando del hospital y miré a lo lejos...esperando días mejores para el y para todos los hombres, Mujeres, niños y ancianos en este mundo.

Esperando un Nuevo Amanecer. !!Con toda la Musíca!!

Para la inmaculada y el Angel.



Reservados todos los derechos de Autor ante CIPO y WIPO

Carlos Echeverry Ramirez.
Toronto Noviembre 4del 2009

Fitofeliz@hotmail.com.

lunes, noviembre 02, 2009

Salvador Allende -Sus últimas palabras

Queridos amigos y lectores:

Antes de dormir, NO se porqué. Escuchae las palabras de Salvador Allende, antes de Morir.

Sus últimas palbras y despues vino el Final de Todo.

Bueno. Aqui se las pongo para que las escúchen y las analisen, una por una con el Cerebro y Corazón

Gracías al Patricio de esa gran Tierra y Pueblo Chileno. al LitosZ. y "Cristo" de de Paraná,--aún recuerdo todo lo vivido en esos días.

Sus murmullos del rio Paraná y risas en la noche.

Sus silencios y alegrías.

Al Orlando, la Vane, al otro en barcelona, y gran Poeta y a todos ellos, que siempre recuerdo cada día.

A pedido de mis amigos y que escuchen los otros, Palabra por Palabra.

Yo solo escucho y observo. Ya despues de todo y de lo conocido en y dentro la Miseria Humana.



Con todo cariño allí van las palabras de Salvador Allende.XCreo que a su lado aparece Pablo Neruda. y tambien observo-creo yo.-Al Nicanor Parra mas grande que Nunca dentro de todos los Grandes...

un abrazo a todos.
Me duermo escuchando el rio Paraná en argentina...

Toronto Noviembre 2 del 2009
fitofeliz@hotmail.com

martes, octubre 27, 2009

Fito Paez

El primer libro que yo recuerde y que leí, fue de un argentino.(O uno de los primeros)

De José Ingenieros, algo del: "hombre" qué lejos estamos,  de lo que escribía el Ingenieros en aquel entonces.
Más que.... Somos y seguimos siendo despues de tanta la sangre que se ha ido por el Rio.

Ahora vi un video, hace unos minutos, y de palabras que me llegan cada día de diferentes partes del Mundo.

Me gustó la interpretación del Fito y Ana Belen. 
Ante ese gesto y por ello, para todo el Mundo, Sobran las palabras.

Cariño  y admiración a quienes se atreven a expresar esas palabras y más que todo, y despues de todo, cuando son parte de la actitud cotidiana en la vida de Fito Paez Y Ana Belen.

Que considero es lo más importante.

 Un maxímo Abrazo al Pueblo Argentino y aqui les pongo el video con Ana Belen, Una gran Mujer y extraordinaria expositora de la Musíca en hispanoamericana.

Un abrazo para todos mis amigos, enemigos y lectores.

Gracias Paula por este mensaje de Argentina.

miércoles, octubre 21, 2009

Crónicas de Barcelona---Carlos Echeverry Ramírez



Crónicas de Barcelona (I) fragmento

Reservados todos los derechos de Autor. Ante CIPO Y WIPO

Para aquella de la mirada limpia y transparente..La Sola.



Cuentan al otro día que la negra Isabel se levantó muy tranquila esa mañana para hacer una aguapanela, cocinar unos plátanos y fritar el pescado, como era su costumbre. Se encomendó a Dios por su vida, besó el escapulario y la medallita de San Benito con fervor que le había regalado el cura Óscar; prendió el fogón en la parte trasera de su rancho, atizaba los maderos y avivaba la llama tarareando una melodía y entre bostezos miraba también entretenida el río, al igual que todos los días. Y creyó en un instante que estaba alucinando al ver un brillo extraño en el río. A unos cincuenta metros de distancia dentro de las anchas y apacibles aguas.


¡Muy extraño!... -pensó la negra Isabel-, y caminó fuera del fogón. 


Más rara se sintió cuando vio que eso que brillaba como un espejo parecía llamarla desde el playón. Caminó nerviosa por el camino con dirección a la orilla del río, sacó de entre sus caídos y arrugados senos el escapulario con la imagen de José Gregorio Hernández, la Virgen de Guadalupe y la medallita de oro con la cara de Simon Bolivar y lo besó otra vez sintiéndose invencible en su fe, deseando que las serpientes se alejaran de su camino y no estuvieran por esos lados porque con la creciente del río y la luna llena de la noche anterior era el momento indicado para que estuvieran por el lugar.

Llegando asustada a la orilla del río y dándose la bendición otra vez para mirar mejor lo que la extrañaba, sólo pudo exclamar asustada: Dios mío... ¿qué es eso? Luego caminó un poco más a un pequeño alto en la orilla del río para poder apreciar con mayor claridad lo que había visto con desconcierto desde su rancho y en el corto camino recorrido.
Se puso como pudo las destruidas gafas con un solo vidrio plástico de su difunto marido y logró distinguir en la distancia a un hombre muy dormido en la paz eterna entre el brillo de las mansas aguas y las blancas piedras del río. Muy quieto allá en las anchas y titilantes arenas del playón.
Asustados y aterrados quedamos nosotros los del grupo de rescate del cadáver cuando fuimos a recogerlo y encontramos al muerto en el playón del río.
El cuerpo estaba en posición muy rara e ilógica, como si se hubiera recostado lentamente y acomodado con toda tranquilidad en un montículo de arena del playón. Este cadáver se nos presentaba como recién bañado y afeitado. Con toda su ropa todavía en él.
Algo sorprendente para todos los que estábamos presentes. Mientras fumábamos y amarrábamos la lancha pudimos observar que el cadáver del hombre negro conservaba aferrada a él una antigua y muy bella cruz de plata en la mano izquierda y en la cual estaban escritas las palabras: Toht.
Terminando mi cigarrillo y mirando eso tan raro en ese cristiano con esa posición en la arena del playón, pude observar como todos los presentes en ese instante del rescate que el rostro del difunto se veía en mucha paz.
La expresión del rostro que mostraba nos indicaba que había muerto sin ninguna pena. Mostraba una sonrisa santificada y plena que lo hacían parecer como un iluminado. Como un escogido entre todos los hombres de esta tierra y todos creímos con certeza después de observar detenidamente su cuerpo y su cara en ese instante que quizás estaba predestinado a reencarnar en pocos días en un ser especial. O en un ángel en nuestra vida por venir. En un Cristo negro.
Todos asustados y después de prender otro cigarrillo no sabíamos qué hacer en ese instante y ante este cuerpo negro.
Era algo nunca visto por nosotros. También discutimos y estuvimos de acuerdo los del grupo de rescate que este iluminado, este escogido, además de parecer en ese momento un Cristo negro parecía que estuviera despidiéndose muy feliz de la ingratitud, la violencia y la avaricia del hombre blanco en todo el mundo y en toda la historia de este universo.
En horas de la tarde, ya muy cansados y con hambre, al llegar en la lancha al muelle de Guapí nos sorprendió ver la inmensa romería de personas. Nunca se había visto tanta gente para ver un muerto en el pueblo. Aunque este muerto era muy diferente. En ese instante nos encontrábamos con algo desconocido.
No entendimos por qué tanta gente lo esperaba en el embarcadero si horas antes nadie en el caserío sabía de su llegada. -A ver un trago doble por favor ¡Salud para todo los presentes! Como les iba contando, a su entierro vinieron muchos que no lo conocieron en vida. Asistieron todos sus familiares y amigos, hasta los perros de los otros caseríos también vinieron y aullaron en forma extraña a la luna llena dos noches seguidas. En el río los peces brincaban fuera del agua como nunca antes. Algo muy raro y nunca visto con un muerto.
Lo más extraño era que todo el mundo quería estar cerca del difunto, conocerlo o alcanzar a tocar su cuerpo. Para así lograr sacar de él y guardar en ellos un poco de paz y tranquilidad que este Cristo negro trasmitía y que sintió toda la gente de Guapí cuando llegamos con su cuerpo.

El entierro fue el más grande que se conozca en la vida de mi caserío y del pueblo. No hubo fiesta como ocurre con los entierros de los niños negros. Por eso cuando un niño negro nace todo el mundo llora. Sabemos que viene a sufrir y a llorar las injusticias del hombre blanco y cuando muere un niño negro todo el mundo canta y es alegría plena porque por fin dejó este triste e injusto mundo del hombre blanco. 


Continua.....

Carlos Echeverry Ramirez
www.carlosecheverryramirez.org
fitofeliz@hotmail.com

martes, septiembre 22, 2009

Sigamos la Rumba mientras el País se derrumba...

 Increible increible dentro todo lo creible...queridos  amigos y estimados lectores de diversas partes del mundo, los invito a mirar cómo los Psicópatas, golpistas y Asesinos y  el fascista de Micheletti en Honduras, distorsionan la realidad a través de los medios de comunicación de los cuales son los dueños.
Situación igual  se vive  en muchos otros países de Latino américa. Para observar y tratar de entender este juego de "espejos y del otro"...



Carlos Echeverry Ramirez

fitofeliz@hotmail.com

www.carlosecheverryramirez.org

lunes, septiembre 21, 2009

Honduras--Manuel Zelaya y El Pueblo de Morazán

Queridos amigos y lectores de diversas partes del Mundo...Hoy en la tarde y en Toronto, es la Alegría maxíma entre la comunidad Hondureña.

Nunca se perdió la Esperanza del regreso de Zelaya.

La dignidad y la lucha del Pueblo de Morazán es la lucha por la dignidad de todos los pueblos de América y del mundo.

NI un paso atrás frente a la lucha contra el fascismo de la extrema derecha en Honduras y los otros pueblos de  Centro, Colombia y otros lugares de latinoamérica.

Es un deber ético llevar a la Corte Penal Internacional a Micheleti alias "Gorileti" y todos sus compinches y asesinos, del pueblo de honduras. que sin respeto a la constitución y el pueblo sumieron en un profundo y total cáos esta republica hermana.

Esperemos que los Militares No disparen sus fusiles contra el pueblo hondureño,
y se restablesca el dialogo y el orden constitucional.

Y asi las Mujeres, niños y ancianos puedan volver a vivir una vida más digna que bajo el ilimitado Terror del Fascismo y la Extrema Derecha.


Carlos Echeverry Ramirez.

fitofeliz@hotmail.com

jueves, septiembre 10, 2009

La Concha de Oro--- Novela-ISBN: 0-9683701-3-1 Carlos Echeverry Ramirez Colombia



 
Queridos amigos y estimados lectores. Ya que muchos de ustedes me piden un avance en lo relacionado a mi novela "la Concha de oro" va para todos y con maxíma alegría  la información y un fragmento corto.


Espero disfruten de ella y su personaje:


 Lina Puñales del Rio...


Reservados Todos los Derechos de Autor ante: CIPO y WIPO



La Concha de Oro ---2008

ISBN: 0-9683701-3-1

Carlos Echeverry Ramírez (Colombia)


Para: La Inmaculada y el Angel


Fragmento de: La Concha de Oro

ISBN: 0-9683701-3-1
Catonet Comunicaciones Grupo
Mexico-Colombia-España-Argentina-Venezuela-Canada

--------------------------------------------------


Lina Puñales Del Rio se está muriendo.


Le quedan pocos meses de vida.


Va morir de la misma enfermedad que su señora madre.

Yo igual me estoy muriendo como todos en este mundo. Aúnque espero sea en Paris. A los 93 años y "con un aguacero" como dijo Vallejo.

Y ántes que Lina Puñales Del Rio se muera. Les quiero contar todo lo que pasó en su  corta historia y en su larga e intensa Vida de su voluptuoso cuerpo glorioso.

Les narraré la historia de los otros, que la conocieron. y NO lograrón sobrevivir a su ilimitada belleza y aterradora perversidad y sadismo.


Son las palabras de los sobrevivientes, victimas y victimarios. En ese pequeño y feliz pueblo del litoral del rio Paraná, la costanera de Santafé (capital) y  de otras ciudades como: Buenos Aires, Miami, Barcelona, Mexico, Bogotá y Cali y en las qué  Lina Puñales del Rio dejó por cantidades alarmantes, por donde fue pasando y sin distincion algúna de cama en cama y de hotel en hotel.

Son las historias de Todos aquellos y aquellas que terminarón bajo tierra y no lograrón describir lo vivido junto a ella.


Continua....

Toronto

Jueves 10 septiembre del 2009

Carlos Echeverry Ramirez (Colombia)

fitofeliz@hotmail.com

www.carlosecheverryramirez.org

domingo, julio 12, 2009

Honduras y los Gorilas...Carlos Echeverry Ramirez

Queridos amigos y lectores de diversos paises en el Mundo y en especíal en latinoamérica. Despues de unos días de observar en silencio vemos toda la cantidad de farsa y Circo que los grandes medios de comunicación trasmiten a todo el mundo sobre la situación de Honduras.

Es increible e inaceptable en mente racional el Silencio y la complicidad de los grandes medios de comunicación y la Iglesia Catolica de casi todos los paises de latinoamérica con los autores de este golpe terrorista en Honduras.

Es inaceptable y algo fuera de sentido tener que escuchar y tolerar a un fascista como el tal Enrique Ortez ---supuesto Canciller de facto--- nombrado sin legitimidad alguna por Goriletti decir ante los medios de comunicación golpistas que:

" Ese negrito que no sabe nada de nada y que no sabe donde queda Honduras" refiriendose al Presidente de los Estados Unidos de Norte américa Barak Osama.

?Qué tal ese Monstruo representante de los golpistas con esas palabras...llenas de rascismo y odio contra la raza negra?.

Ante esas asquerosas palabras no queda más que pensar, que lo que viene para el gran Pueblo Hondureño, que en interminable lucha se mantiene a la expectativa y seguro regreso de su Presidente elegido Manuel Zelaya, NO serán dias de Armonía, Alegría y Paz.

No quiero profundisar más en lo de Honduras. Porqué con esas palabras del supuesto "canciller" terrorista y Golpista, ya no queda más que decir u opinar sobre la dramatica situación que le espera al Pueblo Hondureño ante el golpe y ruptura del orden Constitucional por parte de los fascistas y asesinos del pueblo hondureño.

Observando por horas y días una de las tantas imagenes trasmitidas por el único medio (TeleSur)que ha logrado trasmitir las aterradoras imagénes encontré una qué creo que lo dice todo.

Una Humilde y muy bella Mujer de aproximadamente unos 38 años y llamada Jackeline, qué con su pequeña niña en brazos, en uno de ellos sostenía una pancarta que decía:

Micheletti Sos la Basura de Honduras.

Hoy domingo 12 de julio del 2009 pienso que no solamente Goriletti y los Golpistas que el representa son la Basura de honduras.

Ellos han demostrado a los 192 países de la ONU que rechazan el Golpe terrorista, qué: son la basura de toda la América latina y el Mundo.


Grave situación nos espera a todos los Pueblos en america latina y el Mundo despues de este terrorista golpe de Estado y ruptura del orden institucional y fragante violación a la costitución de Honduras y los derechos Humanos de todo ese gran Pueblo de Morazán.

Es una violación a la dignidad y esperanza de todos todos los Pueblos de américa latina

No me extrañaria que en unos pocos meses empiezen a suceder hechos similares en otros paises de latinoamérica.

Invito al Pueblo Hondureño a resistir en la lucha contra el fascismo y la Violencia y le envio un abrazo con toda la Solidaridad y fuerza del mundo a las Muy dignas e imprescindibles Mujeres de honduras a sus valientes y Bravos Hombres y gente joven a resistir y a la resilencia hoy más que nunca, en la lucha contra el fascismo y la Violencia maldita contra el ser humano.

Carlos Echeverry Ramirez

toronto Julio 12 del año 2009

fitofeliz@hotmail.com

www.carlosecheverryramirez.org

lunes, junio 29, 2009

A todas las Mujeres del Mundo-Patricia Rodas de Honduras



Carlos Echeverry Ramirez-Colombia-


Reservados Todos los Derechos de Autor ante CIPO y Wipo

El último Viaje

ISBN0-9683701-0-1

Fragmento (19)


Escrito en la ciudad de Toronto
el dia 28 de diciembre en el año 1996

Hoy 29 de junio del año 2009 cuando impotentes observamos los aterradores hechos de los "Gorilas" en Honduras quiero dedicarlo una vez más a todas aquellas Mujeres del mundo y en especíal, a las imprescindibles.
Y ejemplo ante el Mundo y el Silencio cobarde de muchos Hombres. Las Abuelas y Madres de la Plaza de Mayo. Por abrir el camino en las últimos años a la Justicia Social, a la ética y la equidad. Para todas ellas en Argentina.


¡PORQUE NOSOTRAS SOMOS HONDURAS, ESTAMOS EN RESISTENCIA!

Feministas Hondureñas

Red de Mujeres Comitzahualt

Red de Mujeres del Aguán

Red de mujeres de la Zona Norte

Red de Mujeres de Intibucá


A esas imprescindibles Mujeres de Honduras a Todas y ellos mi Abrazo de Solidaridad en la Lucha contra el Fascismo.
-----------------------------------------


Fragmento (19 )

El último Viaje ISBN 0-9683701-0-1



Ginebra, noviembre 18 de 1996
 
Recordado Cato,
 
Recibimos tu postal. Nos llenó de risa y alegría, nos trajiste recuerdos maravillosos del día llamado ya, Fiesta de los Inocentes.
 
Esperamos que estés bien de salud, que tu dolor en la espalda, causado por el golpe con el fusil en la estación del tren haya desaparecido sin rencor alguno contra el hombre que lo causó.
 
Te escribo primero que todo para desearte una próxima ¡Feliz Navidad! en unión de tu esposa; también queremos mi esposa y yo que la ilusión de vuestro primer hijo se haga pronto una realidad.
 
Nosotros tres estamos bien, ya terminó mi trabajo en la prisión, pero continúo trabajando en mi tesis; mi esposa tiene un trabajo de medio tiempo, ella enseña francés a los pocos exiliados políticos que acepta este país.
 
Nuestro hijo, Daniel, hasta el presente no presenta problemas de ninguna índole en su desarrollo, esto nos llena de alegría y tranquilidad.
 
Te escribo porque considero un deber moral comunicarte los hechos que recientemente conmocionaron a la sociedad suiza y que a mí, en lo particular,  me perturbaron.
 
Hace unas semanas solamente fue encontrado al lado de un contenedor, donde se deposita la basura de los edificios, el cadáver de un hombre.
 
Este muerto, como todos los anteriores cristianos que van a la vida eterna, era un caso más, un hecho normal y esperado en la rutina de esta ciudad, hasta el momento en que entró en el fúnebre anfiteatro municipal.  Su cara y cuerpo, huellas dactilares y palma del pie, mostraron identificación exacta a la de los archivos municipales.  El doctor Fontanelle, director del anfiteatro y del equipo médico que hace las autopsias dijo, en rueda de prensa, que el muerto se llamaba Ives Du bois.
 
Para la gran sorpresa de todos, este muerto tenía en su cara una expresión extremadamente ingenua que reflejaba una profunda paz.  Su rostro y últimos rictus mortales no decían mayor cosa de sus finales momentos.
 
Los estudiantes de la universidad, incluyéndome a mí, para la práctica de la materia forense de antropología, y antes de practicar la autopsia correspondiente, veíamos este cuerpo ya dormido en la paz eterna con una curiosidad creciente al notar que tenía la particularidad de no parecer muerto, sino un cristiano arrepentido en estado cataléptico. Después de larga búsqueda encontramos un espejo pequeño y lo colocamos milimétricamente sobre sus amplias fosas nasales para estar seguros de que no respiraba. Al mismo tiempo y, un poco más tranquilos, los otros galenos presentes y estudiantes en práctica, después de discutir y especular sobre la extraña apariencia del acostado cubierto con un sudario blanco, llegaron a la simpática conclusión de que este muerto parecía más bien que estuviera haciendo una larga siesta, aquel dichoso sueño que ustedes los latinoamericanos hacen en las hamacas por varias y largas horas, después del mediodía.
 
Lo más desconcertante de este suceso que alteró totalmente y en forma dramática la paz de esta pequeña ciudad de Ginebra fueron los comentarios de la frescura de su cuerpo; llegamos a pensar todos los presentes, junto con el inspector J. Genet, que este cristiano no quería ser molestado o despertado de su siesta eterna.
 
Estando nosotros en la sala presenciando todo esto como testigos oculares de la autopsia, veíamos cómo el bisturí se deslizaba, por el pecho y abdomen, para sacar sus vísceras. Luego, vimos sacar cuidadosamente el estómago; intrigados los seres en este recinto observamos cómo estaba lleno a reventar de un líquido oscuro. Al abrir con el bisturí para sacar este elemento y hacer un examen químico, salió inmediatamente el delicioso aroma del Café de Colombia, que envolvió el amplio anfiteatro, oficinas, casa vecinas y los barrios contiguos, causando con su agradable olor un placentero bienestar en los ciudadanos.
Muy raro.  Algo sorprendente.
 Yo, que por rutina estoy acostumbrado a estas cosas, es la primera vez que presenciaba este extraño fenómeno. Minutos después del examen en el laboratorio supimos que este hombre, ahora cadáver, se había envenenado con el elemento químico para exterminar las ratas, aquél que venden en cualquier lujoso supermercado o en la tienda más humilde de cualquier rincón de la tierra; y que para camuflar su sabor, lo había mezclado con un litro y medio del aromático y exquisito Café de la Colombie.
 
Para tu sorpresa Cato; este cadáver, con una inverosímil cara de inocente, fue el hombre bruto y salvaje que en la estación del tren, en acto de odio y racismo irracional, descargó el fusil en tus espaldas, delante de centenares de personas y niños presenciando este penoso e inaceptable hecho.
 
Las autoridades y sus gentes tomaron esta muerte como un doloroso suicidio. La ciudad entró en profunda tristeza al conocer este episodio dramático y volvieron los latentes recuerdos sobre lo que pasó en la estación y el tribunal.
 
Al entierro, fuera de su esposa y su pequeño hijo de siete años, sólo asistieron sus padres y, por fuerza mayor, algunos militares y unos pocos funcionarios del gobierno.
 
Las gentes conmovidas, poco a poco volvieron a sus rutinas habituales; los fríos vientos de otoño anunciaban que estaba cerca la llegada del esperado Papá Noel con sus barbas blancas.
 
No había pasado muchos días cuando, otra vez, en el apartamento de un pequeño edificio y ante un miedo total en la vecindad, por la visita suicida de la muerte en nuestra pequeña y apacible comunidad, las autoridades desconcertadas encontraron el cadáver de una mujer que se acababa de suicidar.
 
Cato, esto nos parecía imposible de aceptar. ¿Qué destino fatal de suicidios venía a nosotros?
 
Ese día, las mujeres de Suiza, las mujeres europeas, las asiáticas y las norteamericanas, utilizando los medios del internet para comunicarse tomaron este suicidio de una abnegada,  y  joven mujer, como un símbolo, como un hecho de protesta contra la violencia irracional que existe en el mundo en todas sus formas. Repudiaron a través de internet, la historia del hombre, del macho, del fuerte; cuestionando en lo que finalmente se convirtió el hombre moderno, un irracional ser que sólo vive con el único objetivo en su vida de conseguir el dinero, no importándole qué tipo de acción o trabajo mezquino ejecute para lograrlo.
 
Cato, excusa mi larga carta, pero debo escribirte y contarte todo.  Es muy importante que conozcas la verdad, después de esa vergonzante situación que sufriste en mi país.
 
Esa joven mujer de Ginebra que se suicidó y mujer habitante de todo el universo; dicen sus vecinos que la conocieron, estaba desolada, frustrada y cansada de vivir la vida al sufrir el continuo e infame maltrato físico y emocional de su esposo; y que, en las últimas semanas, según sus vecinos, había perdido la razón hasta enloquecer al darse cuenta que su hijo, una criatura inocente del mundo y que en su cuerpo con todo el amor engendró y a quien durante nueve meses con su sangre formó y durante muchos meses con su pecho alimentó;  el ser que en los últimos años se había convertido en su única razón de vivir, era el hijo de un monstruo; era el hijo de un verdadero ... 
 

ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO...
 
Dicen que eran las últimas palabras de la mujer que se suicidó, cuando perdida y con su dolor a cuestas caminaba en las noches oscuras llevando de la mano desconsolada a su pequeño hijo por las calles de Ginebra.
 
Cato, esa mujer era la esposa del hombre que te golpeó con su fusil en la estación del tren; cuando arrodillado con tus manos en alto pedías clemencia.
 
ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO...

Eran sus últimas palabras. Fue todo lo que los habitantes de Ginebra y sus vecinos la escuchaban decir, cuando en llanto y la sola compañía de su hijo único tomó la determinación de envenenarse igual que su esposo.
 
ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO, que mata sin piedad a sus congéneres, con crueldad y sevicia no conocida en fiera alguna; que los asesina lentamente y con premeditación, diseñando en reuniones secretas donde sólo entran los hombres, algunas veces con uniformes y otras en trajes de civil, sistemas políticos y económicos que no permiten a los otros hombres de paz y mujeres y niños inocentes, desarrollarse integralmente como seres humanos, siendo condenados a vivir perpetuamente en la maldita miseria y en una cruel esclavitud salvaje sin, jamás, poder aspirar a llevar una vida digna de un verdadero ser humano.
 
ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO...

Eran sus últimas palabras cuando caminaba llorando, perdida con su pequeño niño; ASESINO que sin compasión alguna mata inmisericorde a los otros hombres, mujeres y niños con sus fusiles y bombas y con sus nuevas armas químicas y experimentales con virus, bacterias y microbios, que han desparramado, sin consideración y misericordia, en las nuevas guerras ya conocidas por nosotros en Oriente medio, Irak, toda África e incluso en algunos países de  Latinoamérica y Colombia.
 
Ser cansado, mujer agobiada por el maltrato irracional y sometimiento cruel ejercido por su hombre, que no era así cuando amorosamente le entregó su vida. 
Mujer extenuada que miraba con angustia y sin voz, cómo a su hombre, siguiendo las órdenes e instrucciones de sus jefes, hombres cegados por la ambición y el poder, lo convirtieron en una bestia irracional y en el ser más cruel y despiadado. 
Esa mujer murió; se suicidó, apenada ante Dios y la humanidad.
 Cato, espero y quiero que entiendas y analices punto por punto mi carta. 
Tengo hoy que aceptar y reconocer que tenías toda la razón en nuestros diálogos en la celda, cuando estuviste preso en Ginebra, que me reclamaste fuertemente al yo decir que afortunados ustedes en Latinoamérica porque tenían hombres corajudos que agarraban las armas para cambiar el sistema.
 Con sinceridad te pido disculpas. 
Estaba muy equivocado.  Todos estos últimos acontecimientos me hicieron reflexionar y concluir que el único camino para vivir en paz y armonía es:
 
   Entregar el control de la política y los gobiernos a la Mujer. 
 
   -Tú lo dijiste! , y  te  creí  loco.
 
Cato, hoy veo  la necesidad urgente y radical de que la mujer tome ya, e imperativamente, el control directo sobre los arsenales de guerra y los elementos químicos como el uranio y plutonio; con que se construyen las bombas atómicas y con los cuales el hombre bruto, en la dirección que va, terminará por completo todo vestigio de vida en el triste planeta llamado Tierra.
 
Es hora de que usted y todos nosotros pensemos y analicemos la muerte de la mujer que ha levantado y formado una toma de conciencia en el mundo. 
Ella lo dijo, lo expresó con su muerte: El hombre, el macho bruto, como lo defines tú, va a destruir completamente la vida  en nuestra bella tierra.
 
 Tú y yo, nosotros, ¡todos! Seamos conscientes de que se necesita un cambio radical; que la mujer debe tomar el control de todos los elementos que el hombre bestia sólo utiliza para destruir y acabar con la vida de otros hombres, mujeres, niños y pueblos inocentes, con la única y estúpida razón de acumular más dinero y oro.
 
 ¡Qué avaricia! ¡Dios mío, ayúdanos!, es algo incomprensible, imposible de aceptar a estas alturas de la civilización.
 Cato tu comprendes lo anterior mejor que yo, porque me abriste el camino para pensar en ello.
 
 Por último, te contaré lo que más me tiene conmovido y aún no encuentro una explicación:
 
Al entrar en un café encontré, por casualidad del destino, a una pareja de ancianos. Eran abuelos y estaban acompañados de un niño muy lindo de ojos azules. Al mirarlo lo noté un poco ausente e hiperactivo; saludé respetuosamente a los ancianos y busqué en el lugar una mesa para mi esposa y yo.
 
Al sentarnos, contentos, pedimos dos capuchinos con brandy, poco después volví a la mesa de los ancianos y el niño; ellos eran viejos conocidos del barrio y de mis padres. Era una pareja sin tacha alguna en su pasado de ciudadanos; estaban tristes y el niño feliz comía su helado en la copa; los saludé y me puse a conversar unos minutos con ellos. Llevaba varios días sin verlos, comentábamos sobre los nuevos grupos de hombres y mujeres organizándose para detener la violencia armada en el mundo, Latinoamérica y, en especial, en Colombia. Sí en Colombia, México y Argentina.
 
Al ver a tan lindo infante recordé al mío, dirigí la mirada y palabra al niño y le pregunté si había ido de camping, me respondió animadamente y muy contento, luego me contó alegre todo su viaje organizado por la escuela en los tres días que estuvieron en la montaña practicando este deporte. Esto me lo narraba mientras comía el delicioso helado; sin saber por qué, le pregunté: ¿qué quieres hacer el próximo verano? y el niño en silencio se levantó de la mesa, me miró y empezó a saltar en un pie y en el otro, como si estuviera saltando de cuadro en cuadro en un avión imaginario o jugando Rayuela, en el pequeño espacio que quedaba entre las mesas y ante la mirada llena de expectativa de la gente sorprendida que lo reconocían igual que a sus  abuelos y padres. Volví y le pregunté mientras brincaba: ¿Qué quieres hacer el próximo verano?
Dejó de brincar, paró, me miró e ingenuamente se metió, muy despacio y sin dudar, las dos manitas en los bolsillos del pantalón buscando algo conocido en ellos; al no encontrar nada miró a través de la ventana del café, a lo lejos, y se quedó unos segundos así, mirando muy ensimismado,  buscando el Sol, ya muy lejano en esta época del año.
Muy despacio me miró, y luego observó en forma detenida a la gente del café.  De pronto, de sus bolsillos sacó las dos pequeñas manitas, las miró con atención, lentamente, las colocó frente a su pecho y las empezó a juntar por las yemas de sus deditos; yo pensé en silencio, por un instante, que iba a decir una plegaria.
 
El niño, mirando sus manos, como si en ellas guardara y protegiera con ternura infinita un colibrí herido, se quedó otra vez unos largos instantes en esa posición, luego, repentinamente las tiró hacia mí, las abrió despacio con un gesto conmovedor, y me soltó unas palabras que salieron con máxima alegría del centro de su corazón: ¡Quiero conocer los chigüiros y la tierra de la banderita tricolor, del amarillo, azul y rojo!
 
Yo, sin comprender estos gestos simbólicos, conmovido, igual que todos en el café, sólo pude agacharme y, tomando sus tiernas manos entre las mías, le dije todo emocionado: Yo te ayudaré.  ¡Sí, yo te ayudaré!, El próximo verano, te prometo que conocerás los “chigüiros” y la tierra de la banderita tricolor.  ¡Sí, te ayudaré! 
 Cato, me despedí y salí muy conmovido, tomé a mi esposa de la mano y fuimos a casa.  Allí, en el café quedó Federico, el pobre niño huérfano de esa pareja suiza que se suicidó hace unas semanas.
 
En estos días, terminando mi tesis del doctorado en Antropología, me pregunto con imaginación qué quiso decir el niño Federico con sus gestos o ¿dónde?, ¿cómo?, ¿cuándo?  y ¿de quién? fue que escuchó hablar de los “chigüiros” y de esa tierra con banderita tricolor del amarillo, azul y rojo que yo le prometí ayudarle a conocer el próximo verano.


 Cato, todos mis abrazos y toda mi alegría en unión de mi esposa e hijo.

 Pierre Charbonell.

Continua...


Carlos Echeverry Ramirez-Colombia

fitofeliz@hotmail.com

www.carlosecheverryramirez.org

 

domingo, junio 28, 2009

Honduras-NO al Golpe Terrorista

Increible lo de hoy en la mañana de Honduras. Ese aterrador Golpe de Estado y desprecio a la constitución y voluntad del Pueblo Hondureño por parte de miníma cupula de "personajes" que se creeen por encima de los otros.

Algo lo cual rechazo Totalmente.

Y pensar que muchos en América latina creíamos que ya habíamos dejado atrás los nefastos y horrorosos días de los Golpes de Estado financiados por la extrema derecha.

NO no estabamos equivocados.

Hoy nos dimos cuenta que esos fantasmas del odio no escatiman, la mas minima oportunidad para volver por medio de los Malditos fusiles al poder.
Espero y quiero que no existan hechos dolorosos de muertes en personas indefensas ante semejante atropello cometido contra la constitución y el Gran Pueblo de Honduras.

"Maldito sea el soldado que dispara contra su mismo Pueblo"
Simon Bolivar

Carlos Echeverry Ramirez
Toronto Junio 28 del año 2009

www.carlosecheverryramirez.org
fitofeliz@hotmail.com

lunes, junio 22, 2009

Los ancianos-El último Viaje-Fragmento (18) Carlos Echeverry Ramírez

El último Viaje
ISBN: 0-9683701-01

Reservados todos los Derechos de Autor ante CIPO y WIPO
Fragmento (18)

Escrito en toronto el 28 de diciembre del año 1996
-----------------------------

En la privacidad de la oficina y con atmósfera relajada, el hombre dijo:

-Jóvenes, usted señor Cato, les quiero comentar lo siguiente:

 “Hoy mi cansancio es mayor que en muchos años anteriores y muchísimo más que cuando estuve en la guerra”.
  Anoche estando acostado tranquilo, quizás como siempre, después que mi esposa Charlotte se fue a acompañar a Martina y su fiel perro, a la caminata habitual, hora en que el can hace sus necesidades y Martina recoge en bolsa plástica la mierda, yo me quedé leyendo tranquilo, acompañado de un Cherry semiseco y las melodías del violonchelo de Pablo Casals.  Cansado, por el duro trabajo del día anterior, dejé el libro sobre la mesa, fui a mi habitación y al entrar en ella puse el termostato en dieciocho grados, desnudo me metí debajo de las cobijas; allí en la comodidad de la cama y después de poner mi postiza dentadura en su medio adecuado y colocar mis anteojos encima de la pequeña mesa de noche, apagué la luz de la lámpara de leer y dormí sin problema.
No sé cuántas horas habían pasado, cuando en el silencio y oscuridad de la noche escuché ruidos muy extraños al exterior de la alcoba, exactamente en las escaleras; eran unas risas escandalosas y palabras desconocidas por mí. Yo, un hombre que habla el latín, me asusté y sorprendido me senté a esperar el fin de lo que escuchaba, sin tratar de hacer juicio alguno.

Consciente estaba de que Charlotte, mi querida esposa, no había llegado, ya que varias veces toqué el lado de la cama donde duerme y no la encontré, lo cual me causó mucha angustia; así,  lentamente, los sonidos terminaron de subir las escaleras y finalmente entraron en la habitación...

Observé, cauto y desconfiado, entrar una sombra amorfa, un bulto grande moviéndose con dificultad; con mis cansados ojos de anciano no podía tampoco distinguir qué era, sólo escuchaba las risotadas escandalosas, las palabras enredadas y un fuerte y marcado olor a alcohol.

Nervioso, dudé de mis actos y pensamientos, creí momentáneamente que era una mujer de vida alegre y numerosos clientes que se había equivocado de casa y aposento; como pude, a tientas de ciego y en la negrura de la noche busqué mis gafas, para poder prender la pequeña lámpara. Después de hacerlo y para mi gran sorpresa encontré a ¡Charlotte!

Sin creerlo ni aceptar, la encontré tirada al extremo de la cama, ¡Mon Dieu! ¡mi esposa! ¡La bióloga!, la directora por treinta años del famoso coro de música sacra en la conocida iglesia luterana de Ginebra, la mujer maravillosa, ¡Quelle horror!, la madre de mis cuatro hijos estaba ahí, tirada al extremo de la cama, ¡completamente borracha! hablando en un idioma incomprensible, riéndose y actuando, como nunca antes en nuestra apacible vida y después de cuarenta años de casados, a estas horas de nuestro matrimonio y en el cenit de nuestras vidas.
Traté de encontrar la causa de este inusual estado en ella, después de tantos años compartidos, desde aquellos en los que yo iba o ella venía al pequeño jardín al frente de la facultad a esperar que terminaran nuestras labores académicas en la universidad. No supe qué pensar.

 Estimados señores, y usted señor Cato, no sé qué decirles o cómo expresar lo que sentí en ese momento.

Recuerdo que tuve un inmenso vacío, una ahogadora tristeza, solté una irónica risa, un débil entusiasmo y una rabia pasajera, y también todo aquello que puede un hombre de mis conocimientos y jerarquía experimentar, en esos segundos al ver a su querida esposa en esas lamentables, terribles e inaceptables condiciones. Horrorizado de ver a mi Charlotte en esa situación, con voz angustiada, sintiendo una punzada fortísima en mi débil corazón y dolor en mi brazo izquierdo, le pregunté:
 
-Charlotte, mon amour, mon Dieu, ¿Qué te han hecho?
Atónito y horrorizado, la observaba.

 Ella poco a poco organizó sus desvariados pensamientos en medio de risas desconocidas, con ternura abrasadora y en una voz jamás escuchada en todos nuestros largos años de nuestra feliz relación, me dijo:

 -”Freddy, mi amor, ¡mi tesoro!, ¿Recuerdas anoche cuando vino Martina con su perro a que la acompañara a caminar?...  Muy bien, las dos nos fuimos conversando, mientras el can buscaba un lugar verde dónde hacer sus necesidades. Conversábamos  de muchas cosas, de ti, de Teodoro;  charlábamos acerca de nuestros hijos, de sus alegrías y frustraciones, de las duras dificultades que enfrentan aún con todos sus títulos académicos para encontrar un trabajo estable y bien remunerado; dialogábamos de nuestras cosas de mujeres y que muchas veces o casi siempre son muy diferentes a las que los hombres hablan entre ellos; analizábamos también con impaciencia lo poco que podemos hacer o que se nos permite por ustedes para mejorar el mundo; tristemente comprendíamos lo mínimo que es aceptado y con escasa alegría recibido por los hombres para hacer más solidario el bien común. Caminando las dos solas, apartábamos con nuestros bastones las hojas caídas, que anuncian el fin del verano, acompañadas mentalmente, por aquello que hemos creado, es decir nuestros hijos. Martina iba muy preocupada y yo, meditabunda, llevaba en mí algo que no te he dicho en los últimos años: sentía una creciente ansiedad de ver lo trágico que sucede en el mundo fuera de nuestros vecinos, en otros países y regiones.  Llevaba tristeza y frustración, de ver lo poco que puedo hacer para cambiar lo que escucho en todos los lugares que tú, como hombre, no frecuentas, no escuchas, no entiendes, no quieres aceptar ni escuchar y que quizás jamás comprenderás.
 
Martina y yo sorpresivamente, escuchamos a lo lejos, en el Parque de la Esperanza, unos rumores de tambores como africanos, unas guitarras, unas trompetas, flautas, lutes de Persia, bandoneones, maracas de Sur América, acordeones, trompetas, tiples, guitarrones y unos violines gitanos de Hungría y Rumania.  Nosotras, como bien tú sabes, somos curiosas y  dueñas de una intuición, que ustedes no tienen; ansiosas apresuramos el paso y fuimos a ver qué era esa música tan bella, esas melodías con una sensualidad envolvente que ahora escuchábamos en el mismo parque al que íbamos tú y yo, cuando éramos jóvenes y nos sentábamos a conversar del futuro, de nuestros sueños e ilusiones. ¿Recuerdas mi amor, mi tesoro?
 
       ¡Freddy, escúchame! ¡Escúchame!
 
Al llegar al parque, Freddy, mi amor, encontramos unas mujeres y hombres extranjeros de pelo azabache con ropas llenas de colores, con todos sus niños cantando al son de la música y bailando en una armonía, en un ágape que jamás yo había presenciado en Europa.
 
Fuera de nosotras, estaban muchas parejas conocidas, había varios ex colegas y ex alumnos tuyos de la universidad, las parejas y los vecinos nos quedamos quietos y perplejos presenciando esa reunión, una fiesta llena de amor y de fraternidad.
 
Martina y yo, dos mujeres ya viejas y feas, como dos ancianas esperando sólo la muerte, sorpresivamente nos encontramos, igual que los otros, en la mitad de ese pequeño carnaval. 

Las mujeres y hombres tenían unos dientes hermosos color nieve, una piel canela y cabellos oscuros como las noches del invierno, sus músculos tenían una simetría excelente, pequeños cuerpos en volumen pero de una definición muscular sin igual.  Algunos tenían una personalidad, una alegría y dinamismo como el agua en nuestros riachuelos cuando baja las montañas en la primavera.  Martina y yo fascinadas con esas risas melodiosas mirábamos todo.
 
Allí nos ofrecieron vino y con todo el respeto del mundo nos invitaron a bailar; sí, a compartir con ellos la alegría.  Martina bailaba. Yo también extasiada miraba cómo ellos bailaban conmigo sin importarles mi lentitud, mi torpeza al llevar el ritmo, mis arrugas de mujer vieja y fea. Todos nos aplaudían sin parar; esta gente desconocida por nosotros únicamente quería que Martina y yo, como seres, disfrutáramos la vida y la alegría creada por estos músicos que vinieron al festival.
 
¡Hubieras visto a Martina bailando! Cómo se reía, ¡parecía una loca! Igual a esa gente, a esas mujeres y hombres locos del parque llamados injustamente así por nosotros los suizos. 

 Qué ternura nacía en las miradas de sus hijos, en los melancólicos ojos y en sus risas apacibles.
 
     Freddy, mi amor, espero comprendas, ahora por qué estoy tan contenta y ¡por qué decidí tomarme unos vinos de más!  Simplemente compartí con esos locos la fiesta, que en ese parque de Ginebra comenzamos a llamar la Fiesta de los Inocentes.
 
Te preguntarás... ¡escúchame amor! ¡escúchame! ¿te preguntarás cómo llegué a casa?
 Te lo diré:

   Cuando me sentí ya cansada de reír y bailar y, de oír tantos aplausos, como nunca antes en mi vida los había recibido con tanta espontaneidad y simpatía, le dije a unas mujeres llamadas Pilar Torres, la Mechas Otoya y María Teresa, que, a propósito, me dijeron que trabajaban como científicas investigadoras en un centro agrícola del Cañaduzal, que Martina y yo queríamos regresar a casa. 

Al instante, seis parejas de los latinoamericanos ahí presentes, en forma alegre y aún disfrutando con la música, nos acompañaron despacio a casa.

   Las mujeres charlábamos y nos reíamos, los hombres hablaban con los niños. Ellas, las mujeres jóvenes, hacían muchas preguntas de nuestros sistemas políticos, sociales, económicos y de mi relación personal contigo; eran muchas preguntas sin pena, ni amargura, como si hubiera en ellas una insaciable sed de conocimiento.

 Al rato, caminando en medio de todas estas conversaciones, no sé por qué y a estas horas de mi vida como mujer, a mis setenta y cinco años, en forma total empecé a sentir en todo mi cuerpo unas ganas y deseos inaguantables de estar junto a ti.
 
  Sí, mi amor, Freddy, mi tesoro, sentía unos deseos irreprimibles de tocarte y sentirte junto a mí y que no tenía en muchos, muchos años.
 
   Me sentía una adolescente, con deseos húmedos y ardorosa pasión. Quería que me tocaras, que me besaras, como en aquellos años ya lejanos e inalcanzables para los dos, aquellos días en que ¡me jurabas amor eterno! Cuando éramos jóvenes y bellos, cuando éramos sólo los dos.
 
  Quería que nuevamente te olvidaras de todo aquello que existe en el mundo, ser el Eje del Universo y volver a escuchar cuando tú me decías que yo era toda tu gloria.
 
Al llegar a nuestra casa, acompañada de todo este grupo y subiendo las escaleras como podía, sentí otra vez nervios y pánico de lo que había pensado y deseado en el camino, no pude contener mi nerviosas risas al darme cuenta y aceptar que estaba húmeda en mi cuerpo, a mi edad y ¡después de tantos largos años! 

Más ganas me entraron de acariciar tu ser, de contar nuestras costillas marcadas por las huellas del tiempo, de sentir mis flacas y fláccidas piernas, tocar y palpar tu vencido pecho, tus hombros ya cansados, tu inflexible espalda.

Quería y ahora quiero, que toques todo mi cuerpo, mis arrugas en barro seco por donde pasaron los alegres y esquivos riachuelos, las profundas grietas de mi piel, como si fueran hoy alegres acordeones tropicales.

   Que muy lento y con todo nuestro tiempo, me beses toda. Sí, quiero que me beses suave, dulcemente.

Que acaricies mis largos y descolgados senos con sus tristes y marchitos pezones, como si fueran ellos esta noche y ahora dos fértiles oasis en un árido desierto, donde se alimentó la belleza de nuestros hijos.

Quería que juntos esta noche, tú y yo, nos llenáramos íntegros de amor en un triste mundo moderno donde éste ya no existe.
Y así los dos en uno...

    -Sí mi amor, ¡los dos!, ¡sólo los dos!

-Y, en un interminable beso fuéramos felices una vez más al final de la noche...



 El ex juez ojizarco, igual, al juez que bailaba anoche endemoniado la lambada con la mulata brasilera, en el  Parque de la Esperanza, se levantó con alegría y nos dijo después de servir más Café de la Colombie:
-Espero que ustedes comprendan el porqué estoy tan cansado, y soltó una carcajada de loco, igual a la de su querida esposa Charlotte la noche anterior.

Yo reí maravillado. Pierre sin más alternativa, lo hizo igualmente. El director de esta oficina, otra vez y con una sonrisa de admiración  dijo:  
-¡Qué locos tan alegres son ustedes los latinoamericanos!
Pensé unos segundos y le respondí tranquilamente:
   -Sí señor juez, tiene toda la razón, pero esa es, quizás, la única alternativa o medio de sobrevivir que nos dejan los sistemas económicos impuestos por nuestros políticos; algunos de nosotros llegamos a ser, después de muchas hambres y súplicas, Locos-Geniales; los demás, sólo logramos convertirnos en ¡locos de mierda! Todos ¡soltamos una sonora carcajada!
 
Con el último Café de la Colombie, disfrutamos otra vez los chocolatines suizos, comentamos todo lo vivido en el tribunal, el elefante, el circo de la corrupción con sus enanitos, los cuarenta payasos ladrones con su mezquino domador y la sensacional fiesta, que creó dramas y pasiones amorosas como la historia de este hombre.


Al salir los tres de la oficina, unas personas  amables me preguntaron qué había pasado con mi mula Policarpa y mi perra Tamara. Con una sonrisa y mi mayor gratitud respondí que gracias a la Sociedad Protectora de Animales y a los deseos altruistas de sus activistas, sublimados en ayudar, como era el hecho de haber enviado a mis amados animales a mi país de origen, yo no tendría ninguna preocupación por ellos y por lo mismo, estaba altamente agradecido.

Firmé unos autógrafos y me despedí del ex juez, intercambiamos direcciones con promesa de enviarnos algunas postales.

 Con Pierre y otros policías, nos dirigimos a la sala de espera. En varias oportunidades, fuimos interrumpidos por personas y niños, que con toda curiosidad, venían a pedir autógrafos, a saludar o cambiar palabras conmigo. Querían tener la firma, las risas y alegrías de la fiesta para el futuro ¡en un caso de emergencia extrema!

Un niño, vino con un balón de fútbol, creía en su ingenuidad que yo era un famoso futbolista.  Su madre en la distancia gritó en alemán, pensando así que yo no comprendería:

-¡Carsen!, ¿Qué haces? ¡Deja ese loco! Ese es el loco que salió ayer en la televisión con una mula hambrienta y una perra pulgosa en el tribunal, ¿No recuerdas?
El niño intrigado y con su mirada trató de encontrar una respuesta en mí, a lo dicho por su madre. Yo, picándole el ojo, lo miré como la mula arisca y fiel, y le mandé el mensaje, de los dos tipos de locos que existen en el mundo. ¿Qué sería de este mundo sin los artistas y sin los locos esos?

Al pasar por la aduana, algunos funcionarios me miraron con sonrisas pecadoras, luego entregué mi pasaporte verde, aquel bien conocido en el mundo, a una desconfiada oficial de migración, joven y bella, que tomó mi pasaporte, miró la foto y me miró. No pudo esconder una sonrisa al reconocer quién era ese personaje frente a ella; sonó el teléfono de su puesto de control, y al voltearse toda coqueta a contestarlo, dejó escapar un gesto corto y un gemido ¡Ay, ay! de dolor intenso.
Ella, con su gesto, aceptó ante Pierre y los que me escoltaban, que le dolía todo el cuerpo, desde la cabeza hasta las uñas; que tenía un dolor que dulcemente la atormentaba ¡por delante y por detrás! todo causado con intenso placer en la noche anterior, inmediatamente después de la Fiesta de Los Inocentes, cuando Ginebra por primera vez ¡se alzó la bata!

La bella mujer recordó en ese instante el hombre aquel que conoció en el coro de música sacra en la iglesia luterana y que era descendiente de Otón. El primero que la besaba y acariciaba de esa forma loca y tan ardiente, que la hizo pensar varias veces que este exótico elemento era muy singular, ya que al besarla largamente en su selva rubia y peluda, la hizo pensar que este hombre pudiera respirar ¡por las orejas!
-Era el único, ¡divino! ¡Qué hombre aquél!- dijo con sus mirada.

Tímidamente, apenas le pregunté mientras ella miraba profesionalmente las hojas del pasaporte y verificaba en el computador la información con las centrales de inteligencia:
-Perdone “señorita”, ¿está usted muy adolorida?
Ella, con mirada y sonrisa llena de complicidad erótica y con un suspiro que al soltarlo, casi me permite sentir también los orgasmos de la noche pasada, me entregó el pasaporte verde.
 Estaba a un paso ya de montar en el avión, puse mi morral en el piso, me aseguré tocando en el bolsillo, el dinero prestado por los suizos, miré a los alrededores y tendí la mano a Charbonell; nos deseamos suerte.

  Me tocó también decir adiós a los otros policías, éstos con uniforme, que me escoltaban hasta la puerta del avión.  
 
Caminé el pasillo metálico y saludé a la bella azafata, luego ¡casi me desmayo! allí estaban los malnacidos gringos con sus cámaras filmando mi entrada al avión.  Por un segundo quise preguntarles por mis carguitas de café y el racimito de bananas, pero me guardé las ganas esperando en el futuro una oportunidad más apropiada, ¡Ya verán!

 Me senté por primera vez en la vida en primera clase. Al hacerlo, los hombres comenzaron a toser y ajustarse el nudo de sus corbatas, se pusieron morados por la impaciencia de tenerme a su lado y reconocerme; miraban acelerados los relojes. 
    
Me observaban sospechoso.

   Al sentarme, noté fascinado que no tocaba el piso del avión, ya que el asiento tan grandote, donde estaba sentado, no me lo permitía. Con mis pies inquietos en el aire me concentré, respiré profundo y pedí un fino whisky doble, igual al que tomaban los otros; me lo tomé de un sólo golpe. 

  Ellos extrañados me miraron. 

Sin importarme, me acomodé por fin en el asiento y pedí el otro; este lo tomé muy lentamente, igual que los demás personajes que estaban a mi lado.
 
 Mientras me quedaba dormido fui dejando todo lo vivido en Ginebra, en mí llevaba el conocimiento de una fantástica e inolvidable experiencia de este viaje que cambiaría el resto de mis días por vivir.



 
  En París todo fue normal, sin problema alguno.

Esa ciudad la conocía bien, su gente, su historia, todo me era familiar. 

Tranquilamente tomé un taxi y con el argelino que lo conducía supe de la cantidad calculada de un millón de  conejos que viven dentro del  aeropuerto  en  sus  zonas verdes y jardines reproduciéndose  velozmente y cruzando a toda hora la pista de aterrizaje. ¡Con la que se alimentaría todo un pequeño pueblo en Argelia!, según el gentil conductor.

Escogí un pequeño hotel cerca del metro Odeón, que es el barrio donde pasé los años de juventud cuando era estudiante y así no molestar a mis amigos que me habían ofrecido su posada.

Dentro del cómodo y tranquilo hotel de la calle Monsieur Le Prince, una calle pequeñita con el Morván, el Mónaco y el Dantón, en la esquina del Boulevard Saint Germain, los cafés donde me reunía siempre con los conocidos. Me metí en la ducha y luego dormí delicioso, quizás cómo jamás lo había hecho.

 Desperté ya en la noche, llamé feliz a mi esposa en Montreal y le conté todo.
-¡Ya sabía! -contestó despreocupada- Lo vi en las noticias de la TV. Esas cosas sólo te pasan a ti. ¡Cuídate!
Fue todo lo que dijo.
Nos enviamos besos por el teléfono, le avisé que al día siguiente llegaría a las siete de la noche, hora del Canadá. Colgué el teléfono, miré la habitación, encaleté bien el dinero y con un poco en mi bolsillo, salí a caminar. Fui al Danton, como muchísimas veces lo hice en el pasado. Parado en la barra me tomé un vino, un Balon Rouge, luego salí y empecé a caminar tranquilo hacia el Odeón sintiéndome el tan buscado por los científicos holandeses y tan esperado en las plazas y mercados del mundo, un tulipán negro.
Ya de esta forma, el tulipán negro caminó muchas horas... Se perdió en las sombras y la oscuridad de las calles de París.
Esperaba con la aurora un nuevo amanecer en mi vida y la de todos aquellos que lean este relato.


 Canadá me esperaba con su ilimitada soledad y vientos nórdicos, inmensamente iguales en tamaño a la extensión del territorio y al duro frío anunciando el otoño.

   Mi esposa, mis pocos amigos latinoamericanos en esta ciudad y uno que otro anglosajón, escucharon todo el relato de lo sucedido en la Suiza.

 Feliz de estar en compañía de mi bella mujer me incorporé a la rutina de levantarme, hacer el desayuno para los dos y luego caminar unos veinte minutos en medio de prados y jardines muy lindos con los manzanos a mano derecha, entrar al mismo edificio donde había estado haciendo mi maestría en Sociología, saludar a  la anciana recepcionista, avanzar por los mismos corredores donde durante los tiempos pasados únicamente escuché “Good morning”, “Hello”, “Good morning”, “Hello” en las mismas voces y las mismas caras y en algunas oportunidades con expresión diferente en el rostro, dependiendo a quien fueron dirigidos los papeles o documentos que nerviosamente llevaban en sus manos y con afanes y angustias proporcionales a la jerarquía de los hombres que esperaban los papeles o documentos.

Fuera del contacto limitado con el profesor encargado de mi tesis y de algunos colegas, donde nuestras conversaciones se limitaban estrictamente al plano académico, mi vida o el interactuar socialmente con otra gente era mínimo.

 Estando en esta vida académica y feliz al lado de mi esposa, con el único objetivo de terminar mis estudios, un día al final del mes de noviembre me dirigí al lugar del correo, abrí la casilla y encontré una carta con sello de entrega inmediata, que resultó ser una verdadera sorpresa.

Volví a sentir cosas que en una ocasión me causaron tristeza y mucho dolor. Con cuidado observé la estampilla y supe de dónde venía, me asusté y salí rápido del edificio.

En los jardines busqué una banca y me senté a leer la carta, la abrí cuidadosamente con el filo del cuchillito de la navajita suiza, la leí y sentí terror de la historia narrada en ella, ¡era imposible!

No me cabía en la imaginación que fuera verdad todo aquello contado en esa carta; al instante salí trotando por los prados verdes con sus manzanos. Llegué al bloque de edificios para estudiantes extranjeros y casados, abrí la puerta de mi apartamento, saludé a mi esposa y corrí a la cocina y me serví un refresco, me senté, respiré profundo y volví a leer el mensaje de la carta. 

Mi esposa, preocupada me preguntó: -¿Cato, qué te pasa?
-No le contesté. Guardé silencio. Ella lo aceptó.
 Sí, mi amiga Catalina Limberg, quedé tan impresionado con la carta que te la adjunto para que la leas lentamente:


Continua...

---------------------------

Reservados Todos los Derechos de Autor ante CIPO Y WIPO

Carlos Echeverry Ramírez (Colombia)

fitofeliz@hotmail.com

www.carlosecheverryramirez.org
  

sábado, junio 13, 2009

Salida del Tribunal en Suiza-El último Viaje(17) Carlos Echeverry Ramirez-Colombia



Para Catico y la...
El último Viaje
ISBN: 0-9683701-0-1

Reservados Todos Los Derechos de Autor Ante CIPO Y WIPO

Prohibida su reproduccion por cualquier medio de tecnología.

Fragmento (17)



Observé la alegría de una anciana cantando y los estragos causados por las brasileras y brasileros con los trajes del carnaval de Río; ahora, veía un trencito bailable entre toda la gente.

Tomé el lazo de mi mula y acaricié la perra, para estar seguro que en este descontrol momentáneo producido por la inusitada alegría de ser libre otra vez, no se me fueran a perder o ¡alguien me las secuestrara!, o ¡robara!, ¡Pero, increíble! Ya se habían llevado mis dos bulticos de café y los dos racimos de bananas.
 
Pierre Charbonell, el carcelero, con su autoridad, se arrimó y dijo que teníamos que salir. Con los policías a mi lado empecé a salir del recinto acompañado de Policarpa la mula y de Tamara mi perra. 

 En algunos momentos quise quedarme para disfrutar de este carnaval tan increíble que se estaba formando. Los hombres amables, los colombianos de las ruanas blancas y sombreros, me pasaron el agua bendita, producto de la caña de azúcar, ardiente y deliciosa, después de tanto tiempo sin beberla; hablé con aquellos montañeros que tenían cuentas en los bancos de Ginebra, y, con picadas de ojo y el “avemaría pues”, seguí mi camino, recordando a Marinilla y Rionegro, a Guarne, Cocorná y El Santuario.

 Más adelante me encontré con unos emocionados personajes, vestidos de abrigo negro con sombreros de copa negra, cabellos rubios con patillas largas y enroscadas a los lados de sus rosadas caras y frustrados ojos azules; todos con fusiles colgados del hombro y unas barbas blancas y descoloridas hasta el pecho y un libro negro en la mano derecha, como se ven muchos en Nueva York y en Manhattan.
Me sorprendió que uno de ellos me saludara con mucha efusividad y lágrimas:

-¡Neftaly!, ¡Neftaly!, ¡Neftaly!
 
-¡Shalom! -respondí yo agachando mi cabeza, por respeto a su edad y dignidad, y a la dimensión de su saludo. 
 
Neftaly -el hombre que todo lo sabe.

-el hombre que todo lo ha vivido.
 
Hubiera preferido mil veces que ese amistoso saludo se lo diera a sus vecinos en Palestina y recordaran el proceso que se inició en Oslo, en busca de la paz para Medio Oriente.
 Así, poco a poco fui saliendo entre los policías y la gente al lado nuestro. Al llegar a la calle la lluvia ya había cesado, había muchísima gente siguiendo el ritmo de la música y tomando vino, tequila, pisco, ron y aguardiente. Yo llevaba con sumo cuidado y alegría a mi mula y a la perra ¡con los gringos detrás, filmando y grabando todo!
 De pronto una joven pareja se atravesó en nuestro camino y se me presentó. Me dijo que eran de la Sociedad Protectora de Animales.
 ¡NO!, era lo único que me faltaba, el atropello y crueldad contra los animales, otro juicio por esto que es un delito grave en países del norte.  Pero, gracias a un -Dios mío-, la pareja amablemente me tranquilizó y me informó que se harían cargo de enviar por avión a mi perra Támara y a Policarpa mi mula, a la tierra del futuro de la humanidad; a la tierra del ensueño; a la tierra de la alegría: Latinoamérica.
Gustoso y agradecido de escucharlos firmé los papeles, les di la dirección y el teléfono de mi padre para que mis amados animales fueran enviados inmediatamente por avión, y trasladados al pequeño terreno de una hectárea de tierra que él tenía en la montaña, mirando hacia el valle del río Cauca, donde está el conocido Club Campestre del Cañaduzal.

 Caminando más relajado en medio de los policías, sin mi perra y mi mula, y sin las carguitas de café y el racimito de bananas, que desaparecieron en medio del tumulto, logramos abrirnos paso entre la satisfecha muchedumbre que estaba ya celebrando lo que había pasado dentro del tribunal. 

Moviendo nuestros cuerpos al ritmo de la música, entramos con Charbonell en un automóvil. Tres carros más de la policía nos acompañaban para poder avanzar entre la gente. Salimos con dirección a la cárcel, no podíamos contener nuestra risa y admiración al ver en lo que se había convertido este día la ciudad de Ginebra.
 Nuestra sorpresa se convirtió en asombro cuando, en la distancia, en plena calle, vimos venir un elefante hacia nosotros.  Sí, un elefante y detrás un circo, un circo real, con sus enanitos al frente.  El primero vestido todo de rojo, convertido en un diablito, tenía enormes gafas oscuras y era rechoncho, llevaba colgado del hombro un tambor de hojalata que tocaba sin misericordia; la enanita, vestida también de rojo escarlata y con gafas de piloto, Ray Ban de color verde, iba sentada y muy feliz en el cuello del elefante, exhibiendo cínicamente una pancarta que decía:

Somos el
Circo de la Gente
linda y pobre latinoamericana
sin pasado, con presente
incierto y sin futuro, y damos
8.000 bienvenidas a los políticos,
los bandidos y corruptos del mundo,
que depositan todo nuestro oro y dinero
en los bancos de la ciudad de Ginebra.


 Recuerdo bien que al lado del inmenso elefante iban unos soldaditos tristes, un grupo de  policías jóvenes ya cojos y otros mancos, una parejita de mestizos con sus 5 hijos, con el  hambre en la cara, terror en sus ojos, y vestidos con harapos, y luego unos 40 maravillosos payasos; me extrañaron mucho los colores de sus corbatas gigantescas, sus coloridas camisas de impecables cuellos blancos y la forma mágica cómo en vez de llevar en sus manos, las conocidas bolitas de colores que tiran al aire, y giran a través de ellas, estos payasos manipulaban, para nuestro asombro, finísimos maletines de piel de cocodrilo conteniendo cosas amadas por nosotros y sólo posibles en la realidad creada en nuestro gran circo latinoamericano. Estos objetos de la vida diaria, eran cositas hechas en miniatura como las vi yo y las vimos todos nosotros con nuestros escépticos y aterrados ojos: veíamos cuadernillos con leyes de privatizaciones y endosados contratos de acueductos, de refinerías, de escuelitas, de papeleras, de obras públicas, de alcantarillados; de puentes y carreteras, de hidroeléctricas; de centrales de telefonía, de adjudicación de fértiles tierras, y de obsequio de bancos y aerolíneas.

Asombrados veíamos también cómo unos payazos grandotes, de ojos azulados, cabellera rubia y nariz de pinocho, debajo de sus mangas sacaban bolsitas con dolaritos; con pesetas, francos, marcos y libras esterlinas; sacaban lujosos automóviles en miniatura, anillitos con nuestro oro y esmeraldas perdidas en la colonia y preciosos diamantes, manchados con la martirizada sangre africana; y en forma habilidosa, por debajo de sus piernas, contorsionándose, y sin que nadie de los miles ahí presentes los pudieran descubrir, intercambiaban sus bolsitas por los maletines.
 
  ¡Qué maravilla! representaban a la perfección el cotidiano drama, en pequeño, de nuestra bella, pero, agobiada  tierra latinoamericana.

 El conductor del automóvil, aterrado, paró y sacó su cámara fotográfica para capturar este fabuloso circo tropical que representaba nuestro diario vivir.

¡La corrupción de muchos de nuestros gobernantes y políticos! 

  No puedo olvidar que después del elefante y los payasos venía el domador de las fieras del circo con sus gafas y unos bigototes que me recordaron los mostachos de los conquistadores cuando llegaron a nuestras tierras y, con espejitos y, con pólvora,  el fusil, la cruz  y los cañones, domaron y doblegaron la férrea voluntad de nuestros indígenas, verdaderos dueños de la tierra prometida, destruyéndoles su milenaria cultura y enseñándoles con sangre, en nombre de-su-dios, sus viles y mezquinas ambiciones.

Detrás del corrupto domador, quien llevaba una rosa en la mano, y detrás de sus fierecillas domadas, venían unas hormigas gigantes con culos inmensos cerrando la procesión. Nosotros, Charbonell y yo, junto a los otros policías, apenas nos mirábamos al ver esta maravillosa representación de la realidad latinoamericana, por medio de este circo venido de tan lejanas tierras del trópico a formar parte de los artistas y músicos de los festivales que se celebraban en estos días en Ginebra.
 
 Apenas pasó el circo de la corrupción y toda la ruidosa y vergonzante muchedumbre con el domador y todo aquello que lo acompañaban vino la calma, el silencio y, por fin, la tan anhelada paz y tranquilidad que tanto ansiaba.

Pierre Charbonell nos volvió a la realidad. en su condición de carcelero y jefe, ordenó reanudar la marcha.  En el trayecto de regreso, la ansiedad me consumía por llegar rápido y firmar la boleta de salida. 

Al entrar en el edificio de la cárcel, recordé al hombre árabe, aquel que cuando entré por primera vez a este lugar y a una cárcel en mi vida, me gritó:
-¡Alahu-Akbar!
 
Charbonell me acompañó hasta la celda después de subir en el ascensor los siete pisos; al llegar activó el control electrónico, abrió la puerta y en la celda preguntó si tenía hambre.
-Un hambre  de caníbal,
le respondí.
Sonrió y respondió que pronto regresaría con algo delicioso para comer, más los documentos para firmar que me darían, por fin, la tan ansiada libertad. Con un apretón de manos y entre risas se despidió, cerrando la pesada puerta.

Cuando Charbonell salió me acosté en la cama y solté una monumental carcajada, reprimida desde los años de infancia; no podía creer lo que había vivido todos estos días encerrado en una celda. Y sí que menos podía creer toda esa fantasía; toda esa algarabía y locura de tantas razas y gentes de todas las naciones y condiciones humanas, reunidas en un tribunal de justicia de la Suiza, reclamando Libertad!; reclamando Humanidad!; reclamando Dignidad! Reclamando más que nunca  Justicia Social.

Sentía un profundo alivio en mi corazón.

Estando en ese estado de emoción, me levanté y también sentí que el dolor en la espalda había disminuido, caminé, fui al lavamanos, tomé agua, miré los libros sobre el pupitre de escuela, luego me dirigí a la ventana, y desde allí envié mi alegría mentalmente a toda la gente que estaba celebrando la inesperada fiesta formada.

Les envié mi risa para que se esparciera por Ginebra y el mundo, en todas sus gentes, cafés, calles, recintos cerrados, y para todos aquellos seres que me habían acompañado en mi vida y en especial este día.

Al mismo tiempo, y sin comprender una razón lógica, del canal de la música clásica, salieron unos coros bellísimos, eran la “Oda a la Alegría” de la Novena Sinfonía de Beethoven. 
Al escucharlos me agarré duro de la malla en la ventana, esto fue lo único que pude hacer; allí parado, escuché la música y me quedé mirando a lo lejos el umbral del nuevo amanecer y la oscuridad de las vecindades de la ciudad de Ginebra.

No pude medir el tiempo después de aquel momento.

 Al rato, llegó Charbonell, traía los alimentos y decidió acompañarme por un momento; yo sentado en el pupitre doble de escuela y él caminando, empezamos a reírnos a carcajadas de lo sucedido, recordábamos todo. Yo no podía, aún, aceptar todos los sucesos vividos ese día y que cambiarían mi vida por siempre.

Firmé los papeles de la libertad que Pierre Charbonell había traído; me informó que al día siguiente sería llevado al aeropuerto de Ginebra, se me entregarían mis documentos y un boleto de avión Ginebra-París, más un dinero prestado por el gobierno suizo, con altos intereses, para sobrevivir en Francia el día de espera, mientras mi vuelo París-Montreal salía. 
 
Feliz con esta noticia que me daba, intercambiamos nuestras direcciones de casa y  dijo amigablemente que estuviera listo a las siete de la mañana. Luego me dijo que más tarde iría con su esposa a celebrar el cumpleaños de ella. Tenían unos amigos esperándolos en un restaurante.
 
   Esa noche dormí profundo, tranquilo y feliz.
 
Al día siguiente, Charbonell llegó con la exactitud de los relojes suizos, siete en punto; traía el desayuno y un café para él, abrió la puerta metálica, saludó y  contó de la reunión y fiesta del cumpleaños de su esposa. En los canales de música sonaban las baquianas brasileras número cinco de Villalobos; charlamos unos veinte minutos, luego preguntó si estaba listo.
-Siempre estoy listo para lo que sea.
 
Charbonell empezó a caminar nerviosamente en la celda de un extremo a otro, como si fuera el hombre que se quedaba en ella. -¿Tienes todo en el morral?
preguntó cuando se volvió hacia mí.
-Sí. -¿No olvidas nada?
 De inmediato regresé, entré en la celda, miré todos sus odiados rincones, escuché el eco de mi llanto y gritos de dolor; luego salí muy tranquilo, y antes de que Pierre cerrara la puerta volví y miré dentro de ella, ¿Olvidaba algo? Sí.
 
Sí, lo único que pude ver, y, que dejé abierto sobre el pupitre doble de escuela, fue una tímida Hojarasca del año 1955 de mi Maestro.

 Salíamos de la celda en dirección al aeropuerto, caminábamos por el iluminado corredor escuchando el oscuro y desesperado llanto y los gritos de seres encarcelados; tomamos el ascensor; al salir del edificio con Pierre y cuatro hombres de la policía que nos acompañaban, nos distribuimos en dos carros que nos esperaban para ir al aeropuerto, algunos policías de cuerpos gigantescos me miraban cómplices por la fiesta y rumba que todavía se celebraban en algunos apartamentos y parques de la ciudad.
 Entramos en un automóvil, Pierre adelante y yo en la parte de atrás.  Empezó a comentar y reírse de la fiesta que se había formado el día anterior, aquella fiesta iniciada cuando el hombre aquel ojizarco gritó:
¡Inocente!,  ¡Inocente!,  ¡INOCENTE!
Pierre recordaba cómo con su esposa y sus colegas de trabajo y universidad, después de comer en el restaurante y dirigirse a la casa, al pasar por el Parque de la Esperanza; habían visto que los puritanos pervertidos estaban filmando al hombre de los gritos ¡Inocente!, ¡Inocente!, ¡INOCENTE!; el ojizarco, quien celebraba en medio de hombres que hablaban lenguas extrañas y bailaban contorsionándose al ritmo de los tambores, lutes, guitarras, flautas, trompetas, maracas, acordeones, tamboras, tiples, quenas, flautas y charangos. Sí, en medio de todos estos jóvenes peludos y muy alegres y mujeres en jeans y camisetas ceñidas con sus pezones empitonados por el sudor, llenos de ilusiones y utopías- y que estaba bailando emocionado, con su larga toga negra, la lambada brasileña con una mulata de dieciséis años vestida con el traje del carnaval de Río. Bailaba endemoniado al ritmo de la música, con las gambetas y movimientos del escultural cuerpo de la mujer brasilera, que seguía el sonido alegre de todos los instrumentos. 
La mulata brasilera con su risa loca, su voluptuoso cuerpo deseado, su sudor salado de mares tibios y su alma felizmente embrujada ¡tenía seducido del totazo al hombre de la justicia! y él feliz...
 Pierre contaba divertido de la alegría y la risa de la gente al ver al hombre, al ojizarco, al juez, completamente endiablado por aquella mujer latinoamericana; peor aún, reconociendo que jamás en su vida el ojizarco había tenido la oportunidad de conocer estas maravillosas y completas mujeres, hasta esa noche o ese día que cambió la historia de la ciudad de Ginebra. Mejor dicho, en los días antes de esta Fiesta de los Inocentes y los días después de la fiesta.
 
En el automóvil de la policía el otro agente, el conductor, en medio de su controlada y obligada compostura, simplemente reía al escuchar todo lo que narraba Charbonell.
 Al llegar al aeropuerto fuimos a un edificio donde se encontraban varios hombres con fusiles, quizás vigilando la reprimida paz de esta ciudad. Caminé lentamente mirando alrededor, como siempre lo hago.  Así llegamos a una oficina espaciosa.  En ella, un hombre se presentó como el director, era un anciano, un ex juez igual que el ojizarco que gritó emocionado: ¡Inocente!, ¡Inocente!, ¡INOCENTE!
  Este hombre  de setenta y cinco años, amable y sincero, que me hizo recordar las gentes que había conocido en otros lugares de la Suiza, el país donde las jerarquías son el sentir y el vivir de sus habitantes.
 El hombre director de la oficina me indicó que firmara unos papeles; sin leer firmé lo que se  puso por delante; sólo pensaba en llegar a Montreal y estar de nuevo con mi fiel y cariñosa esposa, ignorante de lo que me había pasado.
 Firmados los papeles, el hombre, el ex juez, nos invitó a su oficina; Pierre y yo entramos y tomamos asiento, de un termo nos sirvió Café de la Colombie.  Ahí, entregó mis documentos, mi tiquete de avión al Canadá, más un boleto en primera clase Ginebra-París, y 1000 francos en billetes que el gobierno suizo  prestaba con altos intereses para poder sobrevivir en París mientras mi avión salía para Montreal

Continua...
Escrito en Toronto-Canada

en diciembre 28 del año 1996

Carlos Echeverry Ramírez-(Colombia-Canada)

Fitofeliz@hotmail.com

www.carlosecheverryramirez.org
 

jueves, junio 04, 2009

En Suiza en el Tribunal de los Pueblos del Mundo-El último Viaje --Fragmento (16)




Queridos amigos y lectores les subo con máxima alegría lo que continua de El último viaje...Un abrazo solidario. Para: la flor del Paraná.

Carlos Echeverry Ramírez-(Colombia)

El ultimo Viaje

ISBN 0 9683701-0-1

Reservados Todos los Derechos de Autor ante CIPO Y WIPO

Fragmento (16)

--------------------------------------------------------------------

Reposadamente, como si fuera un Arquímedes y Demóstenes tropical les hablé:

-Señores de la Justicia, señores representantes de todas las instituciones y gobiernos del mundo, mujeres, hombres y niños aquí presentes...

Observé cuidadosamente a los hombres de los aparatos, los de los medios de comunicación, los que casi siempre controlan el Poder, los omnipresentes y pervertidos gringos, para recordarles que no podían perder esta exclusiva del drama de mi vida, en vivo y en directo para todos los lugares del mundo con sus cámaras de video y aparatos de radio y ¡quién sabe qué otros más!

Continué la arenga diciendo unas palabras de mi padre:

-Mi única riqueza terrenal desde la infancia ha sido el amor a la libertad y todo aquello que encierran esas palabras en el desarrollo del hombre. Los únicos objetivos en mi vida han sido y serán el desarrollo integral del hombre, en armonía con la naturaleza.

Me extrañé al escuchar un fuerte y largo aplauso y continué hablando:

-Soy testigo, como todos los aquí presentes y ausentes, de que este siglo por terminar, este milenio que llega a su fin, ha sido el siglo más cruel, atroz y sangriento de toda la historia de la humanidad, y del hombre desde su aparición en la Tierra. Lo hemos visto y sentido todos.

Sí, todos los aquí presentes y ausentes, hemos visto cómo el hombre encadenó al mismo hombre, hemos visto con terror impotente Hiroshimma y Nagasaki, las dos guerras, los cientos de batallas de siglos pasados; hemos visto cómo nos masacramos los unos a los otros: ¡Sólo por el oro!, Sí, ¡el oro!

Hubo rumores e imparables aplausos en la sala.

-Yo me pregunto -continué- y les quiero preguntar a ustedes, los trece hombres que representan la justicia del mundo, y a todos los aquí presentes y a los ausentes...

Aquí interrumpí, y con parsimonia miré a lo lejos, hacia las tribunas donde estaba la gente, saqué el pedazo de panela del pantalón y lo di a mi mula Policarpa delante de todo el mundo. ¡Y los gringos filmando y grabando! Según ellos, este, un acto único de belleza y ternura…

Mientras tanto, la mula y la perra me miraban fascinadas, la perra movía la cola en forma desesperada, igual que la arisca mula que se espantaba la invasión de moscas, también presentes en la sala.

Cuando la golosa mula terminó de engullir la panela, continué el discurso.

Recordando mis años de infancia, en medio de un cañaduzal, en nuestra escuela y dicen también, que en todas las escuelas del mundo, en aquellas de pueblos con calles polvorientas y sin acueducto, donde sólo el hecho de encontrar agua es una titánica labor de tres hora en un burro o en una mula como ésta, -mi mula mira de reojo ¡me pica el ojo!-, en las que se enseña desde la edad de la leche materna, que en Europa, en países como éstos y en un lugar llamado Suiza hubo un hombre, cuyo nombre ya está olvidado por todos y aquí por nosotros...

Diciendo esto miré otra vez alrededor, a lo lejos, a los amaneceres de mis tierras y las pampas, el sol lejano, acaricié mi mula con cariño, escuché los pájaros y las cascadas de agua, el sonido entre los ríos y la algarabía del recreo en la escuela; volví y observé a los trece hombres de la justicia y a las tribunas a reventar; caminé alzando la voz, mirando la tenue luz de las ventanas y dije:

-Jean Jacob Rousseau. ¿Lo recuerdan ustedes acaso?

¿Lo olvidaron ya?

Me quedo en silencio y vuelvo a mirar alrededor en aquella sala grandísima, acostumbrado al espacio pequeño de la celda. Miro la sala de madera vieja, con sus muebles todos llenos de gorgojo, con las ventanas todavía buscando a Dios desesperadamente. Analizo de nuevo a los trece ancianos, el intérprete, el abogado defensor y los policías detrás; lo mismo que a aquellos que continuaban entrando al lugar a presenciar este hecho histórico en mi vida de trashumante, día que cambió mi vida y el resto de lo que me falta por vivir.

Después de hablar, sobre la sala cayó un silencio helado. Se sentía el frío y en el exterior de la sala caía la lluvia.

Los presentes, en la mitad de este silencio nos mirábamos los unos a los otros enmudecidos.

Sólo se escuchaba el silencio sepulcral que sentíamos. El silencio de la muerte.

Ese silencio que hemos sentido millones de veces, el que se siente siempre en las trincheras de la guerra después de escuchar los fusiles y el que sentimos en las tumbas después de los asesinos y criminales bombardeos.

De pronto, en el silencio de la sala se hizo presente para sorpresa de todos. Como por arte de magia, apareció el amigo: J. J. Rousseau.

Recuerdo que se paró muy tranquilo al lado de mi mula, la acarició contento, le miró las muelas con curiosidad, examinó los cascos, tanteó el cuerpo y la altura; con gran placer y admiración miraba la excelente calidad de las carguitas de café y el racimito de bananas; la mula arisca lo miraba de reojo y le pelaba las amarillentas muelas.

Yo apenado sonreía.

Segundos después, Rousseau empezó a mirarnos a todos los presentes.

Muy serio y preocupado miraba a los trece hombres de la justicia, a los acusadores, a los duros y a los representantes de los gobiernos y las instituciones, a los pueblos mediocres, con incredulidad e impaciencia.

Rousseau miraba tristemente en nuestros ojos todo aquello que habíamos hecho después de su muerte; al dar vueltas por la sala sentía la misma soledad y angustia de todos los reunidos en ella.

Miraba a la Justicia detenidamente y, con especial interés, detuvo su vista en los trece hombres del estrado.

Sus ojos reflejaban la tristeza infinita que le causaba el tener que aceptar el deplorable estado de la Justicia moderna... Sí, la farsa de la llamada Justicia moderna, los hombres que la ejercían y los que la padecíamos. Miraba las ilógicas relaciones económicas, políticas y sociales entre los pueblos.

Por último, Rousseau retiró su mirada, en este silencio helado de las trincheras y silencio último de nuestra muerte por venir, y se alejó ensimismado de la sala.

Yo, en ese momento, recordé las tumbas de Tasajera en el Caribe de Colombia, caminé un poco a la izquierda, y dirigí mi mirada a las tribunas y a los trece hombres de la Justicia.

Escondiendo una sonrisa, ¡por joderlos! y haciendo una sombra inmensa con mis palabras dije:


-Señores,

¿Es un

crimen

ser

pobre?





Al decir esto pude ver cómo en la fría y silenciosa sala los trece hombres de la justicia, uno por uno y con precipitación, se fueron formando en fila india y con el movimiento rítmico de sus famosos relojes suizos salieron rápidamente hacia el salón de las deliberaciones, sin atreverse a mirar atrás, llevando todos disimuladamente escondida en la toga una deliciosa chocolatina para tomar con el próximo Café de La Colombie.

Muy felices los gringos pervertidos de los aparatos raros y cámaras complicadas no se perdían ni un segundo la expresión angustiada de los rostros y las miradas de estos huidizos ancianos de togas negras.

Al salir el último y cerrarse la puerta del recinto donde ellos juzgarían y darían una sentencia de mínimo doce meses de cárcel, me cubrí la cara con las manos para esconder la angustia y el dolor que sentía al conocer lo que me esperaba y se me venía encima.

No sé cuánto tiempo estuve agachado cubriendo mi cara; no sé cómo tomé valor y me levanté. Respirando profundo me sonreí con el abogado, miré al intérprete y le pregunté cuánto tiempo tardarían los hombres en volver.

-Mínimo una hora -me respondió.

Sentí sed y le pregunté al abogado dónde podría tomar agua; amablemente me contestó que me traería un poco, con ella me tomaría una pepa para el dolor. Parado y mirando alrededor vi con sorpresa cuando al lugar fueron entrando estos personajes conocidos por todos en nuestras ciudades y pueblos de América Latina: esos hombres con sus voces imitativas de los famosos que iban anunciando, al igual que en los intermedios de los partidos de fútbol, con sus pequeñas cajitas de madera colgadas del hombro, la venta de chiclets, cigarrillos, chitos, papitas, sabritas, maní, cacahuates, popcorn, Coca-cola, cerveza Modelo, la Quilmes, Polar y Club Colombia, paletas, helados, chocolatines, dulces, y los fabulosos cachitos de marihuana, el paco y el periquito también, más todo aquello que les permitiera obtener un dinero para el sustento de sus familias.

Con más sorpresa observé cómo entraban unas mujeres gordas, con delantales blancos y con un recipiente en la cabeza, vendiendo tacos dorados, chorizos, morcilla, fritanga, papas saladas y patacones.

Luego vi también a las vendedoras de frutas, unas negras enormes con unas voces y gritos llenos de quejumbrosos lamentos, todavía esclavizadas por la miseria al finalizar el milenio, vendiendo piña en rebanadas, papaya con limón, sandía y melón con chile, nísperos y mango verde con sal, sin olvidar el chontaduro.

Detrás de las negras enormes entraron unos hombres pequeñitos, santeros y brujos vendiendo ilusiones, sueños por construir, matrimonios felices, amantes satisfechas, enemigos enterrados o desaparecidos, suegras ahorcadas y la entrada al cielo asegurada; ofrecían los famosos anhelados y nunca ganados billetes de la lotería nacional. Uno de ellos me gritó:

-¡Cómprese el billete!

-¡Si no se gana trabajando, menos jugando!

-Le respondí.

Miré entusiasmado cuando unos hombres con ruanas de lana blanca, carriel y sombreros, pasaban disimuladamente de mano en mano y bajo las ruanas unas botellas de agua bendita, nítida y ardiente, extraída de la caña de azúcar, de un alambique clandestino de la ciudad.

La sala estaba que no cabía de gente. Los de Nigeria, Malí, Gabón y Senegal, habían traído sus instrumentos de música, sus fantásticos tambores; los ber-ber afinaban sus lutes.

Qué susto el que me dio cuando vi entrar a las lloronas con sus caras pálidas y sus chales negros mirándome sospechosamente. Y tras de ellas, circunspecto y muy formal, el gran buitre mayor, el propietario de una cadena de funerarias que vivía en el barrio Versalles de Cali y que me hizo imaginar un entierro inevitable.

Escuchaba las quenas de Perú y Bolivia, el sonido de los charangos, los violines de los niños gitanos, de las gitanas el taconeo y las panderetas, las cítaras de la India, las trompetas, contrabajos y guitarrones, los acordeones, los tiples, las arpas, las quenas peruanas, el cuatro, las maracas y las guitarras. Mientras todo esto pasaba, Policarpa, la mula arisca empezó a mostrar el hambre; mi perra, con sus ojos y la cola, decía que era hora de buscar un lugar en la sala, para orinar con la dignidad perdida del hombre.

Y los gringos ahí, filmando a los nuevos y recién llegados grupos de vendedores de productos, buscando entre ellos quizás un extraditable de Tijuana o de Cali, que, disfrazado y sin aguantar las ganas, se hubiera metido a ver mi juicio como si fuera un carnaval o un partido de fútbol.

Mi mula corcovó y mi perra aulló de forma inusual, igual que el lobo de las estepas rusas o del norte de Canadá, y por fin, entraron los trece hombres del tribunal.

Uno por uno, como sus relojitos suizos, se fueron sentando los venerables y cansados ancianos. El más sabio de todos, aquel ojizarco que siempre había dirigido la palabra hacia mí, se levantó lentamente y con toda su parsimonia, cogió el mazo y dio tres golpes enérgicos.

En la sala se escuchaba el sonido de todos los incontables instrumentos que se afinaban. Daba la impresión de que estábamos en los inicios ahora de un gran concierto.

Hubo silencio total en la sala. Afuera caía la lluvia.

El hombre ojizarco, con su angustia y fatiga acumulada de ver lo mismo y hacer lo mismo por años y años, de analizar impotente y condenar el crimen que siempre ha estado y estará en el hombre. Condena y absolución, y condena, condena, condena.

Empezó a mirar a todos los presentes en la sala, miraba las personas extranjeras, miraba los burócratas agachados y zalameros de la ONU, UNESCO y OTAN; a los embajadores, los secretarios, los obispos, los curas con sus afeminados sacristanes. Miró a los pueblos conformistas sin tolerancia ni respeto y, luego, dirigió sus ojos a la parte superior de las ventanas góticas de la sala, ventanas aún buscando a un Dios sin encontrarlo.

El ojizarco postró su mirada en ese sitio unos segundos y en ese instante, con la lluvia cayendo en el exterior de la sala, y con la poca y tenue luz que entraba por las ventanas, se formó un arco Iris de siete colores divinos. Indescriptible belleza de colores que caía en medio de la sala.

De forma simultánea, cuando entraba el arco iris, los indígenas wayuu de la Guajira, los Chibchas del centro de Colombia, los de Centroamérica, los del Orinoco venezolano, los del Amazonas y los brasileros, los Incas y aguarunas del Perú, los Cochabamba de Bolivia, los Otavalo del Ecuador; los indios kuna de Panamá, los Aztecas y los Mayas de Guatemala y todo México, los de la cordillera andina de Chile, los mocovíes, aymaras, Tobas de Santa Fe, los wichies, coyas, jujuyes de la Argentina, los de la Patagonia y las pampas, uruguayas; los mohicanos y los de Canadá, que con su presencia me daban total respaldo; se pusieron juntos todos de pie al contemplar este bello fenómeno de la naturaleza.

Acto seguido, sin dudarlo un segundo, todos los demás hombres y los presentes en la sala, imitaron humildemente el ejemplo de estos sencillos seres, para poder observar maravillados esos colores, venidos con la lluvia, y que caía dentro de la sala.

Absolutamente todos, todos asombrados, nos pusimos de pie: los gobernantes, los militares, los indígenas, los artistas y los científicos; los banqueros, los burócratas, los pueblos, los políticos corruptos y ladrones, los intelectuales y los obreros. También los imprescindibles locos locos y que observan y escriben sobre todos y sus movimientos en este mundo.

Yo, temblando del miedo, ya muerto del susto por lo que diría el ojizarco por sentencia: un mínimo de doce meses. Llorando por dentro, apenas miraba alrededor, y pedía clemencia a esos hombres en el estrado.

En forma lenta el ojizarco bajó su dura y escéptica mirada, puso sus manos sobre el mueble, apoyó su cuerpo sobre ellas y miró a todos los que escuchábamos en la sala.

Yo respiraba profundo y trataba de controlar mentalmente el ritmo de mi corazón para estar tranquilo. Fue entonces cuando cogió el mazo con su mano derecha, golpeó enérgicamente una vez, esperó a que se apagara el eco y sentenció...


-Inocente. ¡Inocente! ¡INOCENTE!


Se escuchó su potente pero cansada voz en el eco de la sala.


Y, no había terminado de decir estas libertarias palabras cuando al unísono todos los tambores, guitarras, trompetas, violines, bandoneones, arpas, violines y los incontables instrumentos que estaban en la sala empezaron a sonar.

¡Se armó la gran fiesta!

Yo corrí hacia el estrado, había soltado ya el lazo de mi mula, y como un mico aullador pegué un brinco para recibir el abrazo del ojizarco ¡Feliz!

En décimas de segundo miré y escuché los tambores africanos y brasileños, los mariachis con La Negra, las cítaras de la India, las quenas peruanas y los charangos; los acordeones, guacharacas, tiples, guitarras y bandoneones de la Argentina; las arpas, los cuatro, las flautas y las maracas de mi tierra latinoamericana.

Cuando miré hacia las graderías, centenares de personas corrían hacia el estrado y sólo recuerdo que mi cuerpo se convirtió en una pluma que armoniosamente pasaba de mano en mano entre todos los cuerpos presentes, que participaban felices en la alegría y fiesta imparable que se iniciaba en esos momentos.

Pude ver claramente cómo esa música y el sonido de los aplausos de todos los pueblos presentes del Mundo se colaban a través de las cámaras de los gringos y cabalgaban sobre las olas del mar, igual que tantas veces en las mañanas vi los escorpiones cabalgar entre las piedras en Guanajuato o sobre las telarañas en Santa Marta.

Vi cómo se sucedían las melodías y las imágenes, cómo se desplazaban a través de los ríos y valles, remontando las montañas, hasta convertirse en una semilla de esperanza, fuerza y cambio que los días por venir verían crecer.

Todavía en el aire y transportado por toda esa gente, en un acto espontáneo de alegría y emoción, y maravillado igual que los niños que escuchaban en el tren la historia de los chigüiros, no podía creer todo esto.

No, no podía creer que había sido capaz de hablar a un público por primera vez... bien o mal, pero ¡había hablado! No podía creer que, como latinoamericano, había tenido el valor para hablarles a los gobiernos, a las instituciones y a los hombres del mundo... y no había sido interrumpido.

Estaba feliz, rodaban las lágrimas sobre mis mejillas cuando sentí otra vez el brazo del carcelero, quien me recordó, que no podía irme sin firmar los papeles de libertad en el edificio de la policía, en la oficina de la prisión.

Como puede logré tocar tierra; otra vez respiré profundo y puse mis pies en la realidad. Recibía aún los saludos amorosos de la gente, cuando encontré a lo lejos a los hombres del Max Plank y las prostitutas también, todos ellos extasiados mirando el arco iris y escuchando la música. En el estrado mire a los hombres de la justicia que se despedían en medio de efusivos abrazos; salían uno por uno, felices todos ellos bajo un apoteósico aplauso que les brindaban todos los pueblos del mundo.

Feliz y tranquilo me senté otra vez con el abogado y el intérprete, con la mula arisca y fiel y mi perra fiel a un lado para escuchar y disfrutar la música, mirar el arco iris, poner cuidado y escuchar las palabras que algunos ancianos venían a decirme. Pensé en mis buenos amigos y acepté, finalmente, que quizás por nuestros problemas de comunicación en Latinoamérica, en mi caso, lo que había hecho toda mi vida era escuchar con paciencia ilimitada a la gente: sus problemas, sus risas, sus angustias, sus rabias, sus manías, sus miedos, sus cuentos, sus sueños, sus ciencias, sus mitos, sus cosas mágicas, las historias de amor no correspondido y de traiciones amorosas con desgracias perpetuas y búsquedas llenas de angustia en las sombras, y los recuerdos, como fantasmas en las noches, castigándonos por no haber tenido el valor de ser nosotros mismos... de ser el amor, cuando él nos llamaba, el mismo amor, que con tanta dedicación construimos, aquél que cruzó mares, continentes, montañas, llanuras ardientes, valles, ríos y que tan bellamente marcó el corazón de las gentes.

Sí, eso era lo que había hecho toda mi vida: escuchar a los ancianos, a los niños, a los hombres, a las mujeres de todo tipo y profesión, desde la aristocracia -no la del dinero sino la del conocimiento, experiencia y sabiduría- hasta los más humildes y desamparados seres de las invasiones de los barrios piratas ¡En los pueblos marginados del mundo y en América Latina!

Continua....

Carlos Echeverry Ramirez-(Colombia)

fitofeliz@hotmail.com

www.carlosecheverryramirez.org

Miembro de la Union de Escritores de Canada


viernes, mayo 29, 2009

Bajas Pasiones Fragmento(9) Carlos Echeverry Ramírez






Bajas Pasiones--- Fragmento(9)--Cuento del libro: Compartiendo Alboradas

Reservados todos los Derechos de Autor ante CIPO y WIPO

Carlos Echeverry Ramírez-(Colombia-Canada)
---------------------------------------------------
Bajas Pasiones. Fragmento (9)

El orificio de la cerradura volvió una vez más a permitir tranquilamente a la Tata observar con anonimato lo único que le era aceptado en la vida real, ser dueña del mundo exterior por unos segundos o minutos y sólo a través de una cerradura.

La Tata al oír ruidos nuevamente en el pasillo se puso muy atenta y con oído de perra en guardia escuchó cuando el chino Yin le decía a la negra Irina, en el largo pasillo que comunica a las muchísimas habitaciones:

-¡Hoy le cortaré la cabeza al Caliche!

Tata miró aterrada al chino Yin cuando le mostraba a la negra el inmenso cuchillo mataganado y de doble filo que había comprado para ese fin.

Son las siete de la noche y el Tito está en las conocidas Ramblas de Barcelona. Tratando heroicamente de vender su novelita, algunos relatos y otros sencillos poemas.

La Tata observando la hora contuvo la respiración y escuchó en reprimido silencio y lista para explotar cuando la negra Irina contestó:
-Ese hombre del Caliche hace días anda detrás de las nalgas de tu mujer, no dejes que jueguen con tu honor.

Ella sintió en su cuerpo el frío asesino del arma acerada y vio cuando el chino Yin lentamente guardaba el cuchillo mataganado en el bolsillo de su gabán, después de ese instante quiso cerrar para siempre sus ya cansados ojos y en un silencio final se sintió morir.

Y… en sorpresa, unos segundos después, llena de descomunal ira, fuerza y energía, los abrió al máximo que pudo y como un felino hambriento y en ataque se lanzó a la improvisada cuna donde se encontraba la única razón para existir en este mundo: Su pequeño hijo. Criatura que apenas comenzaba a caminar.

Lo abrazó a su cuerpo protegiéndolo con todas sus fuerzas y lloró, lloró, y lloró.

Lloró sola y desconsolada eternos instantes, igual que las incontables y dignas mujeres del mundo en muchísimas ocasiones y siempre en silencio e impotentes a la violencia maldita del hombre moderno, y del hombre a través de su historia.

Angustiada y con un desespero inmensurable, y sin saber cómo parar ese nuevo llanto desconocido, sintió más miedo y temor por su amado y ausente Tito.

Loco genial -como le decían en la tierra del Doroteo Arango-. Y respirando profundo se dijo:
-¡Ese ya sobrevivió las mil batallas de amor y ciento tres desbaratadas camas flojas en París!
-Y si logró sobrevivir, años más tarde, en la selva asesina de cemento en New York, no creo que aquí en Barcelona, le pueda pasar algo.

Extrañamente en esos desesperados y angustiosos instantes sintió una punzada en su corazón al recordar la forma cuando su tía Eva, en Guadalajara, se había desnucado golpeándose el cráneo al caer en la tina. Después de haber pisado el húmedo jabón.

Con más fuerza que nunca siguió llorando y abrazando desconsolada a su hijo y en la misma y permanente angustia existencial de todos los pasados días en su vida.

Para aceptar al final de esos largos segundos y de una vez para siempre… Y por el resto de sus larguísimos años que le faltan por vivir que:
Nada es seguro en este mundo. Todo es incierto. Nada es eterno. Que somos frágiles “como la llama al viento”.

Igual que su querida y extrañada abuelita, sin saber por qué; y por la desbordante emoción que sintió con su hijo cuando escuchó, por fin, los esperados y conocidos silbidos del Tito cuando llegaba. Emoción y alegría que la satisfacía y llenaba plenamente, que la hacía feliz en lo más profundo de su ser.

El Tito llegaba silbando, muy contento, para compartir una noche más y como siempre …lleno de entusiasmo, energía y de pura vida.

A dormir y continuar con ella… y como todas las santas noches, aquellas bellas melodías del llamado Amor Miserable.

En el mismo destartalado, viejo, ruidoso, frío, oxidado, ordinario, metálico, horrible. Y… por último:
¡Infeliz y vergonzoso catre!


Carlos Echeverry Ramírez
Barcelona, España.
Diciembre 28 de 1998.

Reservados Todos los Derechos de Autor ante CIPO y WIPO

www.carlosecheverryramirez.org

fitofeliz@hotmail.com

sábado, mayo 23, 2009

Francisco Santos y las Crónicas de Barcelona



Queridos amigos y lectores de Nuevo con ustedes después de unos días fuera de casa y en encuentro reunión de alegrías y risas con mi familia en ciudades como Miami y New York asistiendo a la graduación con máximos honores, de mis dos sobrinos: la Isabella y el alejandro.
juntos los dos con: Magister en Political Sc. y Relaciones internacionales en Columbia University.

Luego al llegar a casa y mirar de nuevo las noticias de diferentes regiones y lugares, encontré agradables sorpresas. De Francia, argentina, Venezuela, México, San Salvador y Noruega. Y una muy especial de Colombia.

Pareciese que al Vicepresidente de Colombia el Señor Francisco Santos le gustó mucho leer las Crónicas de Barcelona.

Según dicen y me cuentan ----- unos amigos y conocidos Entre risas y Rios de alegría, qué días después de que subí la parte (l) de crónicas en este Blog -----el Vicepresidente Santos decidió expedir decretos que van a favorecer integralmente las comunidades negras de Colombia en unos pocos dias …

Amanecerá y veremos dijo el ciego…

Esperemos a ver su palabra y Honor de compromiso con el Pueblo de Colombia Señor Vicepresidente.

Falta ver si el Vicepresidente Francisco Santos lo hizo porque es algo de moda y “políticamente correcto” al estar Barak Obama en la presidencia de los Estados Unidos de Norte América. O porque en toma de conciencia muy esperada y quitándose las mascaras, el Vicepresidente Santos reconoce las vergonzosas condiciones en la vida cotidiana de lo que es el difícil y casi imposible vivir para la gran mayoría de las personas de esta raza en Colombia.

Que son Vergüenza ante la Humanidad y el Mundo entero.

Encontramos algo muy difícil de aceptar también leyendo otras noticias.

Las estadísticas alarmantes y que asustan a cualquier Ser Humano consciente de si mismo y de su compromiso con los otros que lo rodean en esta tierra.

El hecho Que en las prisiones de los USA el 70% de la populación carcelaria es de Raza Negra.

Cuando estas personas y raza en ese país, representan solo el 22% de la populación total en los Estados Unidos de Norte América.

Algo bastante alarmante, inaceptable, desproporcionado y muy preocupante para Todos los ciudadanos. Y mucho mas como es el hecho, de que la gran mayoría de las personas en prisión son hombres menores de 26 años.

Es decir se está perdiendo un valioso capital humano en prisiones que de haber tenido mas oportunidad y acceso a los servicios que debe brindar o que brinda el Estado,---- quizás y casi seguro estoy--- No se encontrarían en esas condiciones desperdiciando los mejores años de su vida tras las rejas.

Y al mismo tiempo un costo exorbitante de impuestos pagos por todos los otros al costar cada individuo en prisión la suma aproximada de 80.000 dólares por año y con muy pocas opciones de rehacer una vida o construir un futuro digno para ellos y sus familias afectadas también por esta situación.

Creo y seguro estoy junto con muchos conocidos de Colombia y Latinoamérica, que sería muy interesante para los jóvenes pensantes y para todos aquellos de Colombia y los otros países que luchamos por un mundo mas justo y solidario hacer un estudio demográfico de las personas que se encuentran en las prisiones de cada respectivo país y cárceles de Colombia.

Luego de los estudios pertinentes diseñar y gestionar la financiación pronta con Proyectos de Vida y de Desarrollo Comunitario enfocado a los jóvenes del departamento del Choco, Cauca y Nariño.

Regiones donde se encuentra localizada en gran mayoría de la populación negra en Colombia. Mis mayores deseos de toda factibilidad en los proyectos y nuevas leyes que el Vicepresidente Santos haga para y porel beneficio de estas personas olvidadas y excluidas de casi todo el acceso a la infraestructura que merecen por parte del Estado de la Republica de Colombia.

Carlos Echeverry Ramírez
Colombia
Es Miembro actrivo de la Union de Escritores de Canada.
fitofeliz@hotmail.com
www.carlosecheverryramirez.org


Gracias a todos aquellos que recordaron mi cumpleaños y se hicieron presentes con postales y correos electrónicos.Paula...

En lo relacionado a la Nueva página web espero en el termino aproximado de dos semanas este ya lista.

Agradezco las personas que han comprado los libros a través del sistema de Paypal es fácil solo un correo y les doy el numero de cuenta. Al ingreso de los 8 dolares por cada libro les envió por correo los libros en formato PDF y se imprimen en casa u oficina muy fácil todo.

Gracias a todos mis amigos y lectores. Un abrazo fuerte lleno de solidaridad y alegría.

NO olviden por favor la Meditación Vipassana para mis amigos de Santa fe, Buenos Aires, Mendoza, Tucumán, Gualeguay, Rosario, Vera Mar de plata, Miramar, Santa rosa, Neuquén y Azul… Caracas, Margarita, Mexico, Paris, Oslo, la Marit Haugen , la Tamara Busolli , la Eva…y la última…jajajajajajj …..la ejemplar la de la Concha de Oro mi mas reciente libro.

Si pensamos un poco…

Seríamos más felices y no se usaría, ni usarías Nunca la Violencia como argumento y menos a quien ha sido bueno con Vos, nosotros y los Otros.

Carlos Echeverry Ramirez.
Colombia.
Toronto mayo24-2009

fitofeliz@hotmail.com
www.carlosecheverryramirez.org

domingo, mayo 03, 2009

Alegría--Dulantzi-Pais Vasco





Para Catico y a ella en la orilla del gran rio.


Hoy domingo tres de mayo al amanecer, éntre bello trinar de pájaros y los sonidos de la primavera que yá llegó aqui, recordé una llamada de larga distancia hace pocos días.

De esas llamadas y señales del Sur. Del más allá, pero del mas allá y que me ocurrió Entre... las muchas que me pasan con esta querida y extrañada Amiga.

Era una de esas llmadas del infinito. Y en las cuales el solo escuchar esa Voz y traer a la Mente y Corazón esa persona lo llena a uno de maxíma Alegría, entusíasmo, felicidad y dicha.

Les cuento que esa llamada era ----nada más y nada menos----que de: la Clelia por allá al final y, a la orilla del gran rio y de la Vida...

Cuando escuché su voz La sentí muy tranquila. Muy alegre y llena de entusíasmo y fuerza.

Cómo Siempre fue en sus tiempos en que iba adelante cada día exponiendo su Vida por los otros en las manifestaciones estudiantiles de Rosario y en diferentes ciudades de la argentina y denunciando y luchando contra las injusticias Sociales> Luchando como una Leona herida por: la Equidad y la ética en el interactuar de las personas dentro de todas regiones del mundo

.
Luchando contra el fascismo tan Premiado hoy en dia al sur de la España por ellos mismos y en el mismo Circo a traves de su criminal y perversa historia éntre los diferentes Pueblos del Mundo..

En la conversación "la Clelia" y Mujer Divina me preguntaba ...Dime Cato..Ya hoy en día con todo lo que sucedió, pasa y pasará en este Mundo

?Cual creés vos Che...decime por favor Cual sería el lugar, ciudad y pueblo o región, ideal o indicado para vivir: en Paz y armonía y alcanzar la felicidad que todos los Seres Humanos merecen llegar a vivir.?.

Me llené de risa porque con ella siempre nuestras conversaciones son por esa onda y estilo.

Hablamos de hechos o utopías las cuales muchos rien y desprecían ----de acuerdo a su ignorancía y Soberbia ----en los otros que no piensan como ellos----- por el sencillo hecho de: NO poseér capacidad de Autoanalísis y autocrítica...Razón por la cual estamos como estamos en este mundo viviendo lo que vivimos y tenemos los Asesinos y Psicópatas perversos de Gobernantes que No merecemos.

Educación..... Educación es el clamor deseperado de los Pueblos del Mundo.

Le respondí a su pregunta ... Clelia dejame pienso tu pregunta y te lo diré en unos días.

Y asi pensando qué le respondería a la Clelia, me puse a pensar que la única región o ciudad o pueblo para vivir en Paz y Armonía tendría que ser uno que se llamara: ALEGRíA.. y como cosa extraña en ese instante 3am me dio por buscar en Google.

Y aterrado encontré ese lugar ideal.

Y está situado en la tierra de mia ancestros y apellidos "El Pais Vasco".

Más sorpresa y emoción me dio al conocer que tiene aproximadamente 1.900 personas viviendo en esa región.

Que su criminalidad es minima, Que es una Comunidad y PROYECTO DE VIDA donde la gran gran mayoría de las personas viven felices, que no existen la discriminación ni el rascismo. Que los ancianos y los niños son respetados al maximo son los Dioses de la Comunidad, que son respetados, escuchados y queridos por todos los otros y tienen todo lo minimo asegurado para su subsitencia. Sin tener que recurrir a nadie ni esperar nada de nadie. Para eso pagan y pagarón sus impuestos y cumplierón las obligaciones para con su comunidad y aquellos que los rodean.

Entre más iba leyendo sobre esta pequeña region, encontré algo muy simbolico y trascendental esun un mensaje de Paz y fraternidad para todos los Pueblos del Mundo.

Uno de sus centros de educacón y quizas el mas importante en este pequeño Pueblo llamado Alegría es qué la sabiduría y la cosmovisión de sus habitantes es tan fantastica y Total Universal que su Centro de Cultura y Educación lleva el nombre de un hombre Brasilero ya olvidado por muchos en latinamérica y el Mundo. Ese extraordinario Humanista y Educador: Paulo Freire.

Continué leyendo e investigando y --me comentarón--- que el respetado Alcalde: Félix Bengoa Ibañez de Garayo
Decretó un dia: En esta comunidad, jardin, ciudad y región y ejemplo ante todo el Mundo y llamada Alegría... Nadie puede estar triste.

NO pueden sus ciudadanos ilustres vivir en tristeza ni cometer actos que indignifíquen y destruyan la Palabra Sagrada y el Nombre de su diario vivir y actitud de todos sus habitantes ante nuestro proyecto de Vida con el Mundo y todos los otros Seres Humanos de este Universo.. ALEGRIA
por Siempre.

En esa pequeña ciudad en la cual su centro de educación principal lleva el nombre de ese gran Humanista Brasilero de Paulo Freire...Algo fantastico y maravilloso y con aprobación y maxima felicidad en sus habitantes será cuando se piense y se convierta en un hecho: Un subsidio para Escritores y Poetas de Colombia y suramerica para que fueran "Escritores en Residencia" del centro que lleva el nombre de uno de los maxímos educadores del mundo y lider en la lucha por un Mundo mas Justo y Solidario para Todas y todos y un Mundo donde se pueda y todos podamos pensar que podremos vivir en ciudades y regiones que podamos en comun llamar y dar el nombre de esa palabra magíca y Divina que es aquella de: ALEGRIA

En toronto mayo 3 del año 2009

Carlos Echeverry Ramirez(colombia)

fitofeliz@hotmail.com

www.carlosecheverryramirez.org

viernes, abril 24, 2009

7830 visitantes en cinco días...Carlos Echeverry Ramirez

Ahora en casa, estaba con unos amigos y sus esposas cenando rico y riendo mucho con ellos de las agradables e increíbles Sorpresas que nos trae la vida.


http://knol.google.com/k/cato-echeverry-ramirz/cato-echeverry-ramirz/x7h8rcij6dgs/0#

Ahora las quiero compartir con los amigos y los "enemigos" también ..Por qué no?

Bueno la so presa para mis grandes y queridos amigos lectores, es qué uno de los cuentos del libro Compartiendo Alboradas ha tenido 7830 visitantes en cinco días y parece que aumentan a cada hora..lo mismos a los otros sitios y en mi propia pagina web.

Quiero dar las gracias a todos los lectores y, a esas personas especiales que siempre han creído en mi y me acompañan en la distancia con sus correos y mensajes y fotos.

Un saludo muy muy especial a la "Catalina" personaje en mis escritos de "la concha de oro", al CZ y su esposa para ellos van estos 7.800 visitantes...Si para ellos por aquellos días del mes de abril del 2008.

Y para esa extraordinaria persona y bellisima Mujer la Vana con toda la alegría del Mundo y a el Alfredo en el Chaco.

Para mis amigos en Paraná, santafé, Tucuman, mendoza, mar de plata, Buenos Aires, lima, México, barcelona y Paris, a la Marit Haugen la bella Noruega por aquellos felices días y maravillosos en barcelona...

Les deseo a todos un fin de semana feliz y espero que las sorpresas que la vida les trae y traerá sea iguales de agradables y alegres. Como son para mi en los días que terminan este mes de abril.

Metta metta metta...Meditación Vipasana- en Argentina

Carlos echeverry Ramirez -Colombia-Canada

fitofeliz@hotmail.com

www.carlosecheverryramirez.org

miércoles, abril 22, 2009

Crónicas de ...Carlos Echeverry Ramirez





Recordados amigos y estimados lectores hoy y despues de varios meses y de diferentes personas diciendome que suba y de a conocer la parte uno y completa de Crónicas De Barcelona lleno de alegría lo hago y quiero dedicarla a todos aquellos que siempre me acompañan en la distancia y me han ayudado de cualquier manera.
Estas palabras van para la Vana Divina con ese gran hombre el Alfredo, Orlando Capurro de Paraná, señora esposa e hijo, Esa Mujer maravillosa de Mirta Arredondo y familia. Y para todos aquellos que recuerdan las risas compartidas y los momentos lindos por compartir. Para la orquidea de Paraná...




Crónicas de Barcelona (2004)

©Carlos Echeverry Ramírez
Reservados Todos los Derechos de Autor ante WIPO y CIPO.



Crónicas de Barcelona (l) Fragmento

Cuando Gorka Echavarría ese día del mes de noviembre bajaba lentamente los veinte escalones contándolos uno a uno para llegar al sótano de la Clínica Santa María no sabía a dónde iba ni qué lo estaba esperando al final.
Nunca había vivido algo parecido en su intensa vida y mucho menos en los tantos lugares de diferentes países del mundo donde había logrado sobrevivir.

Cuando descendía los escalones del sótano del edificio se sintió más solo que nunca en este mundo.Podía escuchar muy bien su respiración y los latidos de su corazón a punto de estallar.
Las indicaciones del hombre pequeñito, que parecía un duende o un hombre de otro mundo, que lo recibió con amplia risa cuando llegó y sus palabras que aún hoy en día caminando por la Plaza Cataluña en Barcelona escucha como un eco: señor... camine al fondo, luego gire a la izquierda y al final del corredor, a la derecha, baje las escaleras que se encuentran allí y luego encontrará una puerta que permanece abierta de día y de noche.
Y Gorka preguntó ingenuamente: ¿por qué la puerta siempre está abierta?
Y el hombre le respondió con tímida sonrisa, sin inmutarse y sin cambio alguno en la expresión de su rostro, y como acostumbrado a esas palabras le dijo: allí está la muerte y siempre nos está esperando.
Gorka callado lo miró incrédulo al escuchar esas palabras, y respondió impávido y aterrado con palabras entrecortadas: gracias señor, gracias.
Se quedó unos segundos pensativo yéndose con la mente al lugar donde vino a este mundo hace 43 años, en un pueblo caluroso en el Valle del Cauca, con un médico que llegó a la casa de su padre a la una de la tarde y se bajó con toda la parsimonia del automóvil Opel, de color verde oliva, un hombre llamado, por cosas del extraño destino, Baltasar de los Ríos, quien golpeó tres veces en la puerta sin prisa alguna.
Este médico calvo usaba anteojos redondos, camisa blanca de manga larga, pantalón kaki, maletín y corbatín negros; entró saludando parco por tartamudes de un susto en la infancia y sacó los instrumentos necesarios, los organizó sobre la improvisada mesa y ayudó a la joven mujer a dar el último empujón final para que Gorka empezara su vida y la misión encomendada en este mundo y llegara con un llanto que aún hoy en día no termina después de 43 años.

Caminaba los largos y silenciosos espacios de la Clínica para llegar a las escaleras que lo llevarían al sótano del edificio donde la puerta siempre estaba abierta y lo esperaba la muerte.
Descendiendo lentamente las escaleras pensaba cómo reaccionaría frente a lo desconocido. Así, poco a poco, contando los escalones en medio de la semioscuridad y del frío que lo invadía llegó al final de la escalera y allí estaba el cadáver de su único amigo y de su gran héroe después de todo lo vivido y conocido en este mundo.
Frente a él estaba su padre, solo en grimas, sin nadie más en este mundo dentro de una bolsa plástica de color azul.
Cuando lo vio le impactó lo pequeño que estaba su cuerpo.
Parecía el cadáver de un niño.
Dudó por un momento que fuera el cuerpo de ese gran hombre que había sido su padre... observó detenidamente todo a su alrededor y vio el cierre metálico de la tula plástica que iba de la cabeza a los pies y sin pensarlo dos veces lo abrió lentamente.
Le miró la expresión de la cara, la posición de las manos sobre el pecho, lo tocó y todavía estaba tibio. Le organizó el cabello con ternura, y sonrió al recordar el último corte punk que le había hecho dos semanas antes y que ahora lo acompañaría en su viaje a la eternidad.
El cabello blanco estaba aún brillante y Gorka miraba en la expresión de su padre una paz serena y profunda igual que el silencio eterno de las majestuosas montañas y los fértiles valles que con él recorrió cuando era niño.
Escuchaba, mientras lo observaba, sin afán alguno los sonidos de las lluvias y los truenos, el ruido de las cañadas y las aguas al caer entre rocas bajando de las montañas, sentía el canto de los pájaros que él le enseñó a distinguir e imitar en las auroras, sintió el olor a tierra mojada; se volvió a quemar en ese instante los pies con el calor de la arena del océano Pacífico cuando él lo llevó a conocer el mar, el canto del nuevo amanecer y de todos los pájaros de sus selvas estaban allí a su lado y ninguna lágrima salió de sus ojos mientras lo abrazaba por última vez.
Se acercó a él y lo abrazó de nuevo como tantas veces y... le dijo casi en secreto como aquellos sonidos al amanecer traídos con la nueva brisa:
Papá, no te preocupes, tus últimas palabras están guardadas en mi memoria, tu ejemplo de hombre intachable será mi mejor compañero, y recordaré en cada segundo de mi vida lo que hace sólo unas horas me decías:
Hijo, de mí dirán todo lo que quieran, podrán hablar lo que quieran, pero nunca podrán decir que fui un hombre corrupto. Que vendí mi conciencia por esos malditos dólares.
Nunca podrán decir que fui un contrabandista de armas, de repuestos, de licor, cigarrillos, que fui un prestamista o agiotista, que fui un avaro, un tahúr y mucho menos podrán decir que fui testaferro de mafiosos o políticos ladrones y corruptos que tanta desgracia todos ellos le han traído a nuestros pueblos.
Hijo mío, cuanto antes vete de este país de ... te lo ruego ahora que mi muerte está muy próxima, no olvides nunca y escríbelo algún día que esto aquí, en este país, toda la vida lo han manejado las putas, los ladrones, los asesinos, los curas maricas, los camanduleros, los criminales, los militares y los políticos corruptos y ladrones de toda la gran puta vida.
Hijo mío, andate muy lejos, a la Madre patria, no vuelvas a esta tierra ingrata de ladrones y asesinos en sus instituciones donde los ancianos como yo que trabajamos toda una vida honradamente para hacer patria, sin olvidar a los niños y las otras mujeres ancianas se mueren de hambre y en la ignominia de todas las instituciones del gobierno y no tenemos ni siquiera el derecho a una vejez digna y mucho menos a una muerte tranquila.


Hijo, cuando estés muy lejos busca a un anciano muy amigo mío, ese hombre es muy justo y sabio, él te ayudará siempre. Se llama Pierre, es catalán, y está en todas partes. En España es un gran poeta y él te ayudará a editar tu próxima novela. -Sí papá... así lo haré; le dio un beso en su mejilla como siempre se despedía de él y lo dejó descansar mientras traía lo necesario para esa noche, aunque ya se sabia que de esa noche no pasaría.
Unas lágrimas cayeron sobre su rostro y me reí abrazándolo como tantas veces a carcajadas nos reíamos. Esas fueron sus últimas palabras.
Y mientras Gorka caminaba cruzando alegremente la Plaza Cataluña, en la ciudad de Barcelona, recordaba con alegría y orgullo las palabras de su padre y reía feliz, y siguió caminando alegre con dirección a la Pensión Tarrazon cerca de las ramblas y donde llevaba ya viviendo muy cómodo unos meses.
Gorka miraba que la Navidad se aproximaba con su esperada nochebuena. Los vientos eran más fríos y los días pasaban sin encontrar el anciano Pierre que él tanto buscaba.
En las tardes se sentaba a tomar café con unos pocos amigos en las ramblas de Barcelona. Vivía en aquellos días en la calle del Hospital con el número 211 de la Pensión Tarrazon. En esa pensión le asignaron la habitación en el tercer piso.
No supo por qué le dieron la habitación ahí, era la más grande y con baño privado
Nunca preguntó por qué se la destinaron. Y todos los días entraba en ella tranquilo, alegre, le interesaba solamente que pasaran los días y terminar el proyecto en España y editar su novela.
Con el correr de las semanas observó que la gente del barrio, las personas de los cafés vecinos y los de la recepción llamaban al tercer piso "El manicomio feliz". En este piso vivían turistas gringos y europeos, algunos pensionados, también “los locos” funcionales y productivos de la ciudad.
No se sentía incómodo en lo más mínimo al estar compartiendo su vivienda con estas personas. ¡Qué locos ni qué...! esa es la vida. No le importaba nada, hasta se reía más de lo acostumbrado con las locuras de ellos y de las cosas que le contaban.
Él era el más joven entre todos, pues algunos de ellos podrían ser su padre o su abuelo; respetando la jerarquía y condición de cada uno de sus compañeros, vivía muy tranquilo y feliz en dicho piso.
Estos ancianos soportaban los días y los meses completamente solos.
Observaban los días pasar silenciosos sentados en la recepción de la pensión, en la banca de un parque tomando el sol o charlando entre ellos horas y horas repitiendo monólogos interminables en medio de la soledad.
Gorka miraba también con el correr de las semanas que estos ancianos estaban totalmente abandonados en el mundo por parte de las familias y antiguos grupos sociales.
Nadie los miraba, nadie los determinaba, nadie los quería.
Y pensar que cuando eran jóvenes y bellos eran tenidos en cuenta, pero ahora que estaban inútiles, viejos, muecos, enfermos y, lo peor de todo, en la miseria humana sin poder alguno, ya nadie los miraba.

Cuando la muerte les iba llegando unos la aceptaban muy tranquilos y otros muy angustiados trataban de quedarse en este mundo, y haciendo un esfuerzo sobrehumano por no irse se recuperaban de sus achaques físicos temporalmente, pero al poco tiempo aceptaban que ya no podían más con su cuerpo extenuado y sin pena se marchaban del todo de esta tierra.
Sólo en unos muy pocos se vio el terror. La muerte era para muchos, o para casi todos, un extraordinario triunfo que lograban.
Días posteriores al entierro de uno de los ancianos o jóvenes adolescentes que iban muriendo en los diferentes conflictos nos embriagábamos a veces por semanas casi enteras, por la desesperación de la realidad cotidiana.
¿Por qué no?
-sé decían los jóvenes y preguntaban los ancianos-
¿A quién le importa nuestra vida?...
A nadie.

Gorka se preguntaba el porqué estos ancianos sentían más miedo a la vida, miedo de estar viviendo en este mundo, más temor que a lo desconocido o a la muerte misma.

Llenando su curiosidad y tratando de encontrar respuestas se pasaba horas y horas escuchando sus historias y sus vivencias pasadas.
Contaban sus sueños fallidos, sus ilusiones idas, sus cansadas quejas, sus llantos ya secos.
Quedaba en ellos sólo el cansancio de la violencia, la guerra y la miseria.
Otros se conformaban a la dura realidad de saber que no eran eternos y que sus días estaban contados, igual que aquellos a quienes sin compasión alguna otros habían enviado a la muerte con el efímero poder y bombardeos nocturnos acompañados de la tiranía de nuestros sistemas políticos y económicos.

Mientras los días iban pasando los inquilinos del tercer piso, en la Pensión Tarrazon, sabíamos con certeza cuál sería el próximo en morir.
Observaba que lo único que les quedó en esta vida a esos ancianos es el reproche a ellos mismos por haber sido unos cobardes.
Por no haber sido capaces de levantar la voz de protesta, un grito infinito y universal de reprobación ante tanta injusticia; sin embargo seguíamos tantos años observando en cobarde y cómplice silencio el terror que padecían los otros seres humanos, las mujeres, los ancianos y niños de Colombia, Latinoamérica y África.
Y lo más grave para nosotros hoy es sentir que somos o pronto seremos ancianos impotentes para cualquier acto, que dejaremos a nuestros hijos y nietos y a las futuras generaciones un mundo invadido por la maldita violencia y la barbarie en donde lo único que se respira es el horror.
Un mundo que no es mundo.
Un mundo donde la muerte es lo único grato que ya nos merecemos.
Porque lo que no se murió en la guerra se pudrió en ella para siempre.
Y para nuestra peor desgracia, en nuestra familia, en nuestra comunidad y nuestro querido país.

Días después en la Pensión y en esas gratas noches cuando estaba con los ancianos escuchando sus historias nos reíamos de nosotros mismos, de nuestras debilidades, achaques y limitaciones físicas.
Mientras con las miradas y con palabras soltadas entre los quejidos y dolores insoportables por los diferentes achaques y daños en cada uno de nuestros cansados cuerpos tratábamos de comunicarnos y era penoso aceptar que lo decíamos en medio de los gritos porque casi todos estábamos sordos.
A uno de los ancianos le pregunté una noche: Paco, ¿es verdad que tú eres sordo? Y con mirada maliciosa, pasándole despacio una copa de licor en medio de la reunión, dijo: Anda cojones Gorka, ¡Brindemos por tu salud! No preguntes jilipolladas a estas horas de la noche.
Y haciendo el gesto de silencio con el dedo en los labios susurrando dijo: ¿Cómo haces ese preguntón a estas horas de la noche cuando ya llevamos tres botellas de whisky y nos hemos fumado dos porros? Soltando la risa el anciano contó entusiasmado lo siguiente:
"Sí, mi querido Gorka, decidí volverme sordo después de meditarlo por muchísimo tiempo. Ya tenía una úlcera en el estomago y me habían dado dos infartos. Decidí no escuchar más el mundo exterior.
No quería ni quiero escuchar más mentiras a toda hora y en todas partes: la radio, la prensa, la TV, en los cafés y, lo peor de todo, las mentiras de siempre de los políticos corruptos y de los gobiernos mediocres". -Salud Gorka . -Salud todos los presentes esta noche. Y todos brindamos con paco y seguimos escuchando su historia.
Majo, escúchame bien... un día cansado de todo, desesperado, y no encontrando personas con quién compartir estas locuras que te cuento sobre la maldita miseria y la irracional violencia en esta tierra triste al igual que en mi vida familiar, viviendo con una mujer como la Antonia, a quien sólo le interesan las pesetas y la Monarquía, como a mí, igualmente de bruto, este que te habla, sólo le interesa ahora después de viejo la lotería y el fútbol. Decidí dar un cambio radical a mi vida.
Una tarde que me caí en la calle fui llevado inconsciente al Hospital Clínico de urgencias en Barcelona.
Le hice creer a los médicos cuando desperté, pero más que todo a la gorda Antonia que estaba a mi lado, llorando desconsolada, que había perdido el oído y que no escuchaba nada. ¡Nada!
La Antonia se acostumbró a perder su interlocutor cotidiano y le tocó seguir echando cantaleta sola todo el día en la casa: Paco, ese sordo jilipollas de mi marido que se las pisa y se las pisó toda la vida está sordo.
Ya ella no me habla ni discute cuando me viene a pedir las pesetas, así vivo más tranquilo y feliz. Hace años que nos separamos y vivo muy tranquilo, ahora sólo la recuerdo por las fotos en blanco y negro, de color casi amarillo, de la época cuando la conocí y éramos unos adolescentes y creíamos en el amor. ¡Salud y salud!

Sí, Gorka, aprovecho este momento para preguntarte algo, lo mismo a ustedes los presentes en la reunión-y el anciano nos miró a todos en la habitación-. ¿Dónde está la Mujer de Hispanoamérica y el Mundo que ha hecho a su alrededor una toma de conciencia en el control de las armas nucleares entre todas las personas cercanas?
¿Dónde está su protesta masiva y total contra la Violencia establecida a nivel institucional por muchos gobiernos del mundo y que los hombres bestias y asesinos sólo manejan a su antojo, para matarse los unos a los otros, arrasando con pueblos inocentes como lo hacen hoy en día en muchísimos lugares del mundo sin razón y sin lógica. Sólo por el oro y el petróleo, que son efímera riqueza?

¿Dónde están esas Mujeres que buscan y buscamos los hombres honorables hoy en día en el mundo? ¿Dónde están esos seres que creen en la vida divina?, esos seres que sienten en su cuerpo los latidos de un nuevo corazón, el tiempo con sus amaneceres, los murmullos dulces, las canciones de cuna, el sonido del río, el mar, la brisa, tu sonrisa, tu hija, la lluvia, mi hijo, la vida, tu vida, el aire que respiras, tu sangre, los guaduales, el arpa, el bambuco, el banoneon, los sonidos, las montañas, las risas, y la de todos los de este mundo.

¿Dónde están las protestas de la mujer contra aquél ser que destruye sistemáticamente y sin piedad lo que ella creó con tanto amor?
¿Dónde está esa mujer Gorka, dime tú?
Todos en la habitación nos quedamos en silencio para seguir escuchando al anciano quien continuó hablando:
La vida hoy en día ya no es vida.
Es un contrasentido de todo aquello que hace y ha hecho la Mujer por tantos siglos y que sin esperanza alguna la mujer dispone como puede y a veces con esfuerzos sobrehumanos para crear y preservar la vida y la alegría en ella y sus congéneres...

¿Por qué ese silencio de la mujer moderna en Hispanoamérica y el mundo contra la violencia ilimitada que existe y ha existido a través de la historia y ejercida sin control alguno por el hombre bruto? Gorka, escúchame bien y todos ustedes aquí esta noche en la reunión.

Es muy triste tener que aceptar, y llegar a la conclusión de que la Mujer contemporánea y post moderna está aceptando y permitiendo como un hecho “normal” la violencia que se vive y difunde en todo el mundo y que es una barbarie y algo inaceptable en el hombre bestia.

No acepten esa violencia.
Nunca la acepten.
Decía el anciano con emoción y levantándose de la silla pidió un trago, bebe un poco y dice: -¡Salud todos!, y continúa hablando: Creo que muchísimos hombres al igual que yo y los de esta reunión estamos de acuerdo.
Es algo realmente estúpido, sin sentido alguno y un Dios mío... ayúdanos a todos los hombres del mundo a encontrar un camino para el cual podamos todos los hombres de la Tierra vivir en armonía el uno con el otro, para que nuestros hijos y sus hijos y todos los niños del mundo puedan vivir mejor, más tranquilos y felices.

Nunca un hombre consciente de que es un ser en evolución se atrevería a manejar un fusil, máquina, tanque o cualquier arma de guerra, de esos que tanto terror y pánico causan en los niños y en los ancianos.

Nunca un hombre debe aceptar manejar un aparato de esos que sólo llevan el odio, la muerte y la miseria humana y el dolor perpetuados en ellos.

Cualquier niño del Mundo y de Colombia que ha sentido en carne propia la Violencia y la Estúpida y Horrorosa Guerra sabe y comprende perfectamente el terror y la amargura permanente que ella produce en ellos desde el primer instante que escuchan impotentes y aterrorizados esos helicópteros con sus sonidos asesinos

. -Y con las últimas palabras de Paco nos quedamos en silencio, meditabundos.

Por el calor del verano la puerta de la habitación de Gorka, en la Pensión, siempre está abierta. Sobre un escritorio prestado tiene una computadora Scanner y dos impresoras. Tiene sus buenos utensilios de trabajo listos en todo momento.
En la mañana, desde muy temprano, hacía trabajos en la computadora relacionados con el diseño gráfico, diseñaba afiches, logotipos y cualquier cosa que le permitiera pagar sus gastos y también se inventaba historias para el centenar de personas que llegaban a España pidiendo el refugio o asilo político.
Lo mejor de todo es que a veces le tocaba inventar historias sin nunca haber estado en Sierra Leona o en Liberia o en Kenia. Y, peor aún, sin estar familiarizado con el medio ambiente o las circunstancias por las cuales la persona pedía el asilo o el refugio.
Sin embargo casi siempre se les dio el asilo a las personas a las cuales les colaboró en la edición de su caso como refugiado.
Así Gorka vivía en Barcelona, durante el día observando y sintiendo la muerte a cada momento, el dolor ajeno y la angustia, el hambre y el llanto cotidianos en los rostros de sus niños, mujeres y ancianos. Y en gente de todos los diferentes países del mundo que llegaban a España. Año 1997-1998

Veía cómo la gente trataba de escapar de la muerte.
Vio asustado y sin poder creer todo el horrible drama de los refugiados y desplazados de la violencia en el mundo.
Eso lo traumatizó y lo ponía a pensar en la maldad que hay en el mundo.
Nuestra indiferencia y egoísmo ante el dolor ajeno es algo que nunca ha podido entender ni aceptar.
Muchas veces Gorka ha pensado, y lo dice a sus pocos amigos: "En este mundo no existe una distribución equitativa de la riqueza, porque el problema del mundo no es de pobreza sino de una distribución más justa y equitativa de los recursos que generan la riqueza".

Por eso al saber cada semana que se nos iba uno de los amigos y de los que asistían a las reuniones y fiestas que hacíamos en la Pensión Tarrazon, me he convencido de lo fugaz que es la vida.

En el fondo de la habitación y entre los ancianos la MaríCarmen grita: "Escuchen todos, me cago en la hóstia y todo el Opus Dei completito, con todas sus sucursales en el cielo y con todas sus colonias llenas de maricones en la tierra.
Me voy por un rato, a traer más velas antes que se acaben y ¿quién necesita algo de la recepción o qué necesitan? A ver...
¿Qué es lo que quieren o necesitan para ser felíces?".

Ya sabíamos quién sería el próximo a morir esa noche.

Me paro en silencio y camino despacio, muy despacio, hasta la ventana.
Quiero sentir la brisa y el olor a mango dulce.
Es quizás esa nostalgia por la brisa del Caribe que me lleva a la ventana para viajar con la mente a aquellos lugares donde fui feliz.
Miro a través de la ventana y todo es silencio.
Siempre encuentro el silencio al final de todo.
Siempre.
¿No sé por qué? pero el silencio está allí a cada instante de mi vida.

La calle está tranquila, hay poca gente, y Gorka observa a través de la distancia jóvenes caminando desviados, extasiados, consumiendo hachís por toneladas. Con sus walkman escuchando ese rap y ese rock de la música de mierda gringa, mientras caminan a las conocidas Ramblas de Barcelona.
La brisa suavemente entra en la habitación, la siento y la disfruto como cuando tenía doce años y salía por la tarde de cine del teatro Bolívar en la ciudad de Cali y me venía caminando con mis amigos por la avenida Sexta.
Ahora sólo escucho a lo lejos que suenan las putas campanas de la iglesia como todos los días, desesperadas buscando clientes arrepentidos y manipulados por el sentimiento de la culpa y por los curas.

Y ¿dónde estarás my darling y mi trucutu?
Muchísimas veces se preguntaban los ancianos cuando veíamos pasar las morenas o las rubias escandinavas y que a veces mirábamos por la ventana o desde nuestro balcón. ¿Dónde estás mi amor?, y observábamos con los cuerpos y las risas desdentadas y las ilusiones ya idas con los años, recordando los atardeceres rojos a la orilla del mar o en las montañas con sus sombras entre los árboles buscando lugares dónde terminar el día.

Gorka apenas escuchaba los ancianos con sus quejas del amor lejano y observaba sus miradas que buscaban en aquellos años idos y muchas veces también igual que ellos decía y repetía lo mismo.
-¿Dónde estás mi amor...?
Cualquier persona que hubiera entrado a la amplía habitación de la Pensión en Barcelona se sorprendería al ver el patético cuadro con estos ancianos, hombres y mujeres de 70 años en promedio de edad, en pequeñas bragas, y con los senos al aire.

Las mujeres en esos calores del insoportable y húmedo verano de Barcelona que iban entrando a la habitación con sus ya descolgados senos en sus cuerpos cansados, los hombres llenos de achaques y con dificultad para caminar.

Seguía mirando fascinado cómo las mujeres ancianas cuando venían a visitarlo en la habitación y en las reuniones que formaba dejaban ver un poco de maquillaje en el rostro y un suave olor a perfume en ellas.
Comentábamos con Gorka y los presentes en la habitación lo bien que les quedaba, y les hacíamos bromas con las cuales ellas se llenaban de risas.
Así poco a poco iban pasando los días del verano mientras Gorka seguía buscando al anciano Pierre y aquél sin poder encontrarlo.

En las noches, después de la búsqueda diaria del anciano por los difrentes lugares de Barcelona, era maravilloso mirar cómo las mujeres entraban en las noches sintiendo que iban a cumplir la cita de Su Vida.
La cita esperada con el amante perfecto y que siempre desearon y el hombre o príncipe azul, y el amor que nunca les llegó y que continúan esperándolo.
También otras y otros entraban en las noches, y ya tarde, con una sábana medio rota o desteñida, percudida o manchada por los años, el vino, la mugre y las lágrimas del llanto dejado en el pasado con sus esposos debajo de esas sábanas y con las mismas en los desamores o las traiciones y que ahora en forma extraordinaria imitaban con ellas grandiosas togas romanas.
Paco y Gorka mirában una noche los diferentes personajes que entraban con sus sombreros, cachuchas, gorras etc. Y no les importaba un carajo a los ancianos el qué dirán de los otros... o la fiera de su mujer o el tonto de su marido.
Ya nada nos importa en la vejez, nos alejamos de todos aquellos prejuicios de clase social. Y que tanto mal junto con los curas, los psiquíatras, y los psicólogos, algunos de ellos mentirosos y charlatanes, le han hecho a la gente del común.
Entonces para no desentonar del grupo de ancianos Gorka usaba un sombrero sinuano, unos pantalones gigantescos y una camiseta que decía: El último viaje y unas abarcas de campesino.
¡Y qué carajo!
Así se pasaba las noches en Barcelona muy felíz caminando de un extremo al otro de la habitación departiendo con mucha calma entre risas y anécdotas, todo lo que necesitaban para pasarla contentos cada noche.
Y así cada noche era lo máximo.
Porque sabíamos que quizás era la última noche para cada uno de los presentes.
A todos los ancianos Gorka les entregaba licores y elementos para su comodidad, sin distinción de raza o de achaque o clase social, a cada uno de acuerdo a su necesidad
. Le alegraba muchísimo ver que los ancianos querían aportar siempre algo. Si no tenían dinero conseguían el extraordinario jamón serrano, traían pan y queso y todo lo compartíamos. Y lo hacíamos felices porque la muerte se nos viene encima y ¡se nos vino!
Sin darnos cuenta.
¡Qué carajo!, aceptábamos que nada nos íbamos a llevar de este mundo.

Soy tan feliz, decía el Sergio, después de haber sido millonario, rico en pesetas y dólares, no en devaluados pesos o bolívares, todo lo que tenía lo había invertido en:
Hospitales y Escuelas Públicas para las clases más necesitadas.
Atacado de la risa y bebiendo vino nos decía a todos, ahora soy muy muy feliz.
Hoy en día me levanto más tranquilo que nunca antes.
Salgo al café de la esquina, me siento a leer la prensa, puedo tomarme un café y un coñac. Puedo charlar con todos mis amigos, hombres y mujeres; pago algo módico por la excelente calidad de alimentación que me dan. Me conocen, me respetan, me tratan bien y además por la noche me vengo a entretener y hacer vida social con mis amigos en esta pensión, que es mi casa. Y es aquí, en este tercer piso de los llamados “locos” , en el lugar donde más me he reído al final de cuentas en toda mi vida.

Gorka, escúchame y todos ustedes que me leén.... Toda la vida fui muy acomplejado y triste porque no aprendí a bailar.
Siempre fui muy torpe para llevar el ritmo de cualquier música o melodía.
En mi juventud sufrí muchísimo, y como adulto ni te lo puedes imaginar cómo me afectó siempre el no saber bailar.
Ya un hombre viejo y en nuestras reuniones con todos nuestros amigos y amigas, pues... aprendí a moverme con alegría, sin miedo alguno a nadie ni a nada.
Y trato de bailar, lleno de risa con la música del colombiano Vives.
Hoy por fin, como esta noche, puedo bailar.
Por lo menos ya no me da pena y siento muchísima alegría. Que es lo que importa en este mundo. Vivir con alegría, el resto es pura fantasía.

Gorka dejó el anciano por unos minutos y siguió repartiendo las tapas, maní, tabaco, vino y aceitunas, el chorizo con pan, pulpo a la gallega, y sardinas a la vizcaína; la tortilla se la regalaba el dueño del café vecino y era de las que no vendía el día anterior, de los otros cafés de la vecindad conseguía también las famosas tapas y tortillas españolas, y a veces las cambiaba por su libro.
Y así siempre ha sido con los ancianos: un anfitrión excelente, como su padre le enseñó a ser cuando era niño. Por lo mismo con él nunca les faltará nada a los ancianos, llevará alegría en cualquier parte donde falte la música. Partiendo desde la música clásica hasta la música cubana y mexicana. Los melancólicos tangos, los bambucos alegres, los emocionantes pasillos y guabinas y también el arpa llanera o la bosanova y zamba brasilera, o la cueca chilena o peruana.

A veces y por compartir con los ancianos les ponía vallenatos cumbias.
Cuando los quería estimular y que recordaba tiempos pasados en su vida y que le entraba la nostalgia por Latinoamérica les hacía una noche especial de pura música llanera.

Gorka miraba por horas fascinado que siempre se paraban de sus sillas o del sofá donde estaban sentados al escuchar las melodías y sin mirar para ningún lado movían lentamente sus cuerpos al ritmo de la música y cerrando los ojos bailaban recordando aquellos momentos e instantes cuando tuvieron a sus “diosas coronadas” en momentos de años mozos en sus vidas.
Tiempos que fueron jóvenes y bellos y quizás también fueron dueños del mundo por un instante. Aunque sólo hubiera sido el pequeñito y minúsculo mundo de ella y él.
Compartiendo juntos esos días llenos de grandes momentos cuando escuchaban "los te quiero", -yo también-, ¿siempre me amarás? –hazme lo que quieras...Sí mi vida siempre- ¡júramelo! -Sí amor te lo juro-, ¿me serás siempre fiel mi vida? -¡Sí amor siempre!, -déjame termino la tesis y te doy un hijo.
Y todas estas palabras ya lejanas para muchos y los dos en este momento. Y así la vida tuya y la nuestra se les fue y se nos fue, se nos fue... de las manos, escuchando palabras y sonidos en monólogos durante tantos años pasados, ¿recuerdas amor?, esas palabras son sólo palabras, y que hoy forman la parte triste de aquello llamado: El olvido.

Algunas veces que él bailaba entre ellos quería en esos momentos eternizar para todos y para ellas, en la habitación de la reunión en Barcelona esos segundos en los cuales nos sentimos dueños del mundo.
Cuando nada nos importaba.
Que ellas recuerden cuando eran unas Diosas Divinas.
Unas de las más bellas entre las bellas.
Y que los aplausos y la admiración los recibían por doquier.
En todas partes.
Y sobre todo en las grandes pasarelas y desfiles de la moda efímera llenas de luces y flash. En los grandes recintos académicos de las universidades de Boston, París y Barcelona. En Londres o Singapur las ovacionaban igual que en Caracas o Berlín y en Bogotá, Río o en Madrid, Rosario y Ámsterdam y Ciudad de México o Guadalajara.
Amor ausente, Amor mio recuerdas cuando escuchabas los aplausos de los poderosos y que al final eran sólo mediocres que te aplaudían sin parar y reías mucho en esas noches y en aquel entonces y eras la más bella.
Que ponías tranquilamente e indiferente el precio al mejor postor y como querías.

Que mirabas segura a todos los hombres, que los dominabas con tu mirada y que de todo creías tener el control.
Convencida estabas que podías Conquistar el Mundo y tenías a tus pies todo, donde y cuando lo querías.
Y que sin esconderlo decías al hombre de turno casi en llanto y al final de la noche en medio del licor y la marihuana y la Heroina y bajo las luces de neón o en las habitaciones en penumbra llenas de espejos: "Sólo te pido que me quieras un poquito".
Era lo que le decías desesperada implorando por el amor ..
.En esos segundos eternos en ese instante cuando susurrabas al oído, al nuestro, al de todos ellos, y más que todo aquel que no has podido olvidar nunca, nunca: el mío.
Tu aliento, tu risa al amanecer como murmullos alegres, y escuchábamos el trinar de pájaros con la aurora, tu sangre, nuestro hijo... aquel que pudo ser y nunca lo fue.
"Te quiero más que nadie en este mundo", le decías al hombre aquél cuando hacías en ese entonces tu tesis de grado.
Recuerdas cuando juntos besábamos el universo en noches alegres de amaneceres suaves y tibios con olor a guayaba.
Allá en la ardiente llanura de la vida.
Tu vida, la nuestra, la vida de todos en este mundo.
Y que ya hoy en día es tan solo dolor y llanto en tu vejez y en la mía.
Cuando también creían ellos dos juntos y solo los dos en medio del canto de las cigarras y los colibríes al mediodía y debajo de los siete gigantescos palos de mango del patio de tu casa, allá en la pampa y el litoral los dos en medio de besos ardientes y lunas llenas en la noche corta, creíamos equivocadamente que el amor era eterno.
Que me serías siempre fiel, antes que él.
Y que al oído le decías con ternura: Seré siempre tuya amor... Le hiciste creer que íbamos a ser jóvenes y bellos y que los amaneceres eran siempre nuestros.
Lo abrazabas y me hacías sentir dueño del mundo.
Lo besabas todo íntegro y le decías: todo lo tuyo es mío amor, y lo mío era todo tuyo.
Así lo hacías sentir y te creí ciegamente como un niño.
Le hiciste soñar en que todo era nuestro.
Que por estar juntos merecíamos todo y nos apropiábamos de todo y del mundo como si fuera nuestro también y sin tener la suficiente madurez y conocimiento, experiencia y sabiduría, para adueñarnos de la brisa con sus atardeceres rojos en la llanura.
Sin pensar más en todo lo anterior de su vida, amor, mi dulce amor, por qué ahora que está bailando lentamente y que el cuerpo ya no le responde por los dolores y su rigidez, y que está desdentado y lleno de arrugas, viejo, calvo y que sólo quiere decirte con alegría en su cara, esa que es tu cara también y fue la nuestra, la de ellos, la de nosotros y con sus risas y besos compartidos y alientos tuyos y míos, y que es la vida de todos los aquí presentes en la habitación mía, en Barcelona y en este mundo.
Tu mundo, el de tu madre y tus hermanos...y tu familia. Quiere decirte que sólo le quedan las ilusiones de aquellos días cuando lo pusiste a soñar como un niño en un mundo mejor.
Un mundo más justo y más solidario para todos los hombres, mujeres ancianos y niños de este mundo.
Le enseñaste a construir un mundo sin hambre y sin miseria y me enseñabas a soñar y amar un futuro para los dos.

Para todos, para todo el mundo entero. Le enseñabas a querer el amor en los amaneceres que eran fríos y sólo teníamos un colchón viejo en el piso y cuando todavía no le habían robado las ilusiones y creía en ti. Y todos los presentes en esa habitación de la pensión en Barcelona creíamos en ti. En ese mal llamado Amor... y en el mundo y en la justicia que nos rodeaba.
Creía en ti.
Cuando era más joven y todavía te esperaba.

Esta noche amor, mi amor de la llanura con amaneceres con olor a fruta dulce y arenas ardientes, cuando quizás nadie te espera... tú, una anciana igual a ellos, y por allá lejos muy lejos de mí y de nosotros aquí pensando y deseando que tu vida y la de ellos no sea dura... Ancianos cuando nadie nos espera ya tampoco ni en ningún lugar y que sólo nos espera la muerte como a todos los ancianos que he conocido y por los otros que cotidianamente comparten conmigo esta habitación y esta fiesta de despedida a ella, hoy en día en esta noche y únicamente esperando la muerte, cada noche es una despedida y un Canto a la Vida y un rechazo total a la ilimitada violencia que existe en este mundo.
Una protesta a este injusto mundo.
Un llanto desesperado de alegría por estar con vida en este día.
Y en medio de una de esas tantas noches y en una como hoy y pensando en ti, amor de la llanura, ¡Amor Miserable!, Maldito amor... mientras reíamos a carcajadas esperando la muerte sin saber nada de ti durante los últimos años y después de tantos años esperándote sin esperanza alguna y como garzas en la laguna y después de haber bebido licor, y fumado marihuana con los ancianos felíces y recordándote como en noches aquellas en la Pampa y llanura , noches de ahora en Barcelona, cuando todos los ancianos y viejos entusíasmados contamos historias atroces como sobrevivientes del "horrible fascismo".
Y estando todos felices, riendonos y escuchando música y charlando en la habitación alumbrados con la luz de unas pocas velas entró de repente, ¡Y qué sorpresota y qué susto tan hijo del gran putas! así como en las películas de Hollywood entró un negro, gigantesco, dando unos grandes zancos y con unos pasos inmensos de abuelo negro palenquero. Era de esos negros que de pueblo en pueblo de la costa Caribe y Pacífica de Colombia, en la época de la esclavitud, se vendían en la hoy "Plaza de los Coches" en Cartagena como si fueran relojes baratos de la china entrados de contrabando.

Sin darnos cuenta se nos metió el negro gigantesco que la noche, las sombras y casi oscuridad total de la habitación lo hacían parecer más grande que Satanás, con unos dientes enormes y una gran espalda y brazos con unos músculos que parecían las alas de un murciélago extraterrestre.
Todo el mundo se petrificó al ver ese monstruo negro dentro del pequeño y feliz espacio nuestro.
Lo único que se le veía en la oscuridad o le podíamos observar con la poca y difusa luz de las velas que medio iluminaban la amplia habitación eran esos blancos y brillantes colmillos y dientes con carcajadas maléficas.

Ese ser negro entró de sorpresa, riéndose con gran alboroto, y nadie se movió del susto. Todo el mundo se quedó sin modular palabra.
¡Y quietos todos ahí, mis parroquias y presidentes, incluyendo aquellos de los pueblos y culebreros de la Antioquia grande, quieta la Margarita HPs..., quieto todo el mundo hijos de puta y... quieta mi Margarita que aquí llegó el negro, ese de Buenaventura a la Barcelona!
Y así fue la cosa mis amigos.
Yo me quedé quieto y aterrorizado.
¡Dios mío esto es un atraco! -O nos va a matar a todos este negro-.
Los ancianos de la habitación no podían creer que estuvieran viendo un hombre negro a esas horas en el amanecer de un nuevo día y tiempo...

Todos estábamos asustados de ver un negro en carne y hueso.
Un negro real y no como en las películas de Hollywood.
Real no porque fuera de la Monarquía Española sino todo lo contrario.
Este era un Negro de verdad en carne y huezo y de aquellos de los llamados esclavos, porque los gloriosos hombres anglosajones les pusieron cadenas, los torturaron, los sacaron de su familia, de su África, y los sometieron y vendieron.
Los arrancaron de su medio ambiente a la brava y con violencia los metieron en destartalados barcos y se los llevarón al Nuevo mundo para hacerlos vivir como animales y máquinas de trabajo.
El negro que estaba frente a nosotros en la Pensión Tarrazon era uno de esos.

En territorio de la España de: Rebur “Aznar”, nada más y nada menos.
Y con una gran diferencia que lo caracterizó desde el primer momento que entró en la habitación: este negro parecía el Diablo.
Era la reencarnación total de Satanás con toda su legión y su corte de diablos a su alrededor.Mientras hacíamos fuerza para que la brisa no apagara la luz del cabo de la vela que iluminaba el amplio espacio de la habitación donde estábamos.
Ese hombre negro se nos perdía en la oscuridad de la noche con sus brincos y nerviosos músculos en su cuerpo de ébano cuando le hablábamos.

Parecía que se burlaba de todos nosotros.
Cuando entró preguntó: ¿Oiga parroquias aquí quién se llama Gorka Echavarría?
Escúcheme bien, necesito hablar con el Gorka.
Por favor parroquias aquí ¿Quién es Gorka?
¡Ayúdeme por favor...!
-Volvió a preguntar el hombre negro, precipitado y nervioso.
Nadie contestó... nadie.
Ni un solo mosco se movió.
Sólo se escuchaban los pulmones llenos de enfisema de los fumadores y la tos obligada y amiga inseparable en los ancianos fumadores.

Después de sus palabras todo quedó en silencio.
Sólo se escuchaba el sonido de la brisa en las velas derritiéndose y las cansadas respiraciones de los ancianos mientras hacían fuerza para que la brisa no apagara las velas en ese instante porque allí, sí nos llevaba el que nos trajo. Y frente a la sorpresa de este negro en la habitación y de improviso, yo muerto del susto cuando preguntó quién era Gorka, sólo me decía... Si le digo que soy yo el Gorka me mata este negro....Y me quedé en silencio.

Ahora sí estábamos muertos del susto y yo aterrorizado al ver ese negro gigantesco y maluco preguntando por el Gorka.
Y lo más grave era que no atinaba a pensar en nada con el negro al frente.
Estaba paralizado del susto.
Luego decía el negro ahora más tranquilo y pausado tratando de convencernos a todos los presentes en la habitación, unos sentados en la cama, otros en el sofá y otros en pequeños asientos y que cada cual había traído desde que comenzó el grupo a reunirse todas las noches desde que llegué a la pensión: miren mis parroquias, -continúo el negro hablando- y con todo su respeto señores aquí presentes, yo soy sobrino de ese gran hombre negro llamado "la Maravilla Gamboa", ese que fue extraordinario futbolista en Colombia.

Todo el mundo seguía en silencio.
Porque fuera de Gorka nadie conocía entre los ancianos españoles quién era la Maravilla Gamboa y menos ese negro presente.... Y menos le creían al negro su historia.
Algo normal en medio del terror que sentíamos.
Yo en silencio apenas me dije ...y ahora ¿qué quiere este negro?
¿Ser otra Maravilla más de negro?
Y para rematar la cosa es colombiano el negro éste.
Y de una le pregunté ¡Oís parroquia!
¿Vos de dónde sos?
¿De Puerto Tejada, San Basilio de el Puerto o del Corralito de Piedra? ¿De cuál palenque?
Y el negro contestó ya más tranquilo y normalizando el ritmo de su respiración: Yo necesito hablar con Gorka.
Pausadamente habló el hombre negro.
Sin saber que era él la persona que buscaba y hablándole con acento español le preguntó.
Y ¿para qué quiere usted hablar con el Gorka?
No, mi señor yo sólo he podido escuchar aquí en Barcelona que el Gorka Echavarría es un Maestro.
Yo quiero hablar con él porque necesito que él y todos ustedes me ayuden a imprimir ocho mil hojas de esto que es para un amigo poeta y él les paga por adelantado.
Yo sólo traigo el mensaje, un gran mensaje y además les quiero decir que estoy recién llegado a Barcelona.
Observando asombrado todos en la habitación al hombre el Gorka le preguntó:
¿Usted cómo se llama?
El negro se quedó en silencio pensando y luego respondió mirando a todos los ancianos lentamente. A mí me dicen Guacho. ¿Y eso qué significa?, le preguntó Gorka.

Bueno, es que mi nombre en verdad es: Washington... y soltó su risa y luego se quedó en silencio otra vez.
Como si estuviera recordando días de su infancia.
El negro Washington empezó a mostrarse tranquilo y sin importarle que estábamos alrededor suyo se adueñó del espacio y se miró tranquilo sus tenis blancos, su overol nuevo, sus brazos musculosos, acomodaba su ancha espalda en la cómoda silla y en el lugar.
Parecía que en su silencio estuviera recordando la historia de la raza negra desde el año 1570, cuando empezó el infame comercio de seres humanos hacia Latinoamérica y luego volvió a mirar todo a su alrededor.
Nos miró a cada uno con nuestros siete pecados capitales.
Miraba las miserias en cada uno de nosotros, los dolores de cada uno y luego con voz segura dijo: Aquí está el dinero para imprimir las copias que necesito y sacó el billete nuevo de veinte mil pesetas.
Al mirar el billete nuevo Gorka pensó: ¡qué tal que salga falso ese billete de veinte mil pesetas! Y se quedó mirando al negro.
Mirábamos al hombre negro con tremenda desconfianza e incrédulos en la oscuridad con la poca luz de las velas.
Sin embargo, al mirar que no iba a existir violencia de parte del hombre negro hacía nosotros los ancianos, ya un poco más tranquilos mirando al hombre a sus ojos, Gorka se armó de valor y, aunque un poco tembloroso, después de unos largos segundos, caminó hacia él y le dijo muy tranquilo con acento de hombre español...
¿Quieres un trago?
Y el negro respondió sin mirar: Sí, mi señor, pero sin veneno.
Y aterrado mirando los ancianos, le pregunté otra vez ¿Cuál veneno?
Y el negro respondió muy contento y entre risas: ese veneno que llaman Cocacola.
Eso le destruye a uno el estomago, la vida y los dientes.
A mí, mi trago que me lo den con chicha o limonada.
O con lo que quiera mi señor, y que mi Dios lo bendiga. Y el negro se sentó muy tranquilo otra vez entre Gorka y todos los desconfiados ancianos españoles quienes nunca habían visto un negro tan cerca y menos en una habitación con ellos a estas horas de la madrugada.

Con el negro en la habitación y sentado entre nosotros y después de semejante sorpresa, Gorka tuvo el valor de preguntarle: oiga negro, ¿Cómo llegaste a Barcelona?
-¿Que cómo logré llegar a España?
Y el negro soltó una carcajada que se escuchó en todo el barrio.
Luego dijo sin pena alguna y ya con más confianza, permítame les cuento todo con calma, y se acomodó otra vez en la silla.
Y dijo -perdón, ¿cómo se llama usted? Le hizo la pregunta a Gorka.
Y le tocó responder al negro y decirle el nombre.
Levantándose de su silla le dijo: mi nombre es Gorka Echavarría, y le dio la mano con máxima alegría.
El hombre negro respondió muy entusiasmado parándose de la silla ¿por qué hombre usted no me dijo desde un principio que era Gorka?
Usted es de Locombia mi parroquia y soltó la carcajada y levantándose me abrazó sintiendo que tocaba mi espalda y cintura por todas partes como si estuviera buscando disimuladamente armas escondidas en mi cuerpo, o quizás como un saludo de reencuentro con su pasado.
Luego nos dijo a todos en voz alta: lo andaba buscando señor Gorka por toda Barcelona. Hasta que una mujer llamada Lena me dijo dónde estaba usted en esta ciudad.

Yo lo andaba buscando porque necesito que usted me ayude a imprimir algo muy importante para todos. Y entre risas nos dijo levantando su copa: salud señores, con todo su respeto.
Pero... Déjeme primero les cuento, y mirando a todos los presentes el negro habló: lo más importante en mi vida no es cómo logré salir de Colombia y cómo llegué a la Madre patria
Y riéndose después nos dijo que por cierto algunos ancianos en cuchicheo se preguntaban entre ellos ¿de qué se ríe este negro? Lo principal, -continuó el negro hablando- es cómo he logrado sobrevivir aquí en este pueblo grande y haciendo qué.
Y para poder estar aquí esta noche, contándoles mi historia. Bueno... y el negro volvió a mirarnos a todos los presentes y seguía riéndose con malicia y mirando muy complacido a los ancianos que apenas se empezaban a medio sentir bien entre sus temores con el intruso al frente. Y nadie se movía. Solo el negro nos entretenía y dominaba totalmente con sus palabras.

Y así empezó su relato: Yo soy del Pacífico de Colombia, de un caserío cerca a Guapí. Un pueblo perdido en la selva, lleno de casas de madera, techos de zinc, con mosquitos y paludismo por cantidades y un calor del infierno. Todos somos negros o casi todos. Allí son muy pocos los blancos. Allá empieza el mundo o también termina.
Señor Gorka, usted es de Colombia y creo que conoce el pueblo y me puede ayudar a describir a los ancianos españoles cómo es la vida en ese lugar y cómo es su medio ambiente.
Ah y antes de continuar les quiero pedir excusas otra vez por la forma tan repentina como les entré aquí esta noche en su reunión y sin estar invitado. Sí, por favor... me excusan los presentes si los asusté.
Como les iba contando... en esa selva los ríos son grandes, hondos e inmensos y nunca se terminan. Se pierden en el horizonte al caer la tarde con soles rojos en una selva verde majestuosa y profunda.
Que sólo en las noches oscuras y en medio de sonidos lejanos y extraños logramos entender que es única en el mundo.
También creo que podemos sentir en ese silencio infinito sonidos de cada noche con los cuales nos abraza en el amanecer la presencia del creador de este mundo.
De un Dios único al que todavía ningún hombre negro como yo le ha dado estos cinco dedos. -Y el negro mostró sus manos gigantescas y cansadas y muy llenas de callos del duro trabajo.

En ese pueblo perdido en medio de la selva terminé mi bachillerato.
Trabajando en el restaurante de mi tía Felicita para pagar mis estudios. Ayudándola como mesero o como cocinero algunas veces. En mis tiempos libres me metía en la casa de mi tía Hipólita todo el día para leer sus libros de cuando fue profesora en el bachillerato. El restaurante de mi tía, ¡ay hombe! es muy bueno y queda en el aeropuerto. Todo el que llega a mi pueblo Guapí conoce el restaurante de mi tía Felicita. Es el mejor que existe allí. La comida es deliciosa y el restaurante siempre está lleno de gente. Desde los funcionarios del gobierno hasta los miembros de todas las fuerzas armadas. Todo el mundo va al restaurante de mi tía. Y así en medio de la vida y haciendo mis estudios un día, hace muchos años, con un par de amigos empezamos a notar en los niños vecinos de mi casa y del barrio y de los alrededores, unas enfermedades muy raras. ¡Ay Dios mío! algo que nunca habíamos visto en Guapí y mucho menos en la región. Algunos niños presentaban problemas en la piel. Cosas raras: manchas, erupciones, tumores, cambios de color, hongos y todo aquello que para mí es indescriptible esta noche. Muchos otros nacían con deformidades y retrasos mentales. En Guapí en los últimos treinta años, y entre mi generación, no existieron esos problemas. Mucho menos los incontables casos de Parkinson y epilepsia entre los niños y los ancianos.
Fueron pasando los años y no solamente yo y mi par de amigos éramos conscientes de esto sino que toda la comunidad empezó a notar y a sentir estas enfermedades raras, nuevas y desconocidas por todos y más aún por el grupo de médicos dirigidos por el doctor Vicente, de Puerto Tejada, que en silencio asustados afrontaban y aceptaban incrédulos esta epidemia creciente como algo fuera de lo común y sin causa alguna, y mucho menos científica, entre la comunidad negra del Pacífico de Colombia que va desde la ciudad de Tumaco hasta Panamá.
Algunos meses más tarde y un día después de muchos años de silencio en el pueblo, en una canoa llegó al embarcadero un respetable y cansado anciano con su mujer. Sudorosos y muy nerviosos contaban que habían visto, hacía muy poco, descargar en la playa del Pacífico de Colombia unas cajas metálicas gigantescas. Ese mismo día, al caer la noche, y cuando regresaba otra vez del mar a su rancho el hombre contaba que vio cuando llegaban en otros barcos y luego a la playa unas máquinas mucho más grandes y que despues manipulaban las cajas o contenedores y las trasportaban unos doscientos metros más adentro ya en tierra firme y muy cerca de su rancho semiescondido entre las grandes palmeras y árboles.
El anciano nos contaba en aquel entonces que vio, incrédulo y asustado, que otras máquinas abrían unos huecos gigantescos en la tierra y después echaban las cajas en ellos y mucha tierra encima, hasta no quedar ninguna de ellas a la vista de persona alguna.
Muy temeroso y pensativo -nos decía- me quedé a los días siguientes, cuando fui nervioso y asustado a ver dónde estaban enterradas las cajas. Sin poderlo creer comprobé que en ese terreno estaba como si nunca se hubiera enterrado nada.
Me fui asustado y corriendo al rancho y le conté a mi negra Margarita lo que había visto y ella me dijo como siempre muy tranquila: Nicolás, para qué te pones a ver cosas raras donde no te han invitado y más si son de esos hombres blancos. Me sirvió la comida mirándome reservada y me acosté muy regañado y preocupado.
Este anciano negro, como cosa extraña y triste, al pasar los meses desapareció sin dejar rastro alguno. Nunca se le ha podido encontrar. Y hoy sólo se escucha el llanto desesperado de su anciana mujer y compañera después de cuarenta años de vida en común, de sus hijos y nietos buscándolo por todo el Pacífico de Colombia.
El negro Washington se queda en silencio unos segundos después del relato y con los ojos cerrados nos dice: ustedes bien conocen que un negro joven es muy desconfiado con todo lo que escucha. Y más si viene del hombre blanco. Porque con todo su respeto les quiero decir que, tan solo mirar la forma en que desaparecen a las personas negras en Colombia y si abrimos bien los ojos y observamos detenidamente cómo vive la raza negra en ese país y en todo el mundo, es más que suficiente la miseria para uno como hombre negro estar arisco con todo el mundo y no creer en la palabra del hombre blanco. Y mucho menos en los monos ojizarcos del norte y sus queridos primos anglosajones quienes nos pusieron las cadenas hace quinientos años.
Pero es que imagínense ustedes aquí presentes señores ancianos en esta reunión, aquí en Barcelona, y con todo su respeto, -el negro para de hablar y nos mira a todos entre risas, levanta su vaso vacío y dice muy tranquilo- a ver denme otro trago por favor con chicha o limonada, por favor señora Chechi, perdón ¿así se llama usted? Sí, por favor deme mi ron con limonada, sin veneno por favor. -Continúa con el relato- ¡Salud a todos! ¡Salud señora! Usted señor Pacho que me escucha con tanta atención que a mí también junto con mi primo Bernardito, pobre hombre, el más pobre de la familia, ya ni dientes ni dolarcitos tiene el pobrecito y ya viejo y negro pues morirá como gallinazo negro. A él y a mí un día que nos tomábamos unos tragos en el rancho de Octavito el sacamuelas del pueblo, y bajo la luz de la coleman nos llegó el rumor que una gran loca, loquísima y que vivía en un palacio grandotote en la capital de Colombia, había autorizado a cambio de no sé qué dolarcitos, de esos verdecitos y de esos que le gustan tanto a Bernardito, mi primo, que ese material radioactivo y desechos de lo que se usa en las Centrales de Energía Nuclear de las más grandes ciudades de los Estados Unidos de Norteamérica, fuera entrado a escondidas de todo el mundo en Colombia y enterrado donde la loca esa, la tremenda loca, la loquísima del palacio creía que nadie se daría cuenta y nadie protestaría.
Que ese hecho pasaría desapercibido en medio de la ignorancia de la raza negra y que si protestábamos algunos de los negros, pues sería más fácil matarnos a los negros malucos y desaparecernos sin rastro alguno. A que ese material radioactivo y altamente perjudicial para la salud humana y del pueblo fuera a ser entrado por otro lugar de Colombia y en la costa norte donde fácilmente las personas observarían entrar eso desconocido y avisar de inmediato a las autoridades y comunidades sobre este gravísimo hecho para la salud de todos los colombianos y latinoamericanos.
Después que desapareció don Nicolás, el anciano aquél y el primero que junto con su esposa dieron la noticia en el pueblo de Guapí sobre estos desechos radioactivos y altamente peligrosos para las comunidades del Pacífico de Colombia, todo aquel que medio habla de este suceso en Guapí, las veredas o las cantinas, la iglesia, o restaurantes, la cancha de fútbol, el aeropuerto, las escuelas desbaratadas y con maestros moribundos y sueldos empeñados o donde sea y en las tales junticas de acción comunal o en cualquier otro lugar, son desaparecidos del todo y sin rastro alguno.
Son centenares los desaparecidos y nadie sabe dónde están. Nadie investiga tampoco porque también será desaparecido.
No sabemos quienes están desapareciendo a estos negros porque son muchos los enemigos que tiene esta raza y son también muchas las Multinacionales y Corporaciones y los grupos armados que quieren que abandonemos las tierras, los asentamientos de las negritudes, para invadir nuestras tierras llenas de oro, platino, bauxita, uranio, y el medio ambiente con mayor biodiversidad que existe en la tierra.
Algunas veces entre los habitantes del caserío de Guapí hemos pensado que esa mujer de la bruja Matilde y demás brujas y decenas de brujos que existen en el pueblo y sus alrededores podrían ser quienes desaparecen a las personas. También escuchamos otros rumores más extraños y que se escuchan selva adentro. Como aquella del negro Ernesto, el cajero del Banco Agrario, que toda su vida fue un prestamista y agiotista sin alma, que en tres días se murió estornudando cada 12 segundos y de pena moral cuando supo que a su hermano menor el Betico lo había dejado seco un murciélago gigantesco que azota desde hace años la comunidad del Baudó y que arrastrándolo por los aires desde la puerta de su rancho como un huracán se lo llevó a más de un kilómetro de distancia por el aire en la temible noche y luego lo depositó suavemente en un playón del río en la curva de la negra Isabel.
Cuentan al otro día que la negra Isabel se levantó muy tranquila esa mañana para hacer una aguapanela, cocinar unos plátanos y fritar el pescado, como era su costumbre. Se encomendó a Dios por su vida, besó el escapulario y la medallita de San Benito con fervor que le había regalado el cura Óscar; prendió el fogón en la parte trasera de su rancho, atizaba los maderos y avivaba la llama tarareando una melodía y entre bostezos miraba también entretenida el río, al igual que todos los días. Y creyó en un instante que estaba alucinando al ver un brillo extraño en el río. A unos cincuenta metros de distancia dentro de las anchas y apacibles aguas. ¡Muy extraño!... -pensó la negra Isabel-, y caminó fuera del fogón. Más rara se sintió cuando vio que eso que brillaba como un espejo parecía llamarla desde el playón. Caminó nerviosa por el camino con dirección a la orilla del río, sacó de entre sus caídos y arrugados senos el escapulario con la imagen de José Gregorio Hernández, la Virgen de Guadalupe y la medallita de oro con la cara de Simon Bolivar y lo besó otra vez sintiéndose invencible en su fe, deseando que las serpientes se alejaran de su camino y no estuvieran por esos lados merodeando en la yerba, porque con la creciente del río y la luna llena de la noche anterior era el momento indicado para que estuvieran por el lugar. Llegando asustada a la orilla del río y dándose la bendición otra vez para mirar mejor lo que la extrañaba, sólo pudo exclamar asustada: Dios mío... ¿qué es eso? Luego caminó un poco más a un pequeño alto en la orilla del río para poder apreciar con mayor claridad lo que había visto con desconcierto desde su rancho y en el corto camino recorrido. Se puso como pudo las destruidas gafas con un solo vidrio plástico de su difunto marido y logró distinguir en la distancia a un hombre muy dormido en la paz eterna entre el brillo de las mansas aguas y las blancas piedras del río. Muy quieto allá en las anchas y titilantes arenas del playón. Asustados y aterrados quedamos nosotros los del grupo de rescate del cadáver cuando fuimos a recogerlo y encontramos al muerto en el playón del río.
El cuerpo estaba en posición muy rara e ilógica, como si se hubiera recostado lentamente y acomodado con toda tranquilidad en un montículo de arena del playón. Este cadáver se nos presentaba como recién bañado y afeitado. Con toda su ropa todavía en él.
Algo sorprendente para todos los que estábamos presentes. Mientras fumábamos y amarrábamos la lancha pudimos observar que el cadáver del hombre negro conservaba aferrada a él una antigua y muy bella cruz de plata en la mano izquierda y en la cual estaban escritas las palabras: Toht.
Terminando mi cigarrillo y mirando eso tan raro en ese cristiano con esa posición en la arena del playón, pude observar como todos los presentes en ese instante del rescate que el rostro del difunto se veía en mucha paz. La expresión del rostro que mostraba nos indicaba que había muerto sin ninguna pena. Mostraba una sonrisa santificada y plena que lo hacían parecer como un iluminado. Como un escogido entre todos los hombres de esta tierra y todos creímos con certeza después de observar detenidamente su cuerpo y su cara en ese instante que quizás estaba predestinado a reencarnar en pocos días en un ser especial. O en un ángel en nuestra vida por venir. En un Cristo negro.
Todos asustados y después de prender otro cigarrillo no sabíamos qué hacer en ese instante y ante este cuerpo negro. Era algo nunca visto por nosotros. También discutimos y estuvimos de acuerdo los del grupo de rescate que este iluminado, este escogido, además de parecer en ese momento un Cristo negro parecía que estuviera despidiéndose muy feliz de la ingratitud, la violencia y la avaricia del hombre blanco en todo el mundo y en toda la historia de este universo.
En horas de la tarde, ya muy cansados y con hambre, al llegar en la lancha al muelle de Guapí nos sorprendió ver la inmensa romería de personas. Nunca se había visto tanta gente para ver un muerto en el pueblo. Aunque este muerto era muy diferente. En ese instante nos encontrábamos con algo desconocido.
No entendimos por qué tanta gente lo esperaba en el embarcadero si horas antes nadie en el caserío sabía de su llegada. -A ver un trago doble por favor ¡Salud para todo los presentes! Como les iba contando, a su entierro vinieron muchos que no lo conocieron en vida. Asistieron todos sus familiares y amigos, hasta los perros de los otros caseríos también vinieron y aullaron en forma extraña a la luna llena dos noches seguidas. En el río los peces brincaban fuera del agua como nunca antes. Algo muy raro y nunca visto con un muerto. Lo más extraño era que todo el mundo quería estar cerca del difunto, conocerlo o alcanzar a tocar su cuerpo. Para así lograr sacar de él y guardar en ellos un poco de paz y tranquilidad que este Cristo negro trasmitía y que sintió toda la gente de Guapí cuando llegamos con su cuerpo.
El entierro fue el más grande que se conozca en la vida de mi caserío y del pueblo. No hubo fiesta como ocurre con los entierros de los niños negros. Por eso cuando un niño negro nace todo el mundo llora. Sabemos que viene a sufrir y a llorar las injusticias del hombre blanco y cuando muere un niño negro todo el mundo canta y es alegría plena porque por fin dejó este triste e injusto mundo del hombre blanco. En el entierro de este hombre hubo silencio por tres días. Parecía una Semana Santa cuando llegamos con los restos, todavía se escuchan en eco las plegarias y sonido interminable de los tambores elevadas al cielo esa noche. Al domingo siguiente del interminable entierro todavía lo lloraban los que lo conocieron, mientras los que no lo conocieron se preguntaban a cada instante y a todos quien era ese hombre, la vida volvió a su rutina normal y no sé por qué también ese mismo día y antes que me desaparecieran a mí como a los centenares de negros que han desaparecido después del entierro decidí salvar mi vida y me entraron ganas de conocer esta España.
Juntando mis ahorros y con recolecta entre los amigos y los conocidos del pueblo y con una rifa que hizo mi tía Felicita de la cruz de plata con el cristo que se le encontró en la mano al hombre negro viajé en un destartalado avión a Bogotá y luego me monté en un lujoso jet para Madrid.
Al llegar al aeropuerto Barajas me preguntó un hombre de la policía o aduana -yo no sé qué era, ya que todos se me parecen- si yo era futbolista. Que en qué equipo iba a jugar. Y yo sin respuesta alguna le seguí la corriente y le respondí de una que en el equipo del Cristo negro. Y el hombre del control en el aeropuerto sorprendido me preguntó que cuál era ese equipo y que de dónde era. Y yo le respondí atacado de la risa nerviosa que me dio, -ay Dios mío si quiera me ayudaste- y le respondí: señor, con todo su respeto... aquel equipo que nadie ha visto jugar todavía aquí en Europa. Por eso vengo a formar un equipo como hay en el pueblo mío, allá en la selva y que llevará como estandarte esta cruz de plata. Y se la mostré con alegría en medio de mis risas en mi mano izquierda levantada como si fuera un trofeo de guerra. El hombre la miró entre asustado y sorprendido con su brillo natural. Sin dejarlo respirar le conté rápido, aún sin salir de su asombro, la historia de la cruz de plata y su cristo en ella. Y cómo el difunto hombre negro la tenía en sus manos cuando lo encontramos en el playón del río. El policía escuchando me observaba atentamente, y en forma muy tranquila me dijo: bienvenido a la Madre patria.
El hombre bajó su cabeza y selló mi pasaporte. Me miró por última vez, medio sorprendido y sin creer todavía y como si fuera un niño triste y muy solitario en este mundo y que recobraba para el resto de su vida la alegría y la paz perdida en esta tierra con aquello que acababa de escuchar y de mirar en ese instante. Y yo por dentro a carcajadas con el cristo de plata que brillaba en la mano como en el playón del río y como si fuera ahora un gigantesco fusil que me había regalado el que se lo ganó en la rifa en el pueblo y que por miedo y pánico al no poder dormir me la regaló apresurado y agradecido de no tener más esa cruz con él.
Después de un largo silencio mientras nos observaba el negro Washington nos dice muy tranquilo y seguro de sí mismo: a mí no me da miedo de los muertos, me da miedo de los vivos. Por eso aquí en España cargo mi cruz conmigo a todo segundo. Y la sacó de su bolsillo y nos mostró la antigua y bella cruz de plata. Los ancianos no podían creer todo esto en medio del miedo que sentían, sin embargo uno de ellos dijo: Chaval, eso se merece un brindis de todos. A ver Gorka un trago y sin veneno todavía para este hombre, -mientras Gorka sirve el trago los ancianos hablan de ellos asustados con esa historia de la cruz y la historia del hombre negro. Continúo con mi relato, -dice el negro Washington. En Madrid, en el aeropuerto, me entró el miedo cuando llegué. Allí todo era muy rápido, la gente anda a las carreras, las parejas se dan besos de despedida como si se fueran a morir poco después, todo es rápido y uno acostumbrado a mi pueblo, allá en la selva que todo se hace cuando uno siente ganas y quiere, pues me entró un miedo y una soledad tremenda, ¡ay madrecita santa, para qué me vine a España!, es lo que me digo a cada instante. Luego salí del aeropuerto muy asustado y perdido, cogí un bus para la terminal de trenes. En ese lugar me puse a esperar a que saliera el tren para Barcelona. En esa gran ciudad de la capital de España sí que me sentí perdido. Y como tenía por destino a Barcelona pues cogí el tren con lo poco que me quedaba para viajar, guardando algo para el hotel aquí cuando llegara. Y aquí me tienen todos. Llegué sólo a sufrir.
Ustedes no saben lo que he llorado aquí en esta ciudad de Barcelona, aquí aprendí a vivir acelerado, así como es la vida en Madrid, encontré lo que no había buscado y nunca quise o soñé. Pero me ha llegado es todo lo que quieren y sueñan los otros hombres del mundo y en especial los blancos. Yo no quería lo que encontré aquí en Barcelona y que ahora en los tres meses que llevo en esta ciudad lo topé tan de repente. Ya les voy a contar qué es... salud todos y espero no les dé miedo con mi historia. -Y todos brindamos por el relato del negro Washington-, ¡ay señor Gorka como estoy de contento de encontrarlo y de estar aquí con ustedes esta noche!
Les quiero decir también que estoy muy arrepentido de haber dejado mi selva ancha y profunda, de haber dejado mi negrita, mi flaquita bella, una mujer sencilla y buena a morir, una hembra bella y fuerte. ¡Ay Dios mío, cómo la extraño! Y cómo me hablaba al oído, escuchar su risa y su voz era mi gloria. Recuerdo que ayudaba a todos los ancianos, como ustedes, ya que trabajaba como enfermera. Los dos pasábamos las horas felices en silencio mirando juntos el río y siempre lo veíamos diferente. Las palmeras tenían su danza mágica en las tardes y la brisa de la tarde nos traía murmullos cotidianos que eran como canciones de cuna y las lluvias de la noche germinaban la vida de todo aquello que sembraba yo en el huerto durante el día. Éramos pobres pero la vida era amable y buena. Mi mujer me quería por lo que yo era. Así no tuviéramos mucho que darnos ni qué comer. Siempre teníamos lo suficiente para los dos y lo poco lo compartíamos. Ella me ayudaba en todas mis decisiones y cuando me enojaba me cantaba canciones y se me pasaba la rabia y así me hacia reír y me olvidaba de todo.
Aquí en España todo el mundo me mira como un animal raro. Aquí me di cuenta de lo que vale en estas tierras un hombre negro y, además, con la marca de ser colombiano. Como para rematar la cosa. En Barcelona la he pasado de pensión en pensión como las putas feas y pobres, me ha tocado vivir con penurias en la llamada Madre patria. Me echaron de la última pensión, según ellos porque gastaba mucha agua. Como me bañaba dos veces al día me preguntaban si estaba enfermo. Cuando allá en mi pueblo, al lado de mi negra, nos bañábamos en el río a toda hora, y en la casa cuando queríamos; teníamos mi negra y yo el agua de los grandes ríos y por eso de todas las pensiones me han echado y puse el récord de 7 pensiones en 21 días. A ver, a ver, a ver, cómo es señor Gorka, señora Chechi y señor Pacho... dónde está mi trago y ¡sírvame uno por el alma de los muertos de este mundo! Salud todos. -Y el negro levantó la copa y todos brindamos por el porvenir.
Desde el fondo del corredor pudimos escuchar la Marí Carmen que regresaba con las velas y venía cantando una canción aquella de Lili Marlen y de los años cuando estuvo en Alemania y le tocó soportar la guerra, venía cantando por el corredor y todos nos pusimos a escuchar la melodía, y al entrar a la habitación dice: ¡Ay hijueputa, qué susto! ¿Quién es este puto negro y qué hace aquí? ¿Oiga cojones de dónde salió este esperpento? ¡Qué susto! Y todos reímos de ver la expresión de la Marí Carmen al encontrar al negro Washington sentado entre nosotros. -Señora perdone el susto que le hice pasar, mi nombre es Washington. El negro levantándose con respeto le dio la mano a la María Carmen. Mi nombre es Marí Carmen, respondió ella. Soy de Sevilla y si no traigo las putas velas nos quedamos sin luz. Majo ¡qué susto el que me has dado!, por poco me orino en los calzones. Y los ancianos reían con la Marí Carmen. Yo, sorprendido con lo vivido esta noche caminaba a la ventana y recordaba algunas cosas que más tarde les contaré.
Bueno, pido la palabra, -dice el negro. Les sigo el relato: así de pensión en pensión me quedé sin dinero y sin saber cómo iba a poder sobrevivir ya que en todas partes me miraban como animal raro. O como le dicen a ciertas cosas feas en Colombia y a la negra Piedad : parece un orangután con cola. Una noche desesperado y después que ya llevaba durmiendo en un parque 10 días y en una hamaca que me traje de Guapí me despertó un anciano. Me asusté mucho porque era un rubio de ojos azules y muy blanco. Cuando lo escuché hablar me sorprendió que fuera tan amable, me invitó a tomar un café, me preguntó si había comido y le dije que no. Me invitó a comer y así entre charla me preguntó si quería una copa de vino. ¡Ay mi diosito santo!, y yo que llevaba varias semanas sin probar una gota de alcohol me pareció como una bendición. Pues les cuento que me tomé dos cartones de eso que llaman tinto y rioja y tranquilamente me fui a dormir otra vez. Quedé de verme con el anciano al otro día. Llegué al parque donde dormía y del morral que siempre cargo como los valientes muchachos, pues volví a sacar mi hamaca y esa noche la colgué de nuevo entre las mismas palmeras que ya conocía y que eran mis dos únicas amigas y que me recordaban a mi tierra y que cada mañana abrazaba porque pensaba en mi negra y en mi selva bella, verde y profunda. Esa noche dormí delicioso. Había quedado con el anciano en que al día siguiente desayunaríamos juntos. A las 6 a. m. me desperté antes que llegara la policía y me fui a las duchas públicas de la playa y me bañé. Fui al café en la Plaza Real donde el anciano me citó y allí lo encontré. Estaba como la noche anterior, amable y muy tranquilo. Me hizo recordar al muerto que había encontrado en el río hace unos meses. Al Cristo negro.

Continua ….
ÓCarlos Echeverry Ramirez
Colombia
©Caer.
Catonet Comunicaciones Grupo
fitofeliz@hotmail.com
www.carlosecheverryramirez.org
Reservados todos los derechos de propiedad intelectual ante CIPO y WIPO

jueves, abril 16, 2009

?El Cristo Negro?

Carlos Echeverry Ramirez
Reservados todos los Derechos de Autor
Ante CIPO y WIPO

Para aquella que siempre creyó en mi…

A las orillas del gran rio…


---------------------------------------------


Hoy en la mañana jueves envié un correo electrónico a Lula Da Silva, el Presidente de Brasil.

En ese mensaje de saludo personal le enviaba la máxima alegría, fuerza y entusiasmo para la próxima “Cumbre de las Américas” en el fin de semana que llega..

En el mensaje le pedía que NO olvidara nuestro trascendental (para mi Vida) encuentro en la ciudad de Cartagena de Indias, en el mes de septiembre del año 2003 durante la Cumbre Mundial del Café.

Y cuando en aquellos días tuve la oportunidad de entregarle personalmente, dedicar y firmar mi primer libro titulado: El Ultimo Viaje. ISBN: 0-9683701-0-1

Además de estrechar su mano con maxíma alegría, sentir su humanismo e intercambiar algúnas palabras con el.

En el mensaje también le pedía “en serio y entre broma y mamando gallo” que le recordara a Barak Obama que yo fuí el primer latinoamericano y Colombiano “loco”---como dicen algunos psicópatas perversos ----que pensó en la posibilidad de un Hombre integro, Nuevo y de la Raza Negra, estuviera en la presidencia de los Estados Unidos de Norte América.

Sí ustedes queridos lectores y amigos, han leido o en los días por venir leen con calma y alegría Crónicas de Barcelona --- y trabajo escrito por mi y que terminé el día 24 de noviembre del 2004--- recordarán que allí aparece descrito en esas crónicas un: Cristo Negro y su nombre es Washington.

Extrañas hechos y sorpresas trae la vida….para muchas y muchos…con el pasar de los días.

Luego transcurridos los años y recordando de nuevo lo vivido en Cartagena de Indias en le año 2003 cuando entregué mi primer libro a Lula Da Silva y revisando las palabras escritas por mi y hace pocos días cuando pensaba y escribía sobre los efectos no pensados que traen el movimiento de las alas de una mariposa en Colombia, China, Canadá, Sur de Francia, Argentina-Paraná-, México o Venezuela, y como ellos repercuten sin duda algúna en otros lugares y personas del mundo.

Ya en el año 1997 (escrito en Compartiendo Alboradas 2004)
también en Barcelona, empecé a hablar y escribir y mucho antes que muchos poetas y escritores y “cantantes”de Latinoamérica, y otros lugares del Mundo; sobre los aterradores, asesinos, inaceptables, inhúmanos, perversos hechos y consecuencias que traen el uso maldito de las Minas explosivas y quiebrapatas en los niños, mujeres y niños de aquel Caos y Vergüenza Total ante la Humanidad y nuestros hijos y nietos en toda hispanoamérica que se llama : Colombia.

En mi correo de esta mañana le pido a Lula Da Silva qué con Barak Obama (la Nueva Esperanza de Justicia Social Y PAZ en el Mundo) hicieran lo ¡máximo y hasta lo imposible! que se les permita, para evitar y parar los Asesinatos y Desapariciones contra la comunidad negra y aborigen de Colombia. ( todo está escrito en Crónicas de Barcelona)

Pero más que todo y antes que todo le pedía a a ese gran Hombre que es: Lula da Silva que con Barak Obama, los dos juntos, NO se olviden un instante de pensar y actuar ya pero ¡YA!

Y de una vez por siempre en la historia del hombre como es el hecho trascendental de evitar y parar de una vez para siempre y por siempre y con la unión y ayuda de los otros lideres mundiales como Zarkosy, Putin, Cristina, Bachelet, Merkel la alemana y Chavez de Venzuela de parar la perversa y maldita Industria de la Guerra que es el clamor urgente y esperado de todos los Pueblos del Mundo.

SI parar de una vez por siempre ... la nefasta, injusta, asesina , perversa, maldita Guerra y Guerras, parar ese Horror de la industria y negocio de la Guerra en colombia, Palestina, Iraq y afganistan y cualquier otro lugar del Mundo donde los niños, mujeres y ancianos…como mi padre(RIP) ya no pueden pensar en una vida digna de un Ser Humano porque unos pocos psicópatas comerciantes, e industriales y mercenarios de terror y fabricantes de Armas y Guerras, destruyen las ilusiones y ganas de vivir de todo aquel que solo merece una vida digna y feliz con los suyos en: PAZ y Justicia Social y sin distinción de raza, credo o clase social.

Gracías Lula y Obama ….Todos los pueblos del Mundo.

¡Si todos los pueblos del mundo desde México hasta el sur de chile y la argentina, el africa, europa, oceanía, Australia, el medio oriente, todos los paises arabes, Corea del sur y corea del norte, Japon y la China…

Todos todos esperamos que ustedes.

SI ustedes dos....y los otros nos demuestren y prueben que no son parte de ese combo de psicópatas perversos que han manejado y manipulado la historia de la Humanidad durante tantos siglos de batallas perdidas llenandola cada día de: llanto. Desolación, Terror y Crueldad sin limite en nuestros niños, mujeres y ancianos…

Carlos Echeverry Ramirez
Colombia-Canada
Reservados todos los Derechos de Autor ante CIPO Y WIPO
Es Miembro activo de la Unión de Escritores de Canada.

fitofeliz@hotmail.com

http://www.carlosecheverryramirez.org

sábado, abril 11, 2009

La terrible Sinceridad-ARLT--Carlos Echeverry Ramirez-Colombia

Hoy sabado 11 de abril quiero dar un abrazo lleno de alegría y risa, como siempre ha sido. Y hoy mas que nunca a todos mis amigos y lectores en los diferentes lugares en latinoamérica y la vieja europa...especialmente en la Argentina, Colombia y Venezuela, Mexíco, centro america y la ciudad de Barcelona.

Quiero darles las gracias por sus correos electronícos y el total respaldo al escrito anterior a este hoy. "reflexiones para la Salud Mental"

Y muchisimas gracías a mis queridos y extrañados amigos argentinos por sugerirme que subíera este escrito de Roberto Arlt...

Un abrazo fuerte a la Vana Divina y su Padre. NO tengo palabras de Gratitud por su excelentísima y noble actitud y ayuda durante mi estadía en santafé y la ciudad de Buenos aires. Personas Maravillosas. Al Orlando Capurro y toda su familia, esposa y hermanas, al Marcos David de Paraná y su Novia, a la Paula y todos aquellos que en forma cotidiana compartimos alegrías y la lucha constante, y permanente por hacer y construir un Mundo más solidario y Justo para todos los Seres Humanos que habitamos este universo...

Quiero decirles lleno de alegría que en solo unos días --eso espero--- mis libros: en formato PDF para imprimir en casa u oficína y que son: El último Viaje-- Compartiendo Alboradas--Crónicas de Barcelona--- Amores y Desamores y en un futuro no lejano y pasen el duro proceso de corrección de texto y estilo; tambíen estará para la venta: "La Concha de Oro" ajajajaj NO saben lo que me costó...lógico escribirla ...no piensen otras cosas...

Un gran abrazo a CZ y familia en Paraná. Extraño más que nunca las risas compartidas y espero ria mucho y se llenen de alegría con este nuevo libro titulado la "Concha de Oro".

Despues vendrá el de: "la Montaña Rusa"...jajajajajajaaj tambien dedicado a todo ese "Combo de comadréjas" de el litoral santafesino y de la costanera en Guadalupe...

Todos Todos todos se podrán comprar por un precio accesible a cualquier persona en el Mundo de habla hispana.

Es decir el "Combo completo" por 30 dolares americanos y se podrá hacer la trasnferencia de dinero a traves del sistema de Pay Pal o cualquier tarjeta de credito como son: american expresses, MasterCard Visa.

Gracías por sus mensajes de solidaridad por mis escritos...que me llenan de: Alegría, fuerza y Entusiasmo en medio de todo este maremagnun que se vive en estos momentos en el Mundo y en donde el oropel y el chamuyo y traición se convirtió en algo ya rutinario para muchos y elemento en su forma de actuar e interactuar con los otros...


Un abrazo lleno de alegría y unas risas profundas para todos aquellos que siempre llevan: Alegría y PAZ en su Corazón... Metta metta metta













La terrible sinceridad

Roberto Arlt
de Aguafuertes porteñas.


Me escribe un lector: "Le ruego me conteste, muy seriamente, de qué forma debe uno vivir para ser feliz".

Estimado señor: Si yo pudiera contestarle, seria o humorísticamente, de qué modo debe vivirse para ser feliz, en vez de estar pergueñando notas, sería, quizá, el hombre más rico de la tierra, vendiendo, únicamente a diez centavos, la fórmula para vivir dichoso. Ya ve qué disparate me pregunta.

Creo que hay una forma de vivir en relación con los semejantes y consigo mismo, que si no concede la felicidad, le proporciona al individuo que la practica una especie de poder mágico de dominio sobre sus semejantes: es la sinceridad.

Ser sincero con todos , y más todavía consigo mismo, aunque se perjudique. Aunque se rompa el alma contra el obstáculo. Aunque se quede sólo, aislado y sangrando. Esta no es una fórmula para vivir feliz; creo que no pero sí lo es para tener fuerzas y examinar el contenido de la vida, cuyas apariencias nos marean y engañan de continuo.

No mire lo que hacen los demás. No se le importe un pepino de lo que opine el prójimo. Sea usted, usted mismo sobre todas las cosas, sobre el bien y el mal, sobre el placer y sobre el dolor, sobre la vida y la muerte. Usted y usted. Nada más. Y será fuerte como un demonio entonces. Fuerte a pesar de todos y contra todos. No importe que la pena lo haga dar de cabeza contra la pared. Interróguese siempre, en el peor minuto de su vida, lo siguiente:

-¿Soy sincero conmigo mismo?

Y si el corazón le dice que sí, y tiene que tirarse a un pozo, tírese con confianza. Siendo sincero no se va a matar. Esté segurísimo de eso. No se va a matar, porque no se puede matar. La vida, la misteriosa vida que rige nuestra existencia, impedirá que usted se mate tirándose al pozo. La vida, providencialmente, colocará, un metro antes de que usted llegue al fondo, un clavo donde se engancharán sus ropas, y ... usted se salvará.

Me dirá usted: "¿Y si los otros no comprenden que soy sincero?" ¡Qué se le importa a usted de los otros! La tierra y la vida tienen tantos caminos con alturas distintas, que nadie puede ver a más distancia de la que dan sus ojos. Aunque se suba a una montaña, no verá un centímetro más lejos de lo que le permita su vista. Pero, escúcheme bien: el día que los que lo rodean se den cuenta de que usted va por un camino no trillado, pero que marcha guiado por la sinceridad, ese día lo mirarán con asombro, luego con curiosidad. Y ese día en que usted, con la fuerza de su sinceridad, les demuestre cuántos poderes tiene entre sus manos, ese día serán sus esclavos espiritualmente, créalo.

Me dirá usted: "¿Y si me equivoco?". No tiene importancia. Uno se equivoca cuando tiene que equivocarse. Ni un minuto antes ni un minuto después. ¿Por qué? Porque así lo ha dispuesta la vida, que es esa fuerza misteriosa. Si usted se ha equivocado sinceramente, lo perdonarán. O no lo perdonarán. Interesa poco. Usted sigue su camino. Contra viento y marea. Contra todos, si es necesario ir contra todos. Y créame llegará un momento en que usted se sentirá más fuerte, que la vida y la muerte se convertirán en dos juguetes entre sus manos. Así, como suena. Vida. Muerte. Usted va a mirar esa taba que tiene tal reverso, y de una patada la va a tirar lejos de usted. ¿Qué se le importan los nombres, si usted, con su fuerza, está más allá de los nombres?

La sinceridad tiene un doble fondo curioso. No modifica la naturaleza intrínseca del que la practica, y sí le concede una especie de doble vista, sensibilidad curiosa, y que le permite percibir la mentira, y no sólo la mentira, sino los sentimientos del que está a su lado.

Hay una frase de Goethe, respecto de este estado, que vale un Perú. Dice:

"Tú que me has metido en este dédalo, tú me sacarás de él"

Es lo que anteriormente le decía.

La sinceridad provoca en el que la practica lealmente, una serie de fuerzas violentas. estas fuerzas sólo se muestran cuando tiene que producirse eso de: "Tú que me has metido en este dédalo, tú me sacarás". Y si usted es sincero, va a percibir la voz de estas fuerzas. Ellas lo arrastrarán, quizá, a ejecutar actos absurdos. No importa. Usted los realiza. ¿Que se quedará sangrando? ¡Y es claro! Todo cuesta en esta tierra. La vida no regala nada, absolutamente. Todo hay que comprarlo con libras de carne y sangre.

Y de pronto, descubrirá algo que no es la felicidad, sino un equivalente a ella. La emoción. La terrible emoción de jugarse la piel y la felicidad. No en el naipe, sino convirtiéndose usted en una especie de emocionado naipe humano que busca la felicidad, desesperadamente, mediante las combinaciones más extraordinarias, más inesperadas. ¿O qué se cree usted? ¿Que es uno de esos multimillonarios norteamericanos, ayer vendedores de diarios, más tarde carboneros, luego dueños de circo, y sucesivamente periodistas, vendedores de automóviles, hasta que un golpe de fortuna los sitúa en el lugar en que inevitablemente debía estar?

Esos hombres se convirtieron en multimillonarios porque querían ser eso. Con eso sabían que realizaban la felicidad de su vida. Pero piense usted en todo lo que se jugaron para ser felices. Y mientras no se producía lo efectivo, la emoción, que derivaba de cada jugada, los hacía más fuertes. ¿Se da cuenta?

Vea amigo: hágase una base de sinceridad, y sobre esa cuerda floja o tensa, cruce el abismo de la vida, con su verdad en la mano, y va a triunfar. No hay nadie, absolutamente nadie, que pueda hacerlo caer. Y hasta los que hoy le tiran piedras, se acercarán mañana a usted para sonreírle tímidamente. Créalo, amigo: un hombre sincero es tan fuerte que sólo él puede reírse y apiadarse de todo.

Encontrado en: http://www.lainsignia.org/2002/enero/cul_022.htm


-------------------------------------------------------
Atenti Nena que el tiempo corre...... Roberto ARLT

Carlos Echeverry Ramírez--Colombia

fitofeliz@hotmail.com

miércoles, abril 08, 2009

Reflexiones para "La salud mental" --Carlos Echeverry Ramírez



TECMODA Primer Centro de Tecnología para la Industria de la Moda en Venezuela


para: Paula a las orillas del Paraná






©Carlos Echeverry Ramírez-Colombia-Canada

Reservados todos los Derechos de Autor ante: CIPO Y WIPO



Queridos amigos y lectores en diferentes regiones de Latinoamérica debido al NO Respeto en los Derechos de Autor por una de las más grandes redes sociales --- de intercambio de fotos e info privada que existe hoy en día ...es decir “Orgía de vanidades..y Egos”...-----he decidido de NO seguir publicando El último viaje en fragmentos como lo venía haciendo. Quiero dar mis mas sinceros agradecimientos a la revista Semana de Colombia, al diario El Clarin de Buenos aires por haberme colaborado en ese proyecto. Mil gracías de corazón

Tremenda sorpresa me llevé despues de que charlé con la Divina y Extraordianria Paula de Paraná y le comenté hace unas semanas: Que no me gustaba subir nada en ese sitio porque alli se apropíaban en forma indebida de todo el material que uno subía mismo hasta despues de muerto.

La semana pasada entré a ese lugar y despues de 4 meses de no hacerlo y al cual solo subí mi vieja foto y un cuento cuando por curiosidad lo hice la primera vez.

Mayor fue mi sorpresa al encontrar mucho o casi todo el material escrito por mi en los últimos años ...

Cosa sorprendente... pero muy creible en le Mundo en el cual vivimos...y por ello mismo en la medida que pude a los días siguientes y con ayuda de abogados, y gastarme una buena suma de $$$ logramos borrar o que No se publique nada de lo escrito.
Sin mi autorisación o de los representantes y editores en Argentina, Mexíco, España y la convulsionada, triste y siempre moribunda: Colombia. Un saludo especíal al Silvio en barcelona y la Juana..esperando todo esté cada dia como lo merecen ellos dos juntos...metta metta....


A las bellas orillas del rio Paraná, hace un año que estuve alli y compartía alegría y Paz, disfrutando de los momentos mas felíces de mi vida por el hecho y circunstancia de conocer personajes extraordinarios, gente muy linda, el André, el Carlos, el orlando capurro y familia y en uno de los medio ambientes mas bellos que haya podido conocer en la infinidad de paises y lugares donde he vivido y compartido siempre la Alegría y Risa de vivir y estar aún con vida...con las personas a mi al rededor... debo decir ya hoy en día...que tambien encontré y conocí el lado oscuro de algúnas piscópatas y perversas con titulo...


Mando un saludo especíal y de reflexión en estos dias por venir ....

Es decir estas palabras van para aquellos aquellos seres humanos que por estos días dandosén golpes de pecho, avanzan de rodillas con granos de maiz por centenares de metros con lagrimas de cocodrilo en los átrios y naves de las iglesias, mientras maltratan a sus madres ancianas e invadidas de cancer y para aquella (s) que gritaban desde la vereda del frente de su casa y desde la edad de los 10 años y por muchos años despues a su padre: Turco HP andate a la mierda.... Y el solo en silencio la observaba...

Que tienen al “negro” sus trabajadoras y trabajadores con salarios no dignos de un ser humano, (hoy en dia demandadas por esos trabajadores) para aquellas laburantes que trabajan en hospitales de tercera sin servicios de peditaría, pero que sin embargo se siguen creyendo las últimas coca Cola del desierto.

Peso si... y tambien muy orgullosas con Lolas y Colas muy alegres e inquietas y hoy más que nunca insatisfechas despues de” el último viaje” a cali.

Si mis queridos amigos y lectores dandoles Bendiciones y No maldiciones para aquellos seres que dicen y decían : Negro hijo de puta como decía junto a la piscina un conocido y perverso personaje del litoral en Paraná y de un pequeño pueblo con hospital sin servicio de peditaría...es para ella y todos aquellos que odian a todo aquel que piense y actue diferente a ellos.

Y que maltratan a los humildes y aquellos marginados por el Estado y la mal llamada “Sociedad” y clase media de “Colombia” y Argentina, España o Mexíco....llamandoles Negros Hijos de Puta , Indios y negros chotos, putos –arpias viejas...etc... y todas aquellas Bestialidades y palabras nacidas de algo que solo tiene un nombre :

la Ignorancia sin limite .....La perversidad y maldad del Intelecto.

.la infamia Total hecha realidad en ella y ellos y lo que represaentan y será en el futuro si no cambian de actitud y toman consciencia de su accionar por siempre equivocado..todo se devuelve todo...todo hasta el movimiento de las alas de una mariposa....en la China...Cali o Barcelona


Es interesante observar...---no mirar—Observar muy bien....ya qué no es solo necesario mirar el bosque sino saber y conocer las especies que lo conforman...

Yo me pregunto hoy en dia que escribo estas lineas...El por qué nunca .nunca esos perversos y siniestros personajes de Lolas y Colas alegres e inquietas e insatisfechas...Nunca Nunca se cuestionan asi mismas: del daño, terror, desolación y llanto, tristeza que han inflingído en los otros seres humanos que se atrevierón a creer, o confiar en ellas o ellos.

Y como lo fueron y son su . propia Madre, (RIP )Padre (RIP), hermanos, benefactores, amigos—“prima” y amigas en Rosario y Gualeguay..

¿El por qué tambíen me pregunto?... Los curas y aquellos que tanto predican el crsitianismo NO tiene la Enteresa y el Valor y la ética de decir en sus largos sermones a los mas afortunados economicamente de: pagar salarios más Justos y dignos a sus trabajadores y esclavos.

¿El por que se acepta y se tolera a estas personas por nosotros y se les considera paradigmas en lo Moral y Social ..?

Cuando solo han sembrado, tolerado y, aceptado en complice silencio y dando certificados truchos de incapacidad de trabajo y otros detalles mas declarados y ya denunciados y muy conocidos y estudiados por la AFIP en estos momentos.

¿Porqué hemos aceptado que desde su poder ficticio y efímero y que les brinda un titulo académico o un puesto en una burocracia, Nos llenen de terror, llanto, desolación, angustia, en/ y a los otros seres Humanos....?

Definitivamante el Mundo está al revez como decía Alan Jara..de Colombia hace unos meses cuando fue liberado de un secuestro de siete años -----¡!!si así como se leé siete años---- por la Farc!! ..cosa Inaceptable desde todo punto de vista y horrible crimen de leza humanidad.

Como lo es en si mismo y sin perdon algúno el hecho de usar la Ciencia de la Salud Mental para: manipular, engañar, robar, abusar, chamuyar, y sacarle el dinero a las personas que solo llevan: Alegría y PAZ en su Corazón.

Un abrazo y mis mayores alegrías para todos...

En Toronto—Canada

El dia miercoles abril 8 del año 2009

©Carlos Echeverry Ramírez

sábado, abril 04, 2009

Carlos echeverry Ramirez--Colombia-El último Viaje-Fragmento (15)




El último Viaje

ISBN: 0-9683701-0-1

Reservados todos los derechos de autor ante CIPO y WIPO


Fragmento (15 )El último Viaje

---------------------------------------

Reposadamente, como si fuera un Arquímedes y Demóstenes tropical hablé:


-Señores de la Justicia, señores representantes de todas las instituciones y gobiernos del mundo, mujeres, hombres y niños aquí presentes...


Observé cuidadosamente a los hombres de los aparatos, los de los medios de comunicación, los que casi siempre controlan el Poder, los omnipresentes y pervertidos gringos, para recordarles que no podían perder esta exclusiva del drama de mi vida, en vivo y en directo para todos los lugares del mundo con sus cámaras de video y aparatos de radio y ¡quién sabe qué otros más!

Continué la arenga diciendo unas palabras de mi padre:

-Mi única riqueza terrenal desde la infancia ha sido el amor a la libertad y todo aquello que encierran esas palabras en el desarrollo del hombre. Los únicos objetivos en mi vida han sido y serán el desarrollo integral del hombre, en armonía con la naturaleza.

Me extrañé al escuchar un fuerte y largo aplauso y continué hablando:

-Soy testigo, como todos los aquí presentes y ausentes, de que este siglo por terminar, este milenio que llega a su fin, ha sido el siglo más cruel, atroz y sangriento de toda la historia de la humanidad, y del hombre desde su aparición en la Tierra. Lo hemos visto y sentido todos.


Sí, todos los aquí presentes y ausentes, hemos visto cómo el hombre encadenó al mismo hombre, hemos visto con terror impotente Hiroshimma y Nagasaki, las dos guerras, los cientos de batallas de siglos pasados; hemos visto cómo nos masacramos los unos a los otros: ¡Sólo por el oro!, Sí, ¡el oro!

Hubo rumores e imparables aplausos en la sala.

-Yo me pregunto -continué- y les quiero preguntar a ustedes, los trece hombres que representan la Justicia del Mundo, y a todos los aquí presentes y a los ausentes...

Aquí interrumpí, y con parsimonia miré a lo lejos, hacia las tribunas donde estaba la gente, saqué el pedazo de panela del pantalón y lo di a mi mula Policarpa delante de todo el mundo. ¡Y los gringos filmando y grabando! Según ellos, este, un acto único de belleza y ternura…


Mientras tanto, la mula y la perra me miraban fascinadas, la perra movía la cola en forma desesperada, igual que la arisca mula que se espantaba la invasión de moscas, también presentes en la sala.

Cuando la golosa mula terminó de engullir la panela, continué el discurso.


Recordando mis años de infancia, en medio de un cañaduzalen el Valle del cauca , en nuestra escuela y dicen también, que en todas las escuelas del mundo, en aquellas de pueblos con calles polvorientas y sin acueducto, donde sólo el hecho de encontrar agua es una titánica labor de tres hora en un burro o en una mula como ésta, -mi mula mira de reojo ¡me pica el ojo!-, en las que se enseña desde la edad de la leche materna, que en Europa, en países como éstos y en un lugar llamado Suiza hubo un hombre, cuyo nombre ya está olvidado por todos y aquí por nosotros...
Diciendo esto miré otra vez alrededor, a lo lejos, a los amaneceres de mis tierras y las pampas, el sol lejano, acaricié mi mula con cariño, escuché los pájaros y las cascadas de agua, el sonido entre los ríos y la algarabía del recreo en la escuela; volví y observé a los trece hombres de la justicia y a las tribunas a reventar; caminé alzando la voz, mirando la tenue luz de las ventanas y dije:


-Jean Jacob Rousseau. ¿Lo recuerdan ustedes acaso?

¿Lo olvidaron ya?

Me quedo en silencio y vuelvo a mirar alrededor en aquella sala grandísima, acostumbrado al espacio pequeño de la celda.

Miro la sala de madera vieja, con sus muebles todos llenos de gorgojo, con las ventanas todavía buscando a Dios desesperadamente.

Analizo de nuevo a los trece ancianos, el intérprete, el abogado defensor y los policías detrás; lo mismo que a aquellos que continuaban entrando al lugar a presenciar este hecho histórico en mi vida de trashumante, día que cambió mi vida y el resto de lo que me falta por vivir.


Después de hablar, sobre la sala cayó un silencio helado. Se sentía el frío y en el exterior de la sala caía la lluvia.


Los presentes, en la mitad de este silencio nos mirábamos los unos a los otros enmudecidos.

Sólo se escuchaba el silencio sepulcral que sentíamos.


El silencio de la muerte.


Ese silencio que hemos sentido millones de veces, el que se siente siempre en las trincheras de la guerra después de escuchar los fusiles y el que sentimos en las tumbas después de los asesinos y criminales bombardeos.


De pronto, en el silencio de la sala se hizo presente para sorpresa de todos.

Como por arte de magia, apareció el amigo: J. J. Rousseau.


Recuerdo que se paró muy tranquilo al lado de mi mula, la acarició contento, le miró las muelas con curiosidad, examinó los cascos, tanteó el cuerpo y la altura; con gran placer y admiración miraba la excelente calidad de las carguitas de café y el racimito de bananas; la mula arisca lo miraba de reojo y le pelaba las amarillentas muelas.

Yo apenado sonreía.

Segundos después, Rousseau empezó a mirarnos a todos los presentes.

Muy serio y preocupado miraba a los trece hombres de la justicia, a los acusadores, a los duros y a los representantes de los gobiernos y las instituciones, a los pueblos mediocres, con incredulidad e impaciencia.


Rousseau miraba tristemente en nuestros ojos todo aquello que habíamos hecho después de su muerte; al dar vueltas por la sala sentía la misma soledad y angustia de todos los reunidos en ella.

Miraba a la Justicia detenidamente y, con especial interés, detuvo su vista en los trece hombres del estrado.

Sus ojos reflejaban la tristeza infinita que le causaba el tener que aceptar el deplorable estado de la Justicia moderna... Sí, la farsa de la llamada Justicia moderna, los hombres que la ejercían y los que la padecíamos.

Miraba las ilógicas relaciones económicas, políticas y sociales entre los pueblos.


Por último, Rousseau retiró su mirada, en este silencio helado de las trincheras y silencio último de nuestra muerte por venir, y se alejó ensimismado de la sala.


Yo, en ese momento, recordé las tumbas de Tasajera en el Caribe de Colombia, caminé un poco a la izquierda, y dirigí mi mirada a las tribunas y a los trece hombres de la Justicia.

Escondiendo una sonrisa, ¡por joderlos! y haciendo una sombra inmensa con mis palabras dije:

Continua...

Carlos Echeverry Ramírez--Colombia-Canada

fitofeliz@hotmail.com

www.carlosecheverryramirez.org

Reservados todos los Derechos de Autor ante CIPO y WIPO

lunes, marzo 30, 2009

El último Viaje-Fragmento (13) Carlos Echevery Ramirez-Colombia

El último Viaje

ISBN: 0-9683701-0-1

Reservados Todos los Derechos de Autor Ante CIPO y WIPO

Fragmento (13)

Escrito En la ciudad de Toronto -Canada el dia 28 de diciembre del año 1996



Fotografía con propiedad intelectual de PhD Carolina Constabel Lemberg ante CIPO Y WIPO-Reservados todos los derechos de Autor

--------------------------------

De repente todo quedó en silencio. ¡Sí! En silencio.


Todo era silencio. Y sólo se oía el dramático llanto de un recién nacido.

Este bebé venía colgado, amarrado a la espalda de una Mujer Divina, muy pequeñita y descalza, vestida toda de rojo y con el cabello negro ensoñador amarrado con un bello trapo de colores.

Una indígena hispanoamericana.


Al escuchar todos los presentes en la sala el llanto en el dominante silencio, milenariamente sentido únicamente por ella y su etnia, con unos movimientos armoniosos, exactos en el tiempo y sin mirar a su alrededor, ausente de todas las miradas que reprochaban injustamente el llanto del niño; con todo su cuidado y su amor infinito bajó al bebé de su espalda.


La indígena, manipuló al recién nacido armoniosamente para ponerlo al frente de su pecho y sostenerlo en sus brazos; luego, lentamente debajo de su poncho rojo con delgadas líneas verticales de colores amarillo, azul y blanco, verde, azul, morado, anaranjado y negro entramados bajo la tenue luz que entraba en la sala por las ventanas, corrió muy despacio con su mano derecha, la suave tela de su atuendo en el lado izquierdo y sacando con plena alegría su teta rosada ante todo el mundo y con un bello pezón grande de color lila, la puso en la ávida boca del bebé.


La sala impávida y aterrada observaba fascinada cómo el bebé se callaba y alimentaba.

Ahora feliz la criatura.

Sonó el mazo del juez otra vez.

Y empezó el proceso.

-----------------------------------

Continua...

Carlos Echeverry Ramírez-(Colombia-Canada)

fitofeliz@hotmail.com

www.carlosecheveryramirez.org

viernes, marzo 27, 2009

Fragmento(12) Carlos Echeverry Ramírez-El último Viaje

El último Viaje

ISBN:0-9683701-0-1

Fragmento (12)

Reservados todos los Derechos de Autor ante CIPO y WIPO

Escrito el dia 28 de diciembre del año 1996 en toronto-Canada


Carlos Echeverry Ramirez
Colombia-Canada
--------------------------------

Ahora sí no podía creer en este show que montaron los gringos pervertidos. Todo por un infeliz tiquete de tren que sólo costaba unos miserables dólares; y yo, otro infeliz más por no haberlos tenido para pagar.

Al ver todo este montaje me pregunté qué iba a hacer si tengo un carcelazo mínimo de doce meses asegurado.

Miraba ese show tan grave en que se había convertido mi vida y seguí dando unos pasos para volver siempre adonde comenzaba, miraba al intérprete, a los abogados acusadores, miraba a mi honesto abogado o abogado pobre, y a los seis policías detrás del abogado y del intérprete hechos unas momias egipcias.

Incrédulo ante tanto personaje raro, que no cesaba de entrar en la sala; y asustado al presenciar todo este espectáculo que se estaba formando; observaba cómo los gringos se apropiaban sin derecho alguno del escenario.

Mayor fue mi asombro cuando empezaron a llegar los duros del Poder y del billete con sus guardaespaldas o lavaperros. Posteriormente llegaron los embajadores con sus amantes de sugestivo caminar.


Detrás de ellos irrumpieron otros especimenes más raros aún: los hombres que trabajan en las instituciones como la OPEP, la ONU, la UNESCO, OEA y todas aquellas organizaciones similares; entraban los indígenas wayúu, los del Orinoco, los del Amazonas, los de la Sierra Madre en México, los de Yucatán, los mapuches, mocovíes, aymaras, los tobas, jujuyes, wichies, los coyas de la argentina, los de la Selva Lacandona en México; también entraban otros quemando figura con sus pancartitas conocidas de la velita prendida rodeada de alambre de púas.


También se sentaron llenos de ansiedad unos hombres con los polvos reprimidos del obispo y vi además a los obispos entrar con los polvos reprimidos de sus parroquias, pidiendo diezmos para financiar a los afeminados niños sacristanes.


Entraron unas mujeres fantásticas por la expresión en los ojos, la belleza de su voz, el lenguaje de sus manos, y sus contoneos al caminar rítmica y sensualmente.
Con cuidado, miré a los hombres olisquear el perfume de las mujeres y diluirse en el aroma, para terminar metidos en la selva negra, toda enmarañada, ¡y peluda!; los vi salir ¡locos del totazo! de ese especial lugar.


Recordé aquello de que “Jala más el pelo de un pubis que un elefante”.


Admirado logré ver una amiga de Tinterillo entrar con un abrigo de visón negro y sombrerito rozado con un velo en tul cubriéndole la cara. Elegantísima... los hombres del poder y del dinero todos la miraron entusiasmados: ¡Ah!
Les pasó inadvertido a estos personajes, que todo lo advierten cuando se trata de dinero, un precioso momento: frente a mí, rápidamente y con disimulo, la mujer abrió el abrigo y me mostró sus botas negras de cuero terminadas en punta a los costados de la mitad de sus piernas, su pequeñita tanga de cuero negra, en armonía con su cabello, sus bellísimos, espectaculares y duros senos, llevando los pezones cubiertos con mínimas tapitas de cuero negro unidas por una cadenita.

Ella, como siempre en su vida y su trabajo, con sus bellísimos y afelinados ojos verde esmeralda, uno de los cuales se cerró cómplice, me envió un beso soplado con la mano; así se fue a sentar muy feliz, con sus dos disimulados latiguitos en las manos, entre sus mejores, perpetuos y como siempre desesperados clientes:

los hombres del Poder y el dinero, los duros, que estaban ahí presenciando mi condena o lo que se esperaba esa mañana.


Le respondí a nuestra amiga su grato gesto con una picada de ojo, recordándole los felices tres días que estuvo con Tinterillo en el apartamento de mi hermano Pío en París.

No puedo describir en este corto relato, a todos los tipos de personajes que entraban y tomaban posición para participar en el juicio de mi vida, allí en el tribunal de la ciudad de Ginebra.

También observé unos hombres con gafas oscuras y bastoncito fino, que caminaban más rápido que todos; los vi sentarse y más tarde, llenos de la risa contar los billetes por sus puntos de relieve en las esquinas, sólo prestos a escuchar y sentir las palabras y todos los instrumentos que iban llegando con la gente de las diferentes partes del mundo.

No podía creer... También estaban los sordomudos echando arengas políticas con sus manos, mientras toda esta acción pasaba y “los gringos filmando”.

En el reloj del intérprete faltaban sólo seis minutos para que salieran los jueces.

Empezó a molestarme el estómago por el miedo que tenía, pero no había nada que hacer: la suerte estaba echada.

Caminé algunos pasos y saqué del bolsillo del pantalón una pastilla para el continuo dolor en la espalda. Tenía pánico por los doce meses del eventual carcelazo.

Caminando a la izquierda observé a unos hombres viejos, vestidos de toga negra que entraron por la puerta que estaba detrás del estrado; uno por uno fueron tomando sus asientos en el mismo orden.

Caminé a la silla y me senté.

Sonó el mazo del más anciano pidiendo silencio, volví a mirar el reloj del intérprete y eran las 11:30 de la mañana.

Pensé que en mi tierra en ese preciso instante apenas estaríamos despertando con agua de panela en vasija de barro o en las finas tazas de porcelana, entradas de contrabando, tomando café fresco, y calientico, de la Colombie.

Los hombres viejos de la justicia, ancianos jueces a no más, empezaron a cuchichear de un lado al otro. Mientras tanto miraba a los jueces detalladamente, sus togas negras, sus cabellos blancos, sus manos largas y huesudas, ya gastadas de tanto voltear las páginas de los libros donde se encuentran las leyes escritas.

Analicé la mirada de ellos, en especial sus narices aguileñas, y me llamó la atención, la forma en que miraban a toda la gente extranjera y rara para ellos, que se encontraba sentada o seguía llenando la sala; vi su cansancio, algunas amarguras en ellos al no aceptar los cambios en sus vísceras y el resto de su organismo.

Extrañé en ellos sus risas idas con el pasar de los años.

El más anciano tomó el mazo y enérgicamente dio tres golpes.

Pensé que había escuchado, ya que, después del silencio de la celda, llegar a este ruido y tantos sonidos incomprensibles me resultaba penoso y alteraba mi percepción de las cosas.

Continua...


Carlos Echeverry Ramirez
Colombia-Canada

fitofeliz@hotmail.com

www.carlosecheverryramirez.org

sábado, marzo 21, 2009

El último Viaje -fragmento(10) Carlos Echeverry Ramirez-Colombia

El último Viaje

ISBN : 0-9683701-0-1

Escrito en toronto-Canada el dia: 28 de diciembre del año 1996

fragmento (10)


Sí, Pierre, te aseguro, porque lo conozco, que si fuera suizo, francés, alemán, español, inglés, o gringo, en la misma situación fortuita, no hubiera pasado nada. A lo mucho, me hubieran expedido una boleta de amonestación, a pagar junto con sus próximos impuestos.

Pierre no me miró en esos instantes y, con rabia dirigida a no sé quién, salió cerrando con amargura la pesada puerta con su doble seguro electrónico.

Yo me quedé pasmado, y duro, como una estatua defecada tantas veces por las palomas, como las que hay en Europa en todas las esquinas y parques; estatuas pocas veces erigidas por la merecida gloria transitoria de algunos hombres.

Yo, ahora una estatua tropical, me quedé pálido al recordar mi reclamo.

Cuando rompí el mármol de la estatua me puse a meditar en lo que Pierre Charbonell había dicho. Me levanté del pupitre y me acosté en la cama, creía que sólo había necesitado unos días para adaptarme a ese mínimo espacio.

Los primeros días fueron muy duros, eternos, había empezado a sentir una náusea y, ahora, un sentimiento nuevo que tampoco me dejaba descansar.

Pensé en mi esposa, recordé todos los años a su lado y viví de nuevo los momentos más felices, también recordé los días tristes y amargos. Luego me quedé dormido en el largo silencio de la noche y en la soledad de la celda. Tratando de sentirme libre.

Al día siguiente, Pierre Charbonnel, el carcelero, volvió con el desayuno a la hora de siempre: 7:00 a.m. Venía más contento, diferente a aquel ser que sonreía poco cuando le conocí. Sin hacer ningún comentario del día anterior, inmediatamente soltó el rumor de Ginebra, al mismo tiempo que tomábamos un Café de la Colombie.


-Cato, toda Ginebra conoce tu situación.

Tu caso ya es conocido en Europa y Norteamérica. Lo mismo que en el Japón.

Los momentos de la estación central del tren, cuando el hombre te golpeó con el fusil, han dado la vuelta al mundo en la televisión y por la prensa y el internet...

Miles de personas se comunican y condenan este hecho. No se puede creer en el mundo que esto ha pasado en Suiza, el país de la igualdad, el país más civilizado y, donde se encuentra guardado el oro del mundo, las riquezas del hombre contemporáneo.


Con sonrisa nerviosa narró que en los cafés, las universidades, las instituciones, en las calles, en las famosas y conocidas lavanderías de los bancos, y muchos otros lugares, la gente hablaba y conspiraba, unos a favor y otras personas en contra de lo sucedido en la estación.

Riendo, comentó cómo los clochard, con botella de vino en la mano en alto y sus trajes desgarrados, con la mugre encostrada y hablando en monólogos incomprensibles, dirigían también su protesta y se solidarizaban conmigo.

Decía que los grupos de teatro y los músicos venidos a sus respectivos festivales que ya se iban a celebrar habían sentado su protesta.

Los artistas y escritores de oficio habían enviado cartas de rechazo enérgico y total al gobierno y exigían explicación rápida a este hecho no conocido en esta apacible ciudad.

Ciudad llena de hombres serviles, uniformados de gris y corbatas rojas, con orgullosos escuditos metálicos en las solapas de sus sacos, como si fueran escudos para protegerse de las guerras o como si fueran trofeos obtenidos en ellas.

Recordando una vez más las estatuas europeas, apenas lograba escuchar con más y más incredulidad todo lo narrado por Pierre Charbonell.


No podía creer toda esta historia. ¡Esto es increíble!
-Señor Charbonerll, ¿Es verdad todo lo que usted está narrando?
-Deja que te saquen de aquí y te lleven al tribunal para que veas todo este escándalo que se formó por un tiquete de tren -contestó riendo-.


Miró el reloj, caminó hacia mí y dio la mano por primera vez.
-Mañana regreso. Te traeré cuchillas de afeitar y shampoo para el cabello, de esta forma pasado mañana estarás en buen forma y mejor aspecto físico para estar en el tribunal.

Salió y cerró la puerta con su mecanismo electrónico.


Todavía sin creer lo escuchado, me levanté poniendo el libro abierto sobre el pupitre, caminé un poco, hice algunos ejercicios de respiración a pesar del dolor que todavía me invadía.

Caminé hasta la cama y pensando en todo lo escuchado dije riéndome:
¡Lo único que me faltaba!
¡Qué tal que la belleza de mi suegra se enterara!
¡Que el suegro me reconociera en la televisión!
¡Imagínense!

El día transcurrió normal entre la lectura y las meditaciones.

Pierre lo tenía libre. Otros guardias me trajeron la comida.


Ya en la noche, pensé en mi esposa, fui con el pensamiento junto a ella y me acosté feliz.

El día que llegó pasó igual que los días anteriores, y empecé a sentir la necesidad de espacio para dar más movimiento a mi cuerpo.

Me levanté igual que antes. Pierre llegó con el desayuno, trajo unos periódicos escritos en francés y otros en inglés; en las fotografías de ellos, pude ver la imagen de mi cuerpo que caía al duro cemento del piso en la estación.

Sorprendido miré las fotos y leí lo que se decía con ellas. Unos periodistas a favor mío, junto con las organizaciones de derechos humanos siempre listas a formar escándalo e impotentes ante estos hechos. Había escritos inaceptables, que justificaban la actitud y el hecho ejecutado por el hombre del uniforme con su fusil en mi espalda.

Después de mirar todo terminé de tomar el café y caminé más de dos horas como fiera encerrada en su jaula, pensando más y más en el carcelazo que se venía encima.

Respiré profundo y me senté en la misma posición que los días anteriores en el pupitre de escuela. Leía los libros traídos y esperaba así que pasara el tiempo para ir al tribunal y saber por fin, qué sería de mi destino después de siete días de estar encerrado.

Al mediodía, después del almuerzo, me afeité por primera vez la tupida barba negra con sus escasos puntos blancos, mostrando que el paso inexorable del tiempo en mi cuerpo había empezado a traer la madurez que nos lleva, sin discriminación alguna a la vejez, que es peor que una pobreza mal llevada o una riqueza mal administrada.

La tarde pasó sin mayor novedad, llegó la hora de la comida y esperé el momento de abrirse la puerta. Pierre entró igual que los días anteriores: -¿Cómo estás?-
Bien, bien. Pero con una ansiedad sin límites. Después charlamos en medio de la risa causada por los nuevos rumores contados en Ginebra.

El carcelero caminando sin parar por el espacio de la celda y como si fuera igual que yo, otro prisionero más del pequeño espacio, contó que mañana, día del juicio, también era el cumpleaños de su esposa.

Tenían planeado cenar juntos en un restaurante, uno de aquellos con la versión romántica del amor: a media luz con la velita prendida para espantar el humo de los ansiosos fumadores y, luego ir a casa, donde tenían preparada una reunión con algunos colegas de la universidad y del trabajo de ella.

Yo escuchaba sus palabras y esperaba que la ansiedad disminuyera con el paso lento de las largas horas, para así estar menos cansado en el tribunal.

Pierre Charbonell estuvo un corto tiempo, luego volvió a despedirse y salió, cerrando la puerta metálica otra vez con el doble seguro electrónico.

Respiré profundo varias veces y me tomé las pastillas para el dolor en la espalda. Me miré en el espejo en varias ocasiones, para asegurar la presencia en esta celda, para estar seguro de que estaba vivo, que existía; luego, me senté en el pupitre y leí alrededor de tres horas.

Esa noche en el ilimitado silencio y la soledad de la celda, escuchando conscientemente los latidos del corazón y sintiendo su movimiento, dormí.

Mi cansancio por la angustia acumulada no tenía límite.

El viernes llegó, llevaba ocho días encerrado en ese lugar, en esa cárcel, tratando inútilmente de adaptarme a la limitación del espacio y al desplazamiento fuera de ella.

La puerta metálica hace sus sonidos ya conocidos y grabados en la memoria; es el carcelero con el desayuno. Hoy mira con lástima. Quizás es lo único que proyecta al mundo exterior mi figura y mi cuerpo.

Pierre Charbonell comentó algunas cosas de literatura. Pude notar en él que su conocimiento e interés por los escritores latinoamericanos había crecido.
-Debo irme. Regresaré a las 9:30 de la mañana para que vayamos al tribunal.

Te deseo la mejor suerte. No pienses en nada.
No te preocupes; peores cosas han pasado en la vida de los grandes hombres, dijo después que terminamos el café.

No sabía qué pensar o de qué sostenerme en esta caída sin final, en la que se convirtió mi vida en los últimos días.

Había vuelto a vivir segundo a segundo todos los minutos dentro de las horas que llevan los días de los meses y los meses de los largos años que forman nuestra vida.
Pensaba en mi esposa, la mujer que ya había compartido conmigo ocho años de su vida, antes de ser llevado al juicio público en el Tribunal de Justicia, en la ciudad de Ginebra, en Suiza, en el país del dinero y el hombre moderno.

Con ella mentalmente viajé por todos los lugares que había conocido, tratando de quedarme en los agradables momentos que viví en ellos.

Sentí de nuevo el mismo miedo de la estación del tren, sentía que no era capaz de sacar coraje para seguir en esta situación.

Pensé en mi madre, la llamé, pero sólo vinieron los recuerdos lejanos de ella. En este proceso mental pasaron las horas, hasta el momento en que el ruido de la puerta que se abría me indicó que Charbonell, el hombre encargado de velar, había llegado para llevarme al tribunal suizo.

Me levanté del pupitre y encima dejé el libro abierto. Miré desconfiadamente a los cuatro gigantes que llegaban por mí. Saludaron en francés; luego uno de ellos dijo que tenía órdenes superiores de colocarme las esposas.

Di la vuelta, puse mis manos en la espalda, sentí el frío de las esposas en mis muñecas y escuché el sonido del click indicándome que estaban cerradas. Luego salí esposado entre los hombres armados y la puerta se cerró.

En el corredor, y como cosa extraña, al ir caminando entre las celdas escuché una música y sus coros, la escuchaba en los sesenta metros que con pasos decididos los hombres caminaban...

Sólo escuchaba la marcha de Karl Orff en Carmina Burana, y sintiendo el frío de las esposas en mi espalda llegamos al ascensor. Esperamos unos segundos, la puerta se abrió, entré de primero, miré el suelo y al techo, pude ver la cámara de video a mano derecha.

Continua...
Reservados Todos los derechos de Autor
Carlos echeverry ramirez

fitofeliz@hotmail.com
www.carlosecheverryramirez.org

miércoles, marzo 18, 2009

Fragmento (9)El último Viaje--Carlos Echeverry Ramirez

El último Viaje

ISBN 0-9683701-0-1

Fragmento (9)

Escrito en Toronto-Canada. El dia 28 de diciembre del año 1996

Reservados Todos los derechos de Autor ante CIPO y WIPO


--------------------
Le expresaba, sin pena y temor, que los gobiernos del mundo, con urgencia, debían pasar a las manos de la mujer. Así, pronto, volvería la paz a la humanidad, me miró extrañado.


Porque -le expliqué, la mujer no nació para odiar sino para amar.

Porque la mujer no destruye la vida sino que engendra nuevas vidas.

Porque en la mujer, en su fibra más íntima, no hay egoísmo, ni envidia, ni codicia, ni avaricia; porque, al correr por su seno la leche de vida que lo da todo de sí entrega hasta el calcio de sus huesos, para permitir que cada nueva vida crezca sana y llena de fe, de Ilusiones y de esperanza.

Pierre Charbonnel escuchaba con cara de asombro.

Porque -proseguí- la Mujer, en esencia, es amorosa, tierna y compasiva y siempre actúa con la voz del corazón.

Por ello, amigo Pierre, nosotros los hombres, los machos, debemos en algún momento de nuestras vidas, entregar el control y la dirección de la política y los gobiernos a la mujer. Así, viviríamos por fin con justicia social.

El hombre se sorprendió al encontrar estas ideas y convicciones en un pequeño hombre, de razas mezcladas, con la identidad perdida, venido de tan lejanas y bellas tierras latinoamericanas.

En un momento inesperado lo observé desde el pupitre dirigirse a la ventana y allí mirar la lejanía al exterior.
En voz baja, para mi sorpresa, dijo:

-Cato, ustedes en sus tierras, al menos tienen hombres corajudos que son capaces de ir a las armas para tratar de cambiar el sistema que les imponen los países ricos.

Los sistemas que, aquí en Suiza, demoraron muchos siglos en formarse y los mismos que llevarán muchos siglos en cambiarse.

Ustedes al menos tratan de cambiar su destino aunque sea matándose los unos contra los otros pero nosotros, aquí en Suiza, sólo tenemos una aparente democracia con mentiras santificadas y este lugar donde estás tú.


Tenemos sólo cárceles reales de concreto acerado o cárceles imaginarias en las mentes de nuestras gentes, ya imposibles de romper.

¡Pierre!, -¿qué estás diciendo?, exclamé.

Le repliqué con voz fuerte.

Pierre, ya no estamos en época de conquistas y colonizaciones.

Al borde del tercer milenio, y después de miles y de sangrientas guerras en la historia del hombre debemos aceptar, con amor entre hermanos, con humildad y compasión, que las balas y los fusiles no conducen a un mejor lugar. La guerra todo lo destruye.

Las balas y la intolerancia sólo conducen a tierras desoladas, improductivas, llenas de cruces, con millones de mujeres y niños sufriendo hambre en absoluto abandono y miseria; con millones y millones de desplazados por la violencia, pues sus hombres de paz, sus hombres de bien, antes que los maten, están migrando a otras latitudes, a otras naciones.

Sí, están migrando a nuestras -madres patrias, que desde hace siglos, con las conquistas y las colonizaciones, nos impusieron su sangre, su cultura, sus doctrinas y sus costumbres; pero para colmo, estos emigrantes, siendo sangre de su sangre, siendo sus propios hijos con culturas adoptadas, son recibidos como parias, como miserables invasores, destructores de su bienestar y violadores de la aparente paz y tranquilidad en la que viven los otrora Padres.

Mírame ¡Pierre!, llevo cinco días privado de mi vida.

Privado de la libertad, por una situación fortuita, incomprensible para ustedes, por no tener unos pocos, míseros dólares, para pagar un infeliz tiquete de tren.

Continua...

Carlos Echeverry Ramírez

fitofeliz@hotmail.com

www.carlosecheverryramirez.org

domingo, marzo 15, 2009

Fragmento(8) El último Viaje--Carlos Echeverry Ramírez

El último Viaje

ISBN : 0-9683701-0-1

Reservados Todos los Derechos de Autor ante CIPO Y WIPO

Fragmento (8)



Fotografía con Propiedad Intelectual de Noemira2009 ante CIPO Y WIPO

Reservados Todos sus derechos de Autor

Fragmento (8)

----------------------------

En este fortuito drama de mi vida, mientras en las calles ya iniciaban las obras del festival de teatro, estando preso en una cárcel en la Suiza, no creía que mi detención fuese a prolongarse más allá de esa tarde o a lo sumo un día más, con lo cual me esforzaba por estar tranquilo.

Cuando estaba cansado de caminar me sentaba en el viejo pupitre de escuela y ahí recordaba mis años de colegio en el Pío XII, y a mis amigos de adolescencia en la ciudad de Cali.

¡Qué alegría me producían!

Luego, para mitigar la angustia, me dirigí a la cama y lentamente sin mover mucho mi parte superior para evitar el dolor del terrible culatazo en la espalda, me acosté para quedar dormido por horas. Perdía totalmente la noción del tiempo.

Al mediodía los cerrojos de la puerta me despertaron. El hombre encargado de mi situación, el mismo de la noche anterior, entró a la celda y miró con interés. Preguntó qué me gustaría leer.

Respondí que me gustaría leer algo del Koran, la Biblia, la historia de las guerras del Peloponeso, algo de los Graco y también le pedí, me encontrara algo de García Márquez.

El hombre se rió y preguntó qué libros de él quería:

-Sus primeros cuentos, de cuando era pobre y un desconocido, respondí.

El carcelero miró sorprendido por el gusto literario y sonreía, mientras continuaba escribiendo en su libreta, fue entonces cuando dijo por primera vez su nombre: Pierre
Pierre Charbonell.

Al terminar de hacerlo, sorpresivamente se levantó y empezó a hablar del gran hombre de Aracataca.

Contó fascinado, como si fuera anoche y de igual forma que los niños en el tren escuchando la historia de amor de los chigüiros, cómo él y su esposa habían salido a las tres de la mañana a caminar, para esperar el amanecer después de haber terminado la historia de amor de Florentino Ariza y Fermina Daza.


Quizá, a raíz de esta fantástica coincidencia, nuestros diálogos empezaron a ser más libres de lo que le era permitido, para evitar los contactos o relación personal con los prisioneros.

Me informó que el gobierno me acusaba de tres crímenes: Robo al Estado, vagabundeo y conspiración.

Robo, por el tiquete del tren. Vagabundeo, por no tener profesión definida y conspiración, ya que había tomado el tren en una forma premeditada, incitando con mi actitud a la gente joven a cometer los mismos actos criminales.

Escuchando esto, apenas miraba la celda y los rincones ya bien conocidos, no creía ni podía aceptar estos tres cargos; de estar sentado subí los pies a la cama, me acosté con esfuerzo y miré hacia el techo de la celda y le pregunté si era verdad todo eso que él narraba.

-Estás en Suiza y con estos crímenes te pueden dar, fácilmente, 24 meses de cárcel.

Inmediatamente y bajo ninguna forma pude contener el llanto. Me acosté en posición fetal en medio del dolor.

El hombre, conmovido al ver mi drama e incapaz de hacer algo para cambiar ese momento, salió y cerró con angustia la pesada y fría puerta metálica.

Con el cansancio acumulado, dormí en el silencio de la celda.

A las siete de la noche vuelvo a escuchar la puerta, es Pierre. Se sonríe, nos saludamos:
-Cato, ¿Cómo está? -Un poco mejor, le contesté con voz quebrada.

En sus manos traía muchos libros. Los miré todos detenidamente y encontré a García Márquez, me causó muchísima alegría y me trasladó en ese momento a los ya, lejanos días de la infancia.

Miré contento y con gratitud al hombre por traer los libros.

Sin despedirse salió de la celda y cerró la puerta. Yo traté de leer, pero las pastillas contra el dolor tomadas a la hora indicada me enviaron a la cama a dormir.

Al día siguiente desperté para el desayuno y el carcelero al llegar, como en los días anteriores con su curiosidad por mi caso, charló un rato. Luego salió cerrando otra vez la puerta con su rutina cotidiana.

Miraba al exterior, pensaba en mi esposa, ¡en mis suegros alemanes! Preguntándome ¡qué tal si supieran en las que ando!
Recordando que llevaba varios años tratando de ser aceptado por ellos, sin lograrlo, por mi condición de latinoamericano, y peor ahora, con este nuevo hecho, nada menos que ¡de Ladrón del gobierno suizo!, de Vagabundo! y de ¡Conspirador!

¡Qué pena con ellos!, ¡pobres suegros!

¡Qué dirán mis amigos cuando les cuente esta nueva experiencia!

Al pasar los días, y con la rutina acostumbrada, el carcelero poco a poco me contó parte de su vida, también hacía preguntas de todo tipo: político, social y económico de nuestra bella tierra latinoamericana.

Preguntaba sobre el estado actual de los indígenas autóctonos. ¿Cuántos quedaban? ¿Cómo vivían? También sobre los diferentes grupos raciales del trópico, surgidos de la mezcla de razas impuestas con la conquista y la colonia.

Le respondía una a una sus preguntas, por mis conocimientos adquiridos en largos viajes, desde Alaska hasta la Patagonia, reconociendo nuestras culturas, tratando de encontrar nuestra verdadera pero perdida identidad.

Cuando se cansaba de hacer preguntas volvía a contarme de los altos impuestos que se pagaban en Suiza, del control estricto que existía sobre la intimidad y vida privada de los ciudadanos.

Decía preocupado que su trabajo era temporal, y sólo por unos meses al año, ya que el resto lo utilizaba para terminar su doctorado en Antropología; estaba ya en la parte final de su tesis y esperaba entregarla el año siguiente, en el mes de febrero.

Con los días, hablábamos largas horas; ya en confianza comencé a exteriorizar mis sentimientos más íntimos, la manera de pensar y que nunca antes pude expresar sobre la cruel realidad, actual, de la humanidad.

Sin valores, sin principios éticos y morales, en camino hacia su destrucción.

Discutimos sobre los distintos y fallidos sistemas sociales, políticos y económicos vividos en la historia de la humanidad. De tantas culturas, sociedades, regiones y países destrozados; de tantas millones de muertes, inocentes, por la avaricia y la codicia; el hambre, el odio, la religión y las balas.

Continua....

Escrito en Toronto el 28 de diciembre del año 1996

Dia de: "los Inocentes"

Carlos Echeverry Ramirez

fitofeliz@hotmail.com

www.carlosecheverryramirez.org

viernes, marzo 13, 2009

Fragmentos(6) (7) El último Viaje-Carlos Echeverry Ramirez-Colombia-Canada

ISBN : 0-9683701-0-1

Reservados Todos los Derechos de Autor ante CIPO Y WIPO

Carlos Echeverry Ramírez es miembro de la Union de Escritores de Canada


Para Catico y la Cattleya...



Cuando desperté me dolía el alma.

Poco a poco abrí los ojos, luego vi un cuerpo pequeño en posición fetal tirado en el piso de una fría celda con paredes de color gris. Era una comisaría de la policía.

Como pude, empecé a tratar de sentir vida en las partes de mi cuerpo, con las manos y muy despacio me toqué la cabeza para estar seguro de que seguía en su sitio. Al hacerlo y tocar mi cara sentí algo seco en la nariz que me impedía respirar bien, era sangre coagulada.

Tomé conciencia de mi cuerpo al tocarme, y al sentirme todo húmedo me di cuenta que me había orinado en los segundos siguientes al culatazo.

Como pude comencé a sentir otra vez todo el cuerpo tratando de aguantar el intolerable dolor en mi espalda, toqué mis músculos y sentí los huesos; respiré profundamente y dije en silencio:

-¡Mal paridos, me dieron por la espalda y estando arrodillado! ¡Y con las manos en alto...!

Al mover más atrevidamente el brazo pude ver un moretón en mi vena; pensé que me habían inyectado algo y que estaba en un cuarto con cámaras de video las veinticuatro horas y luz permanente, con todos esos interminables segundos, minutos y horas que llenan las celdas.

No demoró en abrirse la puerta metálica, por la que un hombre igualmente uniformado, como aquellos que me habían convertido en sólo dolor y llanto, se dirigió a mí hablándome en inglés para ordenarme:

-¡Colombiano de mierda!, coja sus cosas y venga.

Sacando fuerzas y parando las lágrimas producidas por el dolor físico en la espalda y en la cabeza, al golpearme contra el cemento al caer mi cuerpo contra él; con esfuerzo me levanté y en ese segundo pensé en mi esposa, mis padres, mi familia, mis amigos y el lejano país, Colombia.

Apoyando mis manos en la pared de la celda traté de respirar profundo. Me fue imposible. Cogí el morral despacio y salí caminando en zig-zag, dando tumbos detrás del hombre armado que me había ordenado salir.

Así llegamos, tras cruzar un largo corredor, a una oficina donde había cuatro hombres. Se ordenó que me sentara. Traté de recuperar la fuerza física. Con indiferencia me indicaron dónde había un baño, mientras ellos sonreían.


Lentamente y desplazándome con dificultad llegué, abrí la puerta, me miré en el espejo y lloré al ver la cara y mi cuello con sangre seca. Me senté en la taza y lloré por algún tiempo que parecieron horas y horas. Me lavé la cara con jabón, tomé aire y respiré profundo, siendo ahora más consciente que nunca de este acto natural de respirar. Salí, seguí caminando con dificultad y me senté en la silla donde ellos habían ordenado.

En esa oficina se me ofreció una taza de café.

Con escasas fuerzas y las dos manos agarré la taza y por sorbos comencé a tomarlo. Este café me devolvió el ánimo; encontraba algo que era conocido y de mi tierra.

Al tomar el café mis ojos buscaban y preguntaban sin parar a todos los presentes, tratando de encontrar una justificación lógica a mi insoportable dolor.

Después de terminar el café se me informó que me había sido inyectado un calmante.
Preguntaron mirando el pasaporte verde, mi país de origen, edad, ciudad de nacimiento y nombre de mis padres; cotejando esta información con la recién llegada de las centrales de inteligencia en el mundo.

Respondiendo interminables preguntas, repetidas, las mismas y varias veces, tratando de encontrar una ansiada respuesta equivocada, el hombre de más edad y más jerarquía me preguntó:
-¿Señor Cato, cómo va a pagar el tiquete del tren?

Le miré incrédulo, y respondí recordando que no había comido en todo el día ningún sólido ni tomado nada fuera del café:

-Míster, si quisiera pagar el tiquete, en este momento no tengo forma de hacerlo.
Y los miré tranquilamente, quizás, en forma desafiante. Hubo silencio en la oficina; y respondió el hombre preguntándome:

¿tiene oro? No entendí la pregunta y le respondí:

-¿Usted, míster, pregunta si tengo oro?

Me contestó fríamente y con sonrisa cínica:
-Sí joven, hombre, oro, o-r-o, ¡oro! Que al ser pesado resulte el equivalente en dinero del costo del tiquete del tren, que tiene que pagar.

Escuché sorprendido en medio de tanta avaricia y cinismo alrededor. Les hablé con tranquilidad y la paz, que da el sentirse en una situación física como la mía, después de ser golpeado con la culata de un fusil y ¡estando arrodillado!
-Sí, sí tengo oro, míster... -le contesté serio.

Al decir estas palabras observaba cada movimiento producido en sus cuerpos al respirar, cosa que para mí era casi imposible. Los hombres se miraron sorprendidos tras escuchar mis palabras y, luego de un silencio, el hombre jefe dirigió la palabra preguntando:

-¿Dónde, dónde está su oro?

Con sus miradas buscaron mi morral que estaba tirado en el suelo, pensando ellos, que tendría dos lingotes o esos famosos aparatos o kilos blancos, que también pueden ser convertidos en dólares o en oro y que ellos controlan por medio de la ley. Y, que, a sus gentes les fascina consumir.

Oro y kilos de coca, convertibles en dólares de aquellos personajes, que en los últimos años con sus negocios ilícitos y bien tolerados por sus gobiernos en el silencio y la complicidad del amplio y codiciado soborno; permitiéndoles tranquilamente y con toda facilidad caminar por las calles de las grandes ciudades de Norteamérica y Europa.
Allí, donde se castiga ejemplarmente este crimen, según sea el poder económico y país de origen del sindicado. Y, dichas estas palabras abrí la boca lo máximo que pude.
¡La abrí toda!, Sí toda, sin pena y con orgullo mostré mis molares bien enchaquetados en oro, mostré mis entrañas, y el oro de las montañas de Colombia y Latinoamérica.

Ese era mi oro.

Esa era mi riqueza.

Sí, toda mi riqueza, todo el amarillo, para pagar el tiquete de un tren, única riqueza acumulada después de mis herencias y de haber vivido y viajado por todos los continentes.

Los hombres de la comisaría se quedaron atónitos con ese gesto después no hubo más palabras entre nosotros. Hubo un largo silencio.

Después, el hombre de más jerarquía, me informó por último que sería llevado a la casa de la policía, a la cárcel, mientras el caso llegaba al tribunal para definir mi situación, en posteriores días.

Minutos más tarde, con toda la complicidad y secreto de la importancia del caso, ellos, compartieron entre risas nerviosas y en partes iguales una chocolatina suiza.
Uno de ellos se levantó de repente, y sacó con energía de su cinturón unas esposas y las puso en mis manos, las cuales llevaría en la espalda.

Miré el reloj, eran ya las 11:00 p.m., habían pasado cinco horas después del incidente en la estación del tren. Me ordenaron nuevamente firmar unos papeles y sin leer firmé lo que fuera, ya que mi cuerpo y la mente no toleraban más el dolor y el cansancio de lo vivido ese día entre estos ejemplares, los hombres del poder armado.

A la cárcel nos trasladamos en dos automóviles y un camión grande el cual tenía un furgón metálico todo enmallado.

Esposado, y aproximadamente durante unos treinta minutos y sentado en el piso, pude escuchar las sirenas anunciando el paso de un Mefistófeles, a través de aquella pequeña ciudad llena de campanas, sonando desesperadamente al final del día, sin saber todavía por qué y para qué.

Abrieron la puerta del camión para que bajara; al entrar en el edificio vi que venía un hombre esposado en las espaldas y cuatro hombres caminando a su lado. Creí que era latinoamericano; ya al verle de cerca, dudé, intuí que era árabe y en su idioma le dije:

-Assalaamo-Alaikum.

Caricatura de hombre era lo que quedaba de él, simplemente una caricatura, que ni siquiera me miró.

Le seguí con la mirada cuando los carceleros lo sacaron del edificio y en medio de la lluvia escuché su grito estremecedor, mientras lo metían en un automóvil:

-¡Allahu Akbar!- contestó en árabe.

Fui el único, quizás, que entendió en aquel lugar qué significaba esto.
En ese preciso instante me pregunté qué sería de mi destino.

Cogí con poca fuerza y lejana alegría la risa que me causó el árabe con su grito y la envié a mis manos que iban esposadas.

------------------
Es la media noche.

Mi celda ahora es más amplia y más cómoda que la habitación de un hotel Intercontinental, ésas muy bien conocidas por nuestros políticos corruptos y hombres de empresa en el trópico y el resto del mundo.

Es una habitación blindada con sus paredes de metal y cemento, de unos cincuenta centímetros de grueso, con un excelente baño y ducha incorporada al pequeño espacio.

Al lado de la puerta está una ventana rectangular, de unos dos metros con cincuenta centímetros de largo por un metro de alto.

Miro de nuevo la ventana, protegida por una malla metálica, luego los vidrios de seguridad de unos 25 milímetros de grueso y, al exterior, una protección con barrotes de una y media pulgada de grosor, para evitar un posible escape o por cualquier cosa que pueda pasar.

Al lado de la ventana está un pupitre doble de madera como los de la escuela primaria.

En la pared hay un aparato con varios canales de música y entre ellos, uno de música clásica.

En la habitación todo parece nuevo, pienso que nunca antes nadie ha entrado.

Siento dolor en la espalda y en todo el cuerpo. Me acuesto con esfuerzo y ya no siento hambre, se me quitó después de todo lo vivido hoy.

Escucho el ruido metálico de la gruesa puerta que se abre para dar paso a un joven hombre que saluda y pregunta si quiero comer algo.
-Sí, y tengo un dolor insoportable en la espalda, tráigame algo, por favor. Acostumbrado a esta situación, para mí nueva y para él antigua, responde:
-En media hora traeré la droga y la comida.
Se despidió y salió de la celda, cerrándola con su seguro electrónico.

Me quedé dormido y desperté cuando escuché los sonidos en la puerta. Era el mismo hombre con la comida y las pastas para el dolor.

Este hombre trataba de ser amable, creí sentir su pena y su vergüenza, cuando contó que conocía la historia de lo que había sucedido en la estación central del tren. Me informó que la noticia había sido difundida en la radio y la televisión al ser filmada por unos turistas japoneses y alemanes.

Y luego con un gesto, tratando de escapar una sonrisa, dijo:

-Mañana con los rumores de esta ciudad va a ser un verdadero escándalo lo que sucedió contigo... Ya que, en este pequeño pueblo todo se sabe y todo se escucha.
Nada, nada está oculto. Y muchísimo menos los débiles orgasmos programados de sus habitantes, primero censurados y luego alegremente bendecidos por sus iglesias.


Con curiosidad noté su sentido del humor en un sitio donde sólo se escuchaban lamentos y llantos eternos de los hombres allí encerrados.

Gritos y gritos, no de dolor, sino gritos de fallida existencia.

Gritos de hombre perdido y sin rumbo en medio de la ciencia y todo lo que ha llegado a nosotros con el mal llamado progreso.

El hombre tratando de ser amable se despidió, y cerró la puerta con doble seguro electrónico programado en sincronización con su reloj.

Al irse el hombre, recuerdo que me recosté con mucho dolor. Dormí y la comida quedó sobre el pupitre de escuela.
Esa noche no dormí bien por la zozobra. A la madrugada, la angustia y el dolor me despertaron.
En llanto y en el silencio de la celda llamaba a mi madre. Pero sólo respondió el eco del silencio.

La angustia se apoderó de mí.

¿Qué voy a hacer en esta situación?

A las 7 en punto corrieron los cerrojos electrónicos, al abrirse la puerta me trajeron a la inaceptable realidad.

Entraron dos gigantes iguales a los de la estación del tren, altísimos, musculosos, muy jóvenes. Traían más droga para calmar el dolor y un desayuno muy completo.

Preguntaron cómo me sentía, igualmente afirmaron haber escuchado de mi caso a través de la televisión y los rumores que iban creciendo cada vez más y esparciéndose por toda Ginebra y un poco más allá, hacia las ciudades vecinas.

Explicaron que esto mío había sido un caso único, en la forma de actuar del Hombre Suizo.

Acepté su estúpido argumento por mi débil condición física y de preso.

Uno de ellos me hizo un examen médico, escuchó mi corazón, vio de nuevo los molares y al hacerme decir “Aaaaa” se sorprendió al ver el oro en ellos.

Luego revisó los reflejos y dijo que parecía “un roble”, esto último con una sonrisa afirmativa de las que utilizan los médicos. Tocando la espalda encontraron el punto del dolor.

Los observaba también cuidadosamente, para no perder un gesto o una expresión que pudiera darme alguna idea de lo que ellos pensaban de mi condición física.


Al terminar el superficial y conocido examen se despidieron, y, también tratando de ser amables y sin pena, cerraron la puerta otra vez con su doble seguro electrónico.


Al salir los hombres, el hambre me consumía.

Comí el desayuno con la voracidad de 24 horas sin bocado. Inmediatamente sentí que la energía circulaba por las venas dándome ánimo y esperanzas para soportar esta incierta y desesperante situación.

Traté de caminar un poco, caminaba y caminaba largos minutos y me paraba por momentos frente a la ventana, miraba Ginebra al exterior; pensaba mucho en mi esposa, pero la angustia inundaba mi mente y nublaba mi razón.

Lo único que me animaba era de saber que, en esta condición de preso, estaba en Suiza y no en Colombia.

Sí, en la Suiza, el país perfecto que funciona como sus famosos relojes.

La democracia absoluta; el país de las leyes y de la Justicia Social en donde, confiaba yo, no tendría el más mínimo riesgo de sufrir injusticias porque las leyes, según ellos, fueron estructuradas para salvaguardar la Dignidad del Hombre.

Me tranquilizaba porque estar en una cárcel en Colombia, Mexíco o Argentina o de un otro país de Latinoamérica las vejaciones y la crueldad que a cada instante se viven en ellas destruirían la sensibilidad y la ilusión que tenía para vivir la vida.

Continua...
--------------------
Escrito en Toronto-Canada
El 28 de Diciembre del año 1996
Dia de "los Inocentes"

Carlos Echeverry Ramírez (Colombia-Canada)

Fitofeliz@hotmail.com

www.carlosecheverryramirez.org

domingo, marzo 08, 2009



Fragmento (5) El último viaje-Carlos Echeverry Ramirez-Colombia


Fragmento (5) El último Viaje

ISBN: 0-96383701-0-1

Reservados Todos los derechos de Autor ante CIPO Y WIPO


----------------------

Sentí pánico y recordé las muchas ocasiones cuando en las noches y con mi esposa, en nuestros viajes de vacaciones a Santa Marta y el parque Tayrona, me encontré con paramilitares, asesinos contentos, guerrilleros, ejércitos, ladrones armados y hombres de la policía; más los miles y miles de muertos que llenan de cruces las veredas y caminos de Colombia, Argentina y Latinoamérica.


Sentí de nuevo miedo y ansiedad.

Pero más y más, en ese momento al ver en la mirada de esos hombres algo ya conocido a través de mi existencia y compartido únicamente entre ellos; es decir, el odio.

Nuevamente miré a esos cuarenta hombres y el jefe en el centro, para sentir ahora un terror máximo e indescriptible. Que no había sentido en mi vida en todas mis experiencias pasadas en el trópico, cuando estuve entre hombres con fusiles.
Jamás, jamás.

Ahora la puerta del compartimiento se abre con violencia y entran dos gigantes, sí, dos hombres muy grandes en estatura y peso, comparados con mis escasos 172 cm y 60 kilos de cuerpo. Con sus fusiles apuntando al hombre del pasaporte verde, en ese momento sin él, sin dinero y sin el tiquete de tren.

En pánico, sintiendo los latidos de mi corazón a punto de estallar, escucho cuando me hablan en voz alta en alemán y les respondo, mirándolos a los ojos, en ese idioma:
- Hello. Guten Tag.

Encañonado y empujándome duro con sus fusiles en el pecho me ordenan bajar del tren.


Cogí mi viejo morral en el que sólo tenía mi chaqueta, tres pantalones, cinco calzoncillos, cuatro pares de calcetines, tres camisas, dos camisetas, un cepillo de dientes, un cepillo de peinar cabello, un rastrillo, la crema dental, un libro de mapas de países tropicales, la foto de mi esposa y el libro con los escritos políticos de Simón Bolívar.

En el bolsillo de la camisa, llevo un cassette de Villalobos, con las vaquianas brasileras No. 5; en el bolsillo del pantalón una navajita suiza, una brújula y un cortaúñas.

Me levanté maldiciendo mi destino en las últimas horas y salí entre los dos hombres.

Al caminar por el estrecho corredor del tren pude mirar el brillo de las botas militares y la tierra acumulada en sus suelas. Observé su cuerpo gigantesco en relación con el mío y no creía... no podía creer en un despliegue de fuerza de esta magnitud para capturar a un hombre que, como arma, llevaba una navajita suiza y un cortaúñas.

Sólo me acompañaban en esos momentos mis muchas ilusiones, pocos proyectos y mis mínimas utopías. No puedo creer -un Dios mío-, esta situación ni aquella de estos hombres con fusiles encañonándome al bajar del tren.


Fusiles malditos, malditos con los que se matan nuestros hombres indiscriminadamente en Colombia y el mundo, sin preguntas, sin razones, sin lógica y como respuesta el silencio final de miles y miles de tumbas lloradas sólo por las ilusiones truncadas de niños inocentes y mujeres indefensas.

Yo, un hombre que ha viajado por muchas regiones no podía aceptar a estos hombres que con inmensos fusiles impedían mi escape, y todo por un tiquete de tren, en una estación suiza y en el centro de Europa.

Cuando el primer hombre bajó las escalerillas del tren pude ver en la distancia a los niños del compartimiento entre la multitud que atenta observaba, y recordé una vez más la historia de los chigüiros, esa corta historia de amor que les conté. Recordé su alegría y sus risas al oír la narración. Volví a sentir las lágrimas del niño al despedirse y dejarme, todos ellos, solo en el compartimiento.


Siguiendo al militar empecé a descender lentamente los escalones metálicos del tren. nuevamente el pánico se apoderó de mí, al ver cuarenta fusiles prestos a disparar, apuntando a un pequeño hombre indefenso, que para ellos era un gran criminal por violar una ley sagrada de su constitución. ¡usar, sin pagar, un bien o servicio público de la nación!

Amiga Catalina Limberg C., tú me preguntas en la carta ¿si conozco tu país?


Sí, mi escogida amiga Catalina, lo conozco tan bien que no tendría tiempo en esta vida, ni en todas mis vidas aún por vivir, para describir todo aquello que pasó por mi mente y cuerpo en esos escasos y eternos segundos en que lentamente descendía por la escalerilla.

El pánico heló mi sangre y un torbellino de sensaciones, sufrimientos, angustias, maltrato y asesinatos de quinientos años de la historia reciente se aposentó en mi mente. Pero los miles y miles de años de gloriosa cultura, vida en armonía y verdadera espiritualidad, de mis ancestros indígenas, aún en mi sangre y en mis genes, normalizaron los latidos de mi corazón.
La compostura volvió a mí.

Bajé el último escalón y al estar en la plataforma paré, respiré profundo y miré al frente; miré a los lados y caminé tranquilo, sin más alternativa y con toda la parsimonia del caso. Caminaba muy seguro, con energía, pero bien tranquilo cual gran Cacique pasando revista a sus Indios guerreros en pie de lucha, listos para enfrentar la invasión. Muy despacio daba mis pasos hacia el centro del círculo armado.

Todo esto pasaba ante la expectativa de los centenares de personas reunidas que, atentas, observaban detrás de los militares, esperándome en posición de ataque.
Recuerdo muy bien que caminaba recto, sacaba el pecho y ponía “la frente en alto” como decía mi padre que siempre debía caminar; con una seguridad en mí mismo que causaba risa pensar ¿de dónde me salía?

Esto me llenó de coraje y alegría mientras iba hacia al centro del círculo, formado por ellos y sus fusiles, donde podría pasar lo único esperado en todos los siglos pasados a cada indígena, a cada hombre que alguna vez tuvo fusiles a su alrededor y estuvo como yo, ahora en la ciudad de Ginebra.


Al ir caminando veía la admiración y los crecientes rumores con que el público, en su curioso interés, seguía todo este movimiento.

Al llegar al centro del círculo giré lentamente sobre mí, mientras lo hacía, miré a los hombres con fusiles listos a disparar, los miré a los ojos, uno por uno, y al terminar, ya de frente al hombre que me esperaba en el centro del círculo, junté los zapatos haciendo con mis tacones el conocido sonido de tacón de los militares.

Cruzamos nuestras miradas, la mía impresa de angustia pidiendo clemencia, la suya fría y llena de odio programado.

En un segundo, sin esperarlo, y ante la sorpresa de todo el mundo presente que observaba atónito y fascinado el desarrollo de esta acción, vertiginosamente me arrodillé levantando las manos hacia el cielo, tratando de colgarme y encontrar un hombre más poderoso que los que tenía al derredor, para juntos hacerles frente y combatirlos.

Estando arrodillado y en forma muy tranquila y serena, mirando a los centenares de personas que presenciaban todo esto, y detrás de los hombres con fusiles, del fondo de mi ser salieron estas palabras en alta voz:
-No disparen, ¡Se los ordeno!

Llovieron los aplausos de los espectadores presentes en la estación del tren, cuando, con mi visión periférica y tratando de irme entre las risas y los aplausos de la gente, vi en el aire un inmenso fusil caer pesadamente sobre mi espalda.

Continua....
---------------------------------------------
Carlos Echeverry Ramírez (Colombia-Canada)

Escrito en Toronto diciembre 28 del año 1996

www.carlosecheverry ramirez.org

fitofeliz@hotmail.com

Para: Catico y la "clatteya"

viernes, marzo 06, 2009

(1)(2)(3)(4) El último Viaje - 0-9683701-0-1 Carlos Echeverry Ramírez-Colombia


El último viaje
ISBN: 0-9683701-0-1

Reservados los Derechos de Autor ante Cipo y Wipo.

©Carlos Echeverry Ramírez (Colombia-Canadá)

Es miembro activo de la Unión de Escritores de Canadá.

Para: todos aquellos que siempre llevan alegría y Paz en su corazón y para quien más lo merece en la Argentina...

-----------------------------
El último viaje...



No tenía más alternativa.

Cogí el morral, me lo eché en la espalda y crucé todo el pueblo con su alcaldía, iglesias, los pastores y sus cabras blancas haciendo el armonioso tilín-tilín de las campanitas en el cuello.

Llegué a la estación del tren, era una estructura muy bien conservada, de ladrillos rojos y flores en sus ventanas; abrí la puerta principal, paré y contemplé todo el interior. Caminé cruzando las taquillas a la izquierda con sus funcionarios trabajando en ellas.

Entré por la gran puerta que comunicaba a las plataformas de llegada y salida de los diferentes trenes, la crucé y busqué la indicada para el norte, con rumbo a Ginebra o cualquier pueblo o ciudad que me quedara cerca con la frontera francesa. Y que era donde necesitaba coronar ese día.

Encontrando la que necesitaba, observé con cuidado las diferentes personas.

Estaba distraído analizando a la gente que entraba y salía del edificio; el diseño, el número de líneas para trenes; el acceso para los carros de la policía, carros de bomberos y ambulancias y el acceso para los minusválidos, todo perfecto. Todo milimétricamente calculado y con la perfección de sus famosos relojes suizos, cuando escuché, asustado y con angustia, el sonido del silbido del tren que me llevaría a Ginebra.

-----------------
Di unos pasos hasta la ventana y la abrí.

El aire del frío invierno se dejó sentir con dolor. Instintivamente mi cuerpo reaccionó y mi mente se transportó a las cálidas noches del trópico, donde uno duerme sin ropa, sobre hamacas y chinchorros, arrullado por el sonido de las olas y el susurro de la cálida brisa del mar Caribe.

Con tristeza recordé la última vez que salí de Colombia, completamente desilusionado, porque en aquella bella tierra sus millones de gentes pobres y sus pocos ricos se están matando, o los están matando, por culpa de la ambición, por culpa del poder, por querer ser dueños de un modelo político-económico, copiado de las naciones mal llamadas desarrolladas, sin humanismo, sin principios éticos y morales y sin compasión para con los menos favorecidos; un sistema corrupto que está destruyendo la ilusión; que está destrozando la vida misma, arruinando y matando a todo el que critica tan mezquinas ambiciones materiales.


Allí en esa hermosa región, al igual que millones de campesinos y gentes de bien, lo perdí todo.

Sí, todo, ¡todo! y lo peor, también perdí hasta la esperanza y la ilusión de vivir.


Por esa crítica situación se fue mi adorada esposa y mujer de muchos años compartidos. La última vez que la vi recuerdo que entró por una puerta del aeropuerto en Bogotá y nunca más la volví a ver. ¡Sí, así de sencillo!, y atrás quedaron las muchísimas noches compartidas.

Se llevó mi corazón, y sólo me dejó un adiós.

Después de ella, con profundo dolor y sin un lugar adónde ir, y completamente desmotivado para todo y por todo, vendí mi viejo auto Mercedes Benz y comprando un tiquete dije: ¡los que se van!, y me fui, esta vez a Toronto, Canadá.

Toronto... ciudad llena de gente linda, de gente bella, pero también, ciudad de esquizofrénicos sueltos, muchos de ellos los cuales deambulan por grandes oficinas, los que pueden trabajar, o de igual manera, por sus calles y centros comerciales, los que no tienen trabajo.

Ya establecido en la ciudad de Toronto me tocó vivir completamente solo y empezar una nueva vida, ya sin esposa. Cosa casi imposible, después de estar acostumbrado a determinadas rutinas. Poco a poco fui conociendo algunas personas y, así, olvidando el dolor de haber perdido hasta las ganas de vivir.

Una noche en mi apartamento, y sentado en el sofá, recuerdo cómo envié una carta por internet a uno de esos famosos chat en los cuales las gentes se aman y se besan apasionadamente en una semana, y ¡todo en forma virtual!, o sea que por mamar gallo, o en broma, mandé ese mensaje a través del internet, sin esperar respuesta, pero si la había, tenía que ser por el correo normal.

Nada impersonal.


En el mensaje que envié, invitaba a una mujer del mundo a compartir un tiempo juntos, y hacer vida normal de pareja en un país suramericano, en un pueblo pequeño a la orilla del mar Caribe.


Un pueblo donde uno pueda llevar a su hijo a la escuela en bicicleta, y donde los burros y chivos sean parte de cada día. Invitaba a una mujer a compartir en un lugar sencillo, lo que podemos llamar
- la soledad -
Yo nunca pensé, después de haber enviado el mensaje los primeros días de diciembre, que éste tuviera tanta acogida entre las personas que lo leyeron.

Por cierto, el hombre que entregaba el correo, un día muy intrigado me preguntó -¿qué era lo que pasaba con ese recibimiento exagerado de correo?- y en son de broma dijo: -se está pareciendo al Papá Noel-

Me llegaron cartas de muchas regiones del mundo, recibí mensajes de diferentes mujeres y de distintos grupos étnicos. Algunas cartas traían incluso fotos de mujeres de diferente tipo y raza.


Una de ellas me llamó muchísimo la atención.

Era rara y muy extraña.

En la carta una mujer decía que tenía un doctorado en Biología.

Que era bastante alta, un metro con ochenta, y que tocaba el violonchelo tres horas diarias y, como cosa interesante, añadía que le fascinaba hacerlo completamente desnuda.

¿Cómo es la cosa?, ...a ver ...a ver.

Me llamo Catalina Limberg C., decía en la carta.

Además, en la foto, era fácil observar que la mujer tenía unos ojos muy azules, expresivos y bellos, cuerpo sensual pero... se veía triste y ausente.

La mujer contaba que le fascinaban las orquídeas del trópico, tejer ropa para el invierno, hacer tortas de chocolate los fines de semana, y hacer largas caminatas con los perros en el bosque cercano a su casa.

Leyendo el mensaje encontré muchísimas otras cosas que me llenaron de curiosidad. Muy intrigado esa noche seguí leyendo la extraña y larga carta, que me llevó adentro de mi vida pasada y, más que todo, a recordar cosas que no me gustan.

Cosas que pocos hombres han logrado sobrevivir, que nunca cuentan y si lo hacen quedan marcados para siempre.

La carta de Catalina Limberg C. traía esta pregunta:
¿Cato, me fascina la idea que tienes del viaje a un pueblo del Caribe. Comparto algunos objetivos de él, pero quiero saber si en todos tus viajes a Europa has tenido la oportunidad de visitar mi país, Suiza?

Esa noche en que leí la carta de Catalina y que era por casualidad un 24 de diciembre y día del Galileo, aquel Ser en quien muchos no creyeron, escuchando la armoniosa música de Pablo Casals con su violonchelo acompañando la soledad, me preguntaba, -¿qué significa Suiza?-, que para nosotros, el hombre común, representa el lugar donde se guarda todo el oro, el dinero y las riquezas del mundo y donde tienen su sede, casi todas las instituciones creadas por los hombres y sus respectivos gobiernos, para diseñar e imponer sistemas que le permitan a los otros hombres vivir una vida digna, según ellos; y si se puede, en verdadera democracia.


Serví un vaso de agua de manantial y me senté frente a la computadora y, por internet, empecé a relatarle a mi escogida amiga, Catalina Limberg C., los recuerdos de mi corta estadía en Suiza.

Pacientemente esperé a que se bajaran las personas que tenían como destino final a Biasca. A 30 kilómetros de un hermoso caserío, en la alta montaña suiza, donde me habían invitado unos amigos en aquel fin del verano del año 1996.

Biasca era, en aquel entonces, un pueblito típico de las tarjetas postales, lleno de macetas con geranios rojos en las ventanas, ejércitos de ovejas y cabras blancas atravesando, todas en orden, todo el pueblo con su -tilín tilín- de las campanitas en el cuello.

Ese mediodía, ya muy cansado de hacer auto stop en la ruta al pueblo, bajando la montaña, con el hambre y la sed acosándome durante cinco horas continuas, sin dinero, porque había extraviado la billetera, con unos pocos dólares y las tarjetas de banco, y tratando de llegar a la frontera francesa, después de que nadie me quiso recoger; no tenía más alternativa.

Había cruzado todo el pueblo con el morral en la espalda y, como uno más de los pasajeros con tiquete del tren, me subí en éste tranquilamente.


Caminando el estrecho corredor, a mano izquierda encontré un compartimiento vacío, rápido corrí la puerta y me senté al lado derecho, a un lado de la ventana y mirando en la dirección en que viajaba el tren. Me senté esperanzado en poder llegar a la frontera francesa.

Durante el trayecto, varias personas entraron y saludaron muy cordialmente; de igual forma, según el idioma, fui despidiéndome de todos ellos en la medida en que iban llegando a su destino final. Así, con el lento transcurso de varias horas y con paradas en el camino férreo, iban también entrando los controladores del billete o del tiquete de tren, que siempre me preguntaban serios en idioma alemán cuál era mi destino.

Repetidamente los miraba y simplemente les respondía con acento conocido por ellos y con actitud de alemán. Levantando mi vista del libro que iba leyendo con los ojos cubiertos por las gafas verdes con marcos de oro de mi abuelo que nunca conocí:
-Voy a París-
respondía escondiendo mi ansiedad.

Ellos, tranquilamente volvían a salir del compartimiento sin sospechar que yo iba llegando a Ginebra.


En la última parada que hizo el tren se subió un grupo escolar con niños que venían de hacer un camping; lógicamente, también con ellos, se subió el último controlador de tiquetes.

Cuando el grupo de niños subió al tren, siete de ellos entraron alegremente al compartimiento donde yo iba sentado; cuatro se sentaron al frente mío y tres a mi lado izquierdo, todo esto bajo la mirada supervisora de un maestro, que los acomodó en su sitio y después se retiró.

Miré detalladamente a los alegres niños, sus dientes, sus risas, sus ojos, la expresión de su mirada, los cabellos, las manos, las ropas, los zapatos y observé cómo entre ellos fácilmente hablaban el idioma francés, que yo conocía bien desde tiempos lejanos cuando estudié en París.

Quise hablar con ellos pero me abstuve; seguí absorto en la historia del libro que leía en esos momentos. De vez en cuando miraba los paisajes y volvía al libro, tratando de no hacer frente a la inaceptable realidad de ilegal en el tren.

Repentinamente la puerta del compartimiento se abre y entra un hombre muy alto, rubio, ojos azules, grande y con su uniforme bien puesto. Lo reconozco de inmediato. Era el nuevo controlador.

Este hombre saluda en francés, pide los tiquetes, los niños los entregan respectivamente y el hombre con rutina ya conocida los perfora.

El hombre me observa cauteloso.

Luego me pide el tiquete, yo me quito con cuidado las gafas de mi abuelo que no conocí, pongo el libro que leo sobre las piernas del niño sentado a mi lado y le entrego mis tiquetes de avión de París-Montreal, los cuales estaban para diez días más tarde.


Al tomarlos en sus manos y no entender el porqué de éstos y no el tiquete del tren, me pregunta ahora en alemán y con voz fría y amenazante:
- ¿En dónde se subió al tren?
- En la parada anterior- respondí en el mismo idioma, esto para que el controlador no fuera a pensar o sospechara que yo había atravesado toda Suiza desde el Sur, el Gottardo, y me faltaban sólo veintisiete kilómetros para Ginebra.
-¿De dónde viene usted?, ¿Cuál es su origen?-me preguntó el controlador.

-De la tierra del café, el cual toma usted todos los días, la misma de Juan Valdez- respondí nervioso.

El hombre, en medio de su ignorancia, perdiendo la paciencia y un tanto descontrolado, volvió a preguntar:
- ¿Dónde quedan esas tierras?
- En el trópico, en las montañas de los Andes- le respondí.

El hombre sorprendido de esta situación y diálogo inesperado en su rutina, volvió a la carga observándome con mirada fría y calculada, para preguntar alzando la voz:
-¿Por qué no tiene usted tiquete de tren?
- Es mi primera, y también creo que última vez que vengo a Suiza.

Por desgracia, extravié mi pequeña billetera con el dinero, y ya no tenía a quién recurrir. Espero que usted comprenda y me permita, por favor, llegar a la frontera francesa, donde tengo unos conocidos que me auxiliarán, para llegar a París; donde unos amigos me esperan y con quienes estaré, mientras regreso a Montreal.


Los niños asustados presenciaban este drama y escuchaban este diálogo sin comprender el porqué del tono tan alto en la voz del hombre uniformado.

El controlador me miró y agresivamente exigió mi pasaporte; cuando lo revisó con cuidado, me miró con rechazo. Me miró con odio, como si yo fuera un personaje más de países exóticos y lejanos, como si fuera un exiliado político, un apátrida, un paria o uno igual a aquellos que cruzan Europa de este a oeste como los gitanos, vilmente maltratados en todas partes.

También miró complaciente como si yo fuera uno más de aquellos que van allí, a ese país, por sólo dos únicas y simples razones: a meter el oro y dinero en los bancos o sacarlo. Y que mientras lo lleven no se les pregunta el origen lícito o ilícito de éste; así sea el dinero robado sangrientamente a gente encerrada en campos de concentración o el dinero maldito, producto de la corrupción y del robo a los pueblos y trabajadores del mundo por personajes que bien conocemos.

El hombre uniformado revisó el pasaporte verde cuidadosamente hoja por hoja, para finalmente cerrarlo y guardarlo, junto con el boleto de avión, en el bolsillo inferior izquierdo de su chaqueta, frente a su estómago.

Sí, ahí, guardó el pasaporte, la identificación, mi vida, mi origen, mi pueblo y mi país.

Dio la espalda, corrió la puerta duramente y salió de prisa.

Me quedé solo y asustado en medio de los niños, todos ellos entre los siete y diez años, sin creer lo que estaba pasando. Respiré profundo y me entró una angustia y un pánico enormes.



Mirando al exterior y luego al interior del tren, tratando de organizar el pensamiento en mi nueva situación, vi cómo uno de los niños, el más pequeño que iba frente a mí, se levantó de repente y se metió las manos a los bolsillos del pantalón, buscando en ellos algo que, al final, serían las pocas monedas que tenía.

Con sus pequeñas manos, y mirada compasiva, me dio el poco dinero que encontró.


Al instante, todos los niños del estrecho compartimiento repitieron ese gesto solidario. Recibí incrédulo su poco dinero. Lo conté y nos reímos pensando que era suficiente para pagar el tiquete.

Más tranquilo, inicié el diálogo con ellos. Les pregunté sus nombres y les dije el mío, les conté que venía de unas fértiles tierras de banderitas tricolores; maravillados estaban ellos al escuchar que allá siempre era verano, que la brisa era fresca y las noches cálidas.

Luego les narré una corta historia de amor entre una pareja de chigüiros, aquellos animalitos que viven en los pantanos y llanuras del trópico. De cómo estos animales pequeños vivían felices en pareja y comunidad, sin violencia, compartiendo el alimento con los más débiles o los enfermos.

Estábamos todos fascinados con el relato, en medio de las risas y mis explicaciones a las preguntas que me hacían sobre el medio ambiente en que vive este animal y sobre sus características, cuando sorpresivamente, reapareció el controlador de tiquetes, corriendo con firmeza la puerta del compartimiento.

Me levanté tranquilo y seguro, luego, saqué de mi bolsillo el poco dinero donado por los niños; le hablé con mucha calma, diciéndole que le quería pagar el tiquete, mostrándole el dinero en mis manos. El hombre me miró y tranquilamente rechazó el dinero.
Levantando la voz me instruyó enérgicamente con fuerza en sus palabras:
-En la próxima parada coja sus cosas y ¡baje del tren!
Salió y cerró la puerta del compartimiento, llevando todavía mi pasaporte y boleto de avión en el lado izquierdo de su uniforme.

Sin creer, frustrado por lo anterior, devolví el dinero a los niños, pensando que su bello acto de solidaridad había sido inútil.


Me senté angustiado a observar el tren llegando a los barrios exteriores de Ginebra y a sentir cómo el tren disminuía la velocidad paulatinamente, así llegamos a la estación central y al final de mi truncado viaje.


Como si fuera ayer, recuerdo que me impactó ver tanta gente. Y recordé que en esos días se realizaba un famoso festival de jazz, y otro muy conocido de teatro.

En el reloj de la estación eran las 6:15 de la tarde, había buena luz y era la hora pico. Tenía mucho miedo. Pero, después de haber sobrevivido en Colombia, no pensaba que me podía pasar mayor cosa en este culto país.

Mirando todo esto nuevo, esperaba que el tren parara, con su última rueda, el sentimiento de angustia que tenía al estar sin dinero, sin pasaporte y sin saber qué me traería el futuro al llegar a la estación.

Los niños se despidieron con mi inmenso miedo, luego calladamente salieron del espacio compartido. Quedé solo otra vez. Al salir ellos, observé la triste mirada y llanto del niño que, de primero, me dio el dinero en el compartimiento.

-No olvides el cuento de los chigüiros- alcancé a decirle.

Me levanté y rápidamente fui al pequeño e incómodo cuarto donde se improvisa un sanitario en los trenes modernos y oriné, sintiendo que mi vida se iba en el agua que caía al sanitario; pensé que era la última vez que lo hacía.

Sudaba mucho y respiraba profundo, y especulaba sobre lo que me esperaba al momento de bajar del tren.

Regresé al compartimiento, guardé el libro en el morral y me senté a esperar qué sería de mi existencia. Estando en esa desesperada situación vi correr en la plataforma de la estación unos hombres gigantescos con uniforme de combate y sus fusiles más grandes que ellos.

Vi cómo, velozmente, formaban un círculo frente a la puerta de salida delantera del vagón donde yo estaba.

Observé que en forma precisa tomaban posición de ataque. Ellos accionando y yo escuchando el mecanismo de sus fusiles, prestos a disparar.

Con curiosidad y sorpresa miré que mucha gente, quizás centenares de personas, observaban todo este movimiento y pensaban que esa acción era parte del drama presentado democráticamente en la estación del tren por uno de los conocidos y participantes grupos de teatro venidos al famoso festival que se iba a desarrollar.
Yo medité unos segundos en los malditos fusiles, aquellas cosas que únicamente ellos traen.
Continua...
Escrito en Tornto canada el 28 de diciembre del año 19996
Rerervados Todos los derchos de autor ante CIPO Y WIPO

Carlos Echeverry Ramírez (Colombia)

fitofeliz@hotmail.com

lunes, marzo 02, 2009

El último Viaje (3)ISBN; 0-9683701-0-1 Carlos Echeverry Ramírez (Colombia)



Reservados todos los derechos de autor ante CIPO y WIPO

ISBN: 0-9683701-0-1

Para quien mas lo merece en la Argentina...
---------

En la última parada que hizo el tren se subió un grupo escolar con niños que venían de hacer un camping; lógicamente, también con ellos, se subió el último controlador de tiquetes.

Cuando el grupo de niños subió al tren, siete de ellos entraron alegremente al compartimiento donde yo iba sentado; cuatro se sentaron al frente mío y tres a mi lado izquierdo, todo esto bajo la mirada supervisora de un maestro, que los acomodó en su sitio y después se retiró.

Miré detalladamente a los alegres niños, sus dientes, sus risas, sus ojos, la expresión de su mirada, los cabellos, las manos, las ropas, los zapatos y observé cómo entre ellos fácilmente hablaban el idioma francés, que yo conocía bien desde tiempos lejanos cuando estudié en París. Quise hablar con ellos pero me abstuve; seguí absorto en la historia del libro que leía en esos momentos. De vez en cuando miraba los paisajes y volvía al libro, tratando de no hacer frente a la inaceptable realidad de ilegal en el tren.

Repentinamente la puerta del compartimiento se abre y entra un hombre muy alto, rubio, ojos azules, grande y con su uniforme bien puesto. Lo reconozco de inmediato.

Era el nuevo controlador.

Este hombre saluda en francés, pide los tiquetes, los niños los entregan respectivamente y el hombre con rutina ya conocida los perfora. El hombre me observa cauteloso. Luego me pide el tiquete, yo me quito con cuidado las gafas de mi abuelo que no conocí, pongo el libro que leo sobre las piernas del niño sentado a mi lado y le entrego mis tiquetes de avión de París-Montreal, los cuales estaban para diez días más tarde.

Al tomarlos en sus manos y no entender el porqué de éstos y no el tiquete del tren, me pregunta ahora en alemán y con voz fría y amenazante:
- ¿En dónde se subió al tren?
- En la parada anterior- respondí en el mismo idioma, esto para que el controlador no fuera a pensar o sospechara que yo había atravesado toda Suiza desde el Sur, el Gottardo, y me faltaban sólo veintisiete kilómetros para Ginebra.

-¿De dónde viene usted?, ¿Cuál es su origen?-me preguntó el controlador.

-De la tierra del café, el cual toma usted todos los días, la misma de Juan Valdez- respondí nervioso.

El hombre, en medio de su ignorancia, perdiendo la paciencia y un tanto descontrolado, volvió a preguntar:
- ¿Dónde quedan esas tierras?
- En el trópico, en las montañas de los Andes- le respondí.

El hombre sorprendido de esta situación y diálogo inesperado en su rutina, volvió a la carga observándome con mirada fría y calculada, para preguntar alzando la voz:
-¿Por qué no tiene usted tiquete de tren?
- Es mi primera, y también creo que última vez que vengo a Suiza. Por desgracia, extravié mi pequeña billetera con el dinero, y ya no tenía a quién recurrir.

Espero que usted comprenda y me permita, por favor, llegar a la frontera francesa, donde tengo unos conocidos que me auxiliarán, para llegar a París; donde unos amigos me esperan y con quienes estaré, mientras regreso a Montreal.

Los niños asustados presenciaban este drama y escuchaban este diálogo sin comprender el porqué del tono tan alto en la voz del hombre uniformado.

El controlador me miró y agresivamente exigió mi pasaporte; cuando lo revisó con cuidado, me miró con rechazo. Me miró con odio, como si yo fuera un personaje más de países exóticos y lejanos, como si fuera un exiliado político, un apátrida, un paria o uno igual a aquellos que cruzan Europa de este a oeste como los gitanos, vilmente maltratados en todas partes.

También miró complaciente como si yo fuera uno más de aquellos que van allí, a ese país, por sólo dos únicas y simples razones: a meter el oro y dinero en los bancos o sacarlo. Y que mientras lo lleven no se les pregunta el origen lícito o ilícito de éste; así sea el dinero robado sangrientamente a gente encerrada en campos de concentración o el dinero maldito, producto de la corrupción y del robo a los pueblos y trabajadores del mundo por personajes que bien conocemos.

El hombre uniformado revisó el pasaporte verde cuidadosamente hoja por hoja, para finalmente cerrarlo y guardarlo, junto con el boleto de avión, en el bolsillo inferior izquierdo de su chaqueta, frente a su estómago. Sí, ahí, guardó el pasaporte, la identificación, mi vida, mi origen, mi pueblo y mi país.

Continua...

Carlos Echeverry Ramírez (Colombia)

Escrito en Toronto Diciembre 28 del año 1996

www.carlosecheverryramirez.org

fitofeliz@hotmail.com

sábado, febrero 28, 2009

El último Viaje-(2) Carlos Echeverry Ramirez-Colombia

Toronto....

Ciudad llena de gente linda, de gente bella, pero también, ciudad de esquizofrénicos sueltos, los cuales deambulan por grandes oficinas, los que pueden trabajar, o de igual manera, por sus calles y centros comerciales, caminan los que no tienen trabajo.

Ya establecido en la ciudad de Toronto me tocó vivir completamente solo y empezar una nueva vida, ya sin esposa. Cosa casi imposible, después de estar acostumbrado a determinadas rutinas. Poco a poco fui conociendo algunas personas y, así, olvidando el dolor de haber perdido hasta las ganas de vivir.

Una noche en mi apartamento, y sentado en el sofá, recuerdo cómo envié una carta por internet a uno de esos famosos chat en los cuales las gentes se aman y se besan apasionadamente en una semana, y ¡todo en forma virtual!, o sea que por mamar gallo, o en broma, mandé ese mensaje a través del internet, sin esperar respuesta, pero si la había, tenía que ser por el correo normal.

Nada impersonal.

En el mensaje que envié, invitaba a una mujer del mundo a compartir un tiempo juntos, y hacer vida normal de pareja en un país suramericano, en un pueblo pequeño a la orilla del mar Caribe.

Un pueblo donde uno pueda llevar a su hijo a la escuela en bicicleta, y donde los burros y chivos sean parte de cada día. Invitaba a una mujer a compartir en un lugar sencillo, lo que podemos llamar

- la soledad -

Yo nunca pensé, después de haber enviado el mensaje los primeros días de diciembre, que éste tuviera tanta acogida entre las personas que lo leyeron. Por cierto, el hombre que entregaba el correo, un día muy intrigado me preguntó -¿qué era lo que pasaba con ese recibimiento exagerado de correo?- y en son de broma dijo: -se está pareciendo al Papá Noel-

Me llegaron cartas de muchas regiones del mundo, recibí mensajes de diferentes mujeres y de distintos grupos étnicos. Algunas cartas traían incluso fotos de mujeres de diferente tipo y raza.

Una de ellas me llamó muchísimo la atención.

Era rara y muy extraña. En la carta una mujer decía que tenía un doctorado en Biología.

Que era bastante alta, un metro con ochenta, y que tocaba el violonchelo tres horas diarias y, como cosa interesante, añadía que le fascinaba hacerlo completamente desnuda.

¿Cómo es la cosa?, ...a ver ...a ver.

Me llamo Catalina Limberg C., decía en la carta.

Además, en la foto, era fácil observar que la mujer tenía unos ojos muy azules, expresivos y bellos, cuerpo sensual pero... se veía triste y ausente.

La mujer contaba que le fascinaban las orquídeas del trópico, tejer ropa para el invierno, hacer tortas de chocolate los fines de semana, y hacer largas caminatas con los perros en el bosque cercano a su casa.

Leyendo el mensaje encontré muchísimas otras cosas que me llenaron de curiosidad. Muy intrigado esa noche seguí leyendo la extraña y larga carta, que me llevó adentro de mi vida pasada y, más que todo, a recordar cosas que no me gustan. Cosas que pocos hombres han logrado sobrevivir, que nunca cuentan y si lo hacen quedan marcados para siempre.

La carta de Catalina Limberg C. traía esta pregunta:
¿Cato, me fascina la idea que tienes del viaje a un pueblo del Caribe. Comparto algunos objetivos de él, pero quiero saber si en todos tus viajes a Europa has tenido la oportunidad de visitar mi país, Suiza?

Esa noche en que leí la carta de Catalina y que era por casualidad un 24 de diciembre y día del Galileo, aquel Ser en quien muchos no creyeron, escuchando la armoniosa música de Pablo Casals con su violonchelo acompañando la soledad, me preguntaba, -¿qué significa Suiza?-, que para nosotros, el hombre común, representa el lugar donde se guarda todo el oro, el dinero y las riquezas del mundo y donde tienen su sede, casi todas las instituciones creadas por los hombres y sus respectivos gobiernos, para diseñar e imponer sistemas que le permitan a los otros hombres vivir una vida digna, según ellos; y si se puede, en verdadera democracia.
Serví un vaso de agua de manantial y me senté frente a la computadora y, por internet, empecé a relatarle a mi escogida amiga, Catalina Limberg C., los recuerdos de mi corta estadía en Suiza.

Pacientemente esperé a que se bajaran las personas que tenían como destino final a Biasca. a 30 kilómetros de un hermoso caserío, en la alta montaña suiza, donde me habían invitado unos amigos en aquel fin del verano del año 1996.

Biasca era, en aquel entonces, un pueblito típico de las tarjetas postales, lleno de macetas con geranios rojos en las ventanas, ejércitos de ovejas y cabras blancas atravesando, todas en orden, todo el pueblo con su -tilín tilín- de las campanitas en el cuello.

Ese mediodía, ya muy cansado de hacer auto stop en la ruta al pueblo, bajando la montaña, con el hambre y la sed acosándome durante cinco horas continuas, sin dinero, porque había extraviado la billetera, con unos pocos dólares y las tarjetas de banco, y tratando de llegar a la frontera francesa, después de que nadie me quiso recoger; no tenía más alternativa. Había cruzado todo el pueblo con el morral en la espalda y, como uno más de los pasajeros con tiquete del tren, me subí en éste tranquilamente.

Caminando el estrecho corredor, a mano izquierda encontré un compartimiento vacío, rápido corrí la puerta y me senté al lado derecho, a un lado de la ventana y mirando en la dirección en que viajaba el tren. Me senté esperanzado en poder llegar a la frontera francesa.

Durante el trayecto, varias personas entraron y saludaron muy cordialmente; de igual forma, según el idioma, fui despidiéndome de todos ellos en la medida en que iban llegando a su destino final. Así, con el lento transcurso de varias horas y con paradas en el camino férreo, iban también entrando los controladores del billete o del tiquete de tren, que siempre me preguntaban serios en idioma alemán cuál era mi destino. Repetidamente los miraba y simplemente les respondía con acento conocido por ellos y con actitud de alemán. Levantando mi vista del libro que iba leyendo con los ojos cubiertos por las gafas verdes con marcos de oro de mi abuelo que nunca conocí:
-Voy a París-
respondía escondiendo mi ansiedad.

Ellos, tranquilamente volvían a salir del compartimiento sin sospechar que yo iba llegando a Ginebra.


Continua...

Carlos Echeverry Ramírez (Colombia)
En Toronto diciembre 28 del 2006

Reservados todos los derechos de Autor ante CIPO y WIPO
www.carlosecheverryramirez.org
fitofeliz@hotmail.com

jueves, febrero 26, 2009

El último Viaje--Carlos Echeverry Ramírez --Colombia



El último Viaje--Carlos Echeverry Ramírez-Colombia

Reservados todos los Derechos de Autor ante CIPO y WIPO


Para quien más lo merece en Argentina...

Y para aquellos que siempre llevan Alegría y PAZ en su corazón.
-----------------------------------------------------------------------

El último Viaje



No tenía más alternativa. Cogí el morral, me lo eché en la espalda y crucé todo el pueblo con su alcaldía, iglesias, los pastores y sus cabras blancas haciendo el armonioso tilín-tilín de las campanitas en el cuello.

Llegué a la estación del tren, era una estructura muy bien conservada, de ladrillos rojos y flores en sus ventanas; abrí la puerta principal, paré y contemplé todo el interior.

Caminé cruzando las taquillas a la izquierda con sus funcionarios trabajando en ellas. Entré por la gran puerta que comunicaba a las plataformas de llegada y salida de los diferentes trenes, la crucé y busqué la indicada para el norte, con rumbo a Ginebra o cualquier pueblo o ciudad que me quedara cerca con la frontera francesa. Y que era donde necesitaba coronar ese día.

Encontrando la que necesitaba, observé con cuidado las diferentes personas. Estaba distraído analizando a la gente que entraba y salía del edificio; el diseño, el número de líneas para trenes; el acceso para los carros de la policía, carros de bomberos y ambulancias y el acceso para los minusválidos, todo perfecto. Todo milimétricamente calculado y con la perfección de sus famosos relojes suizos, cuando escuché, asustado y con angustia, el sonido del silbido del tren que me llevaría a Ginebra.


Di unos pasos hasta la ventana y la abrí. El aire del frío invierno se dejó sentir con dolor. Instintivamente mi cuerpo reaccionó y mi mente se transportó a las cálidas noches del trópico, donde uno duerme sin ropa, sobre hamacas y chinchorros, arrullado por el sonido de las olas y el susurro de la cálida brisa del mar Caribe.

Con tristeza recordé la última vez que salí de Colombia, completamente desilusionado, porque en aquella bella tierra sus millones de gentes pobres y sus pocos ricos se están matando, o los están matando, por culpa de la ambición, por culpa del poder, por querer ser dueños de un modelo político-económico, copiado de las naciones mal llamadas desarrolladas, sin humanismo, sin principios éticos y morales y sin compasión para con los menos favorecidos; un sistema corrupto que está destruyendo la ilusión; que está destrozando la vida misma, arruinando y matando a todo el que critica tan mezquinas ambiciones materiales.

Allí en esa hermosa región, al igual que millones de campesinos y gentes de bien, lo perdí todo. Sí, todo, ¡todo! y lo peor, también perdí hasta la esperanza y la ilusión de vivir.

Por esa crítica situación se fue mi adorada esposa y mujer de muchos años compartidos. La última vez que la vi recuerdo que entró por una puerta del aeropuerto en Bogotá y nunca más la volví a ver.

¡Sí, así de sencillo!, y atrás quedaron las muchísimas noches compartidas. Se llevó mi corazón, y sólo me dejó un adiós.

Después de ella, con profundo dolor y sin un lugar adónde ir, y completamente desmotivado para todo y por todo, vendí mi viejo auto Mercedes Benz y comprando un tiquete dije: ¡los que se van!, y me fui, esta vez a Toronto, Canadá.

Continua.....

Carlos Echeverry Ramirez-Colombia

Diciembre 28 del 2006 en Toronto -Canada

fitofeliz@hotmail.com

www.carlosecheverryramirez.org

Publicado por Palabras y Silencios... en 5:37 AM Enlaces a esta entrada

miércoles, febrero 25, 2009

Neftalí---Neftalí---Carlos Echeverry Ramírez (colombia)

De amores y desamores ...



De Amores y desamores

ISBN: 0-9683701-2-7
Carlos Echeverry Ramírez.
Reservados Todos los Derechos de Autor
Ante CIPO Y WIPO

Fragmento

Si Si Si... Catalina despues de recibir la flor se fue a su habitación y se quedó en silencio...lloraba por dentro...El se quedó observandola desde la distancia durante el tiempo que estuvo a la espera. Luego...

Carlos Echeverry Ramírez (Colombia)

fitofeliz@hotmail.com

martes, febrero 10, 2009

Alice------Carlos Echeverry Ramírez -(Colombia)


Alicia --------Carlos echeverry Ramirez




Al regresar de argentina a finales del mes de mayo del año 2008 empezaron a suceder hechos que eran desconocidos para todos los residentes en el edificio donde vivo.

Primero fueron los llantos esporádicos y con frecuencia no determinada de una mujer al amanecer.

Llantos imparables que en estos momentos pienso ¿si yo era el único que los escuchaba? o si los otros vecinos también.

Ese llanto me aterraba. y no me dejaba dormir y cuando lograba conciliar el sueño del llanto de la mujer en las noches, en otros días y horas diferentes del amanecer eran otros los llantos de un bebe, que más me hacían sentir la fragilidad del ser humano y de la soledad de las personas o de la impotencia ante ciertas circunstancias.

Y lo peor para mi en esas noches y amaneceres y, en esos momentos y lo más angustiante de todo, era la imposibilidad de poder ubicar, de donde venían, o provenían los llantos para poder ir y tratar de calmar ese dolor o ese sufrimiento.

Asi continuaron los meses y los llantos se fueron distanciando en la medida del tiempo.

Sin embargo una noche cerca de las 10 escuché en la puerta de mi vecino del frente unos golpes muy violentos que me hicieron pensar que la noche traía algo inesperado y no conocido en el edificio donde vivo. ¿carajo que esta pasando? recuerdo que me pregunte asustado.

Y sin temor alguno abrí la puerta y encontré una mujer cercana a los cuarenta años.

Extremadamente bella, alta y cabello negro tirando a rojizo, muy delgada, ---quizás demasiado-- con unos ojos azules y una característica ya conocida y muy definida en ellos. Y en ese tipo de mirada por mi en otros ojos que conocí en otro ser humano y en meses ya lejanos de mi vida..Es decir una mirada fría sin expresión alguna en ella.

Al abrir mi puerta y encontrarla en le corredor frente a la puerta del vecino desconocido la miré cauto sorprendiéndome su belleza y su mirada.

Ella me observó breves segundos con mirada inexpresiva…ojos vidriosos.

No cruce palabra con ella. La miré y me entré de nuevo a mi apartamento.

La extraña mujer suspendió los fuertes golpes a la puerta con sus pies…

Ya dentro de mi apartamento y después de los hechos narrados, puse la música del “todas las mañanas del mundo” del film de Cirano de Bergerac (Gerard Depardue) traté de dormir –no pude-- y al cabo de unas dos horas sorprendido de la violencia de esta chica hacia la puerta, medité unos momentos sobre su acto irracional y decidí volver a mirar al exterior de mi apartamento y la puerta del vecino para saber ¿que había pasado con la mujer y en la puerta del vecino que solo vi unas dos veces?.---ya que solo unos meses antes se había cambiado a este lugar--.

Mi susto y sorpresa fue mayúscula al encontrar en el piso del corredor a la mujer durmiendo allí y usando como almohada su pequeño morral y sus pertenencias a pesar de las bajas temperaturas de la noche..

No supe que hacer.

Sin conocerla y habiendo escuchado la violencia sobre la puerta del apartamento y para evitar problemas volví a entrar en mi lugar.

Recuerdo que me fue casi imposible de dormir esa noche pensando en la mujer durmiendo en ese piso frió y sin una manta ni nada.

Me preguntaba esa noche si el chico ¿quizás no estaba? o ¿que problema existiría para que no abriera la puerta a esa chica? y otra cantidad de cosas se me vinieron a la mente en esos momentos y en esas me pasé la noche.

A la mañana siguiente cuando salí para la biblioteca de la universidad a una conferencia que tenía que dictar sobre algunos temas de mi primer libro titulado “el último viaje”, La mujer ya no estaba acostada en el helado piso y corredor del edificio.

.Y caminando al metro me hice varias preguntas. ¿Qué habrá pasado con ella? ¿Entró al apartamento? ¿Se fue? ¿Se perdonarían sus errores de meses pasados? Y así en esas preguntas que me hice me fui a la conferencia.

Los meses fueron pasando y la vida continuo con sus rutinas habituales y era siempre la misma historia cada dos o tres semanas…

Los llantos de la mujer al anochecer y los llantos del bebe al amanecer. Y las respectivas visitas de la mujer de ojos azules y extremadamente delgada con patadas y puños a la puerta para entrar en el apartamento del vecino desconocido…

Nunca más volví a mirar o abrir la puerta para observar la mujer violenta…pero una mañana hace unos diías y como cosa no extraña, me llegó de la argentina un regalo, --un sobre muy grande-- por el correo.

Lo reconocí de inmediato y me reí recordando momentos felices y recordé todo lo vivido en tiempos pasados y felíces en la tierra de Gardel ….allá en le litoral santafesino y con la inolvidable última noche en Buenos Aires….

Cerré la casilla del correo y subí al apartamento y observando detenidamente el regalo tan inesperado y lindo….alguien tocó la puerta…precisamente ese dia en que me llegó el regalo tan lindo de argentina.

Abrí la puerta del apartamento y era la Policía.

Muy amables y profesionales como siempre son en Canadá..

Salude al agente y escuché su pregunta.

¿Escuchó algo raro anoche en el corredor? Aquí donde su vecino al frente. Preguntó.

Mientras me señalaba la puerta diagonal a la mía…

Yo le respondí : Si anoche al llegar a las 23 horas aproximadamente estaba una mujer durmiendo frente a la puerta de ese apartamento y como era ya habitual algunas noches los últimos meses por parte de ella..

Esa era una mujer muy bella que siempre que venía agarraba la puerta a patadas y golpes y luego a veces entraba y otras veces no y dormía en el corredor.

Nunca cruce palabra alguna desde mi regreso hace unos meses de argentina le dije..

Fue todo lo que hablé.

¿No escucho nada raro?

Si cerca de las dos de la mañana escuche a lo lejos que una pareja discutía en forma muy agresiva pero no puedo ubicar de que apartamento eran los gritos ni la discusión o sobre que discutían..

¿Por qué? ¿Que pasó? Pregunté asustado.

La mujer amaneció muerta hoy en la mañana dentro del apartamento de su vecino..

Fue la respuesta del agente.

Me quedé frío …

Puse el regalo tan lindo que me había llegado esa misma mañana y me puse a pensar en la fragilidad de todo.

Al pasar los días se conocierón las causas de su muerte por los medicos forenses.

La mujer había muerto por: Sobredosis de Heroína...

Y como cosa extraña en el corredor esa mañana del levantamiento del cadáver quedó al exterior una silla.(la de la fotografía)

Y hoy me pregunto ¿si en ella se sentaba a tomar café esa bella mujer?,si se sentó en ella a reír, a pensar y si:

¿Ella también escuchó las muchas veces el llanto de aquella mujer y de ese Bebe que tantas noches yo escuché en meses pasados?

En Toronto febrero 10 del 2009

©Carlos Echeverry Ramírez (colombia)

fitofeliz@hotmail.com

lunes, diciembre 29, 2008

La argentina que ...Carlos Echeverry Ramirez----Colombia



Queridos lectores y amigos....

En muchos correos electrónicos me preguntan...

?Quien es la Tita?



Aqui está su fotografía y les contaré quíen es en unos instantes....

Las preguntas y muchas otras, sobre mi viaje a la argentina del mes de abril y mayo del 2008.

Tranquilos....paciencia...Saldrá todo todo todo lo vivido, desde las palabras de bien venida todo saldra como es... en el proximo libro titulado: De amores y desamores en el Paraná.


Y estará a la venta en Buenos Aires, Rosario, Santafé y Paraná.


Ya les contaré más sobre ello. Mismo desde la argentina, donde espero y quiero estar en solo unos dias...!Aguantate! Aspasia...


Respiren profundo y lentamente....mientras observan la fotografía de la Anciana.

Y por favor No olviden la Meditación Vipassana ..todavía quedan cupos para el curso en Buenos Aires que comienza el 4 de marzo del 2009, es algo maravilloso cambia la vida Totalmente...alli estaré en el curso son 12 dias fantasticos como los ya vividos aqui en toronto. Lo recomiendo a todos en Paraná y Santafé, Tucuman , Cordoba y Mendoza.


Amigos de los diferentes lugares donde he vivido y compartido con ustedes tiempos y dias maravillosos. Como son el : William Valencia Lopez y familia en cali, la Mechas Otoya,Mujer inolvidable y excelente persona, armando y Margarita y su gato Gazpar, todavía sigen esperando unas gracias de la fulana esa... Rodolfo., el angel.."la comadreja mayor"..y todos ellos que siempre me acompañan en la distancia..

la Bella y Divina Gata Zurda que se encuentra en barcelona la Divina Marta Torres Gandia..la Monica Tamara Busoli en Estockholm, la Tere en las Canarias ..la Silvia en Trujillo el Helmer en Cuzco...esa inolvidable y extraordinaria pianista francesa la Caroline Grivellaro..ahora en mexico que alegría verla y sentirla feliz con su hijo y esposo..lo mismo a la gran científica Carolina Constabel Lemberg Sin palabras...ante Mujeres como ellas y la Tita ejemplo edificante para las chicas jovenes de Latinoamérica.

En abril y mayo de este año 2008 y qué termina mañana, visité la Republica de Argentina como bien conocen muchos de ustedes..

Si nos vamos a escribir desde los estereotípos y etc... nos faltaría tiempo en este mundo y ésta vida para describir todo aquello de la tierra de Gardel.

Aparte del gran verso, Chamuyo, engaño, mentira y de las Mujeres mas bellas del Mundo.

Todo esto anterior en medio de la deliciosa comida y sus asados con todo su ritual para y por el El llamado "Cristo de Paraná" y su combo de "Comadrejas" escuchando la musíca de Serrat y del Joaquin Sabina con sus amores que matan y nunca mueren ....del barrio Guadalupe en santafé (capital)Y rodeado de la belleza de esas Mujeres Argentinas y mezcla de las diferentes culturas que llegarón a ese lugar...----con una mano adelante y otra atrás y gracias a la Hospitalidad y Bondad -----enormemente traicionada y sin perdon alguno---- de la populación indígena, se lograrón establecer y hoy en día, sus hijos y nietos viven mejor calidad de vida a los que primero llegarón. Es la gran realidad...para que nos engañamos...y así.

Por cosas de la vida me tocó compartir durante unos días en esos dos meses el espacio y casa de esta Gran MUJER llamada La TITA. (fotografía arriba de estos textos)

Si asi con letras mayusculas escribo su nombre...Porque es poco lo que se pueda decir y escribir sobre ella ....

Que no sea el reconocimiento justo y objetivo de una gran vida al servicio de los demas. Donde la ética, la equidad, la ternura y el Amor hacia sus semejantes no fueran pan de cada dia...

Nunca Nunca en dos meses le escuche decir o le vi un gesto de discriminación contra la raza negra o la populación indígena de argentina o latinoamérica.

Al contrario....Mujer Divina, consciente de la situación injusta e inaceptable de los niños y mujeres y ancianos en esas dos razas en la argentina. Si la Santidad existe..es ella.

Mujer extraordinaria, para recordar siempre y a cada momento.

Ser Maravilloso...Mujer de Entrega Total en todos sus actos... Por el amor con que los hacía lentamente, la delicadesa y femeneidad en todas sus formas al hacer las cosas.

Su mirada...la forma como tomaba los alimentos..como los disfrutaba..como le encantaba la miel de abejas que yo le compraba...

Cada acto era una plegaria:

al Amor, a la utopía de un Mundo más Justo...

Yo alucinaba horas y horas a su lado y hoy meses despues, recuerdo cada día...Cada día e instante cuando a los 94 años me recitaba sus poemas y la poesía de Neruda, Barba Jacob, Juan l Ortiz, Carlos Mastromardi, Verlaine, Antonio Machado y Miguel Hernandez.

Cuando me contaba: Yo llegue aqui a Guadalupe y todo eran Yuyos, monte, y culebras.

No existía Nada...

Eramos solo El y YO

Yo lo ví todo hacer....lo vi crecer, crecimos los dos juntos, Con mi único Hombre y el gran Amor de Mi Vida----despues de que me decidí a estar con el, para ! siempre ! -- Juntos Los Dos Contruimos Todo...

YO daba clases de musíca,--eso estudié en el conservatorio-- partitura y solfeo. Eran las clases que dictaba a mis alumnos.

El trabajaba duro cada dia...asi construimos la Casa, con Amor y alegría........donde crecieron mis hijos y mis nietos.

Los rincones de la casa en aquel entonces eran llenos de gritos y algarabía y risas...de todos los nietos y sus amigos.

Despues y ahora... Mis dos hijos murierón hace dos años.

Los dos en menos de un año.

Cuando ya tenía 92 cumplidos.... que Soledad desconocida la que empezé a sentir despues de su partida.

Como los extraño. a cada segundo.

Nunca dije nada a nadie...ni a mis nietos,ni a Mirtha arredondo, ni vecinos ni a mis amigas de la Costanera, que usted, ya bien conoce Señor Cato...

Nunca dije nada a nadie.

Ni mencioné que és para una anciana en silla de ruedas y paralitica...impotente para cualquier acto por si misma la muerte de sus dos hijos....y mas aún vivir en estas condiciones.

Yo vi crecer todo esto que usted observa a los alrededores...Todo lo vi hacer..la Costanera, las avenidas, las casas , los edificios. Todo todo.

Yo conosco todo aquello llamado el Progreso..y hoy ya conosco la Soledad y la impotencia.

Todo era muy distinto en aquellos días ...Eramos mas Solidarios, la gente mentía menos o NO mentía.

las mujeres eramos más íntegras...eramos más Mujeres, mas femenínas.

Erasmos" el Amor. Y nos entregabamos a un solo Hombre...

Hoy en dia "las mujeres" no son femeninas se han convertido en "Gatos" y andan por las noches y en la oscuridad --la ignorancia--- por los tejados vecinos o por la vereda del frente (229) buscando a ver como se roban el marido de la vecína o de la colega del trabajo. Son un perverso ejemplo de Aspásias y Messalínas para las mujeres mas jovenes.

Ellas se creen unas diosas divinas...

Que risa..y que triste la vida de esas mujeres.

Olvidan facilmente que pronto muy pronto estarán como yo y a travez del paso del tiempo en los años en una silla de ruedas igual que yo....

Esperando y llenas de La Esperanza y esperando El ultimo Viaje..

Para poder ir a descansar de este mundo lleno de mediocridad y fantasía, chamuyo y mentira, para poder ir a un mundo diferente de Amor y ternura...y PAZ.

Anda tranquilo por El mundo Señor Cato..que estás Bendecido por mi y mi Hija...y por todos aquellos que ya te conocemos.

Mi casa estará siempre abierta para ti...asi lo impidan los otros...no importa mi casa es muy grande.

Ella es Universal. Es el Mundo entero.



Es el Amor y la Ternura...y ellas estan en todas partes en la gente y Seres de buen corazón.

Mi casa , esa casa... Siempre estará abierta para usted en otro lugar del Mundo y en la argentina, la Ternura y Amor que yo quiero para las otras personas lo estarán esperando.

Siempre y mientras yo esté con vida y mi debil corazón me permita pensar que pronto regresarás estaré con Mirtha, mi Angel y la Chela y la otra Tita esperandote con el Alfredo en la Costanera para reir otra vez como en esos dias...

Regresa pronto que aqui muchos te esperarán ..

la argentina como decía mi Hija: Te encantará más y más cada día..

Argentina es una Tierra maravillosa para aquellos que llevan y traen: Armonía y Paz en su Corazón.

--------------------------------------------------------------------------
Esas fueron las palabras que escuche de la ancina de 94 años ...dias antes de regresar a toronto en mayo 31 del 2008.

Esas palabras de la Mujer llamada TITA y dichas en una calma, Paz y certeza de lo vivido.

De la labor realizada, del Alma limpia a sus muchos años vividos y sin una tacha en su pasado ni un reproche de nadie.......y esperando la Paz Eterna...


Esas palabras y conocer y compartir horas y dias con esa gran Mujer han sido una de las experiencias y vivencias que más me han puesto a meditar en los últimos años...Y que mas alegría me han dado en este mundo.



Para todos mis queridos lectores, amigos en Europa y Latinoamérica mi mayores deseos de un porvenir lleno de salud, Alegría, Paz, Armonía para ellos y sus famílias...metta, metta..

Quiero el maxímo de bienestar, salud y alegría y Paz en el proximo año 2009.

Antes de salir a caminar por la playa......recuerdo las palabras de la Tita mirando la costanera con su enfermero y acompañante de cada día y de los últimos años. --labor no reconocida y Mal juzgada---

Cato Nunca olvides que:

En el Amor no existen ni vencedores ni vencidos..!lo único que existe y debe existir es la reciprocidad y la Entrega Total! para ser un verdadero Amor y que de PAZ a Los Dos.

Palabras de la TITA para todos mis amigos y conocidos ...

Ella es un ser maravilloso como fue el amanecer en Buenos aires y la última noche.

Feliz Año desde Pompano Beach... Sur de la Florida...

Diciembre 30 del 2008

Carlos Echeverry Ramirez
Colombia
Reservados todos los derechos de Autor ante Cipo y Wipo

www.carlosecheverryramirez.org

fitofeliz@hotmail.com

domingo, diciembre 07, 2008

Carlos Echeverry Ramirez- Colombia-

Un abrazo...Para todos.... Quiero los mejores y las Maxímas Alegrías en el presente, y futuro..


Y allí....entre todos. Sí entre todos ....

Sólo se escuchaban las voces perdidas en el silencio y la desesperanza de las negras vendedoras de frutas y de hombres sin futuro con los pedazos de loterías nunca ganados en sus manos.

Carlos Echeverry Ramirez-Colombia-Canada

Toronto Diciembre 7 del 2008


fitofeliz@hotmail.com

lunes, diciembre 01, 2008

Jntos los dos--Carlos Echeverry Ramirez -Colombia


Juntos los dos


---Carlos Echeverry Ramirez--ISBN: 0-9683701-0-1



Reservados todos los Derechos de Autor ante CIPO Y WIPO


www.carlosecheverryramirez.org

fitofeliz@hotmail.com


Juntos los dos


-Jóvenes, usted señor Cato, les quiero comentar lo siguiente:


“Hoy mi cansancio es mayor que en muchos años anteriores y muchísimo más que cuando estuve en la guerra”.

Anoche estando acostado tranquilo, quizás como siempre, después que mi esposa Charlotte se fue a acompañar a Martina y su fiel perro, a la caminata habitual, hora en que el can hace sus necesidades y Martina recoge en bolsa plástica la mierda, yo me quedé leyendo tranquilo, acompañado de un Cherry semiseco y las melodías del violonchelo de Pablo Casals.

Cansado, por el duro trabajo del día anterior, dejé el libro sobre la mesa, fui a mi habitación y al entrar en ella puse el termostato en dieciocho grados, desnudo me metí debajo de las cobijas; allí en la comodidad de la cama y después de poner mi postiza dentadura en su medio adecuado y colocar mis anteojos encima de la pequeña mesa de noche, apagué la luz de la lámpara de leer y dormí sin problema.

No sé cuantas horas habían pasado, cuando en el silencio y oscuridad de la noche, escuché ruidos muy extraños al exterior de la alcoba, exactamente en las escaleras; eran unas risas escandalosas y palabras desconocidas por mí. Yo, un hombre que habla el latín, me asusté y sorprendido me senté a esperar el fin de lo que escuchaba, sin tratar de hacer juicio alguno.

Consciente estaba de que Charlotte, mi querida esposa no había llegado, ya que varias veces toqué el lado de la cama donde duerme y no la encontré, lo cual me causó mucha angustia; así, lentamente, los sonidos terminaron de subir las escaleras y finalmente entraron en la habitación...

Observé, cauto y desconfiado, entrar una sombra amorfa, un bulto grande moviéndose con dificultad; con mis cansados ojos de anciano no podía tampoco distinguir qué era, sólo escuchaba las risotadas escandalosas, las palabras enredadas y un fuerte y marcado olor a alcohol.

Nervioso, dudé de mis actos y pensamientos, creí momentáneamente que era una mujer de vida alegre y numerosos clientes que se había equivocado de casa y aposento; como pude, a tientas de ciego y en la negrura de la noche busqué mis gafas, para poder prender la pequeña lámpara. Después de hacerlo y para mi gran sorpresa encontré a ¡Charlotte!

Sin creerlo ni aceptar, la encontré tirada al extremo de la cama, ¡Mon Dieu! ¡mi esposa! ¡¡La bióloga!!, la directora por treinta años del famoso coro de música sacra en la conocida iglesia luterana de Ginebra, la mujer maravillosa, ¡Quelle horror! , la madre de mis cuatro hijos estaba ahí, tirada al extremo de la cama, ¡¡completamente borracha!! hablando en un idioma incomprensible, riéndose y actuando, como nunca antes en nuestra apacible vida y después de cuarenta años de casados, a estas horas de nuestro matrimonio y en el cenit de nuestras vidas.

Traté de encontrar la causa de este inusual estado en ella, después de tantos años compartidos, desde aquellos en los que yo iba o ella venía al pequeño jardín al frente de la facultad a esperar que terminaran nuestras labores académicas en la universidad. No supe que pensar.

Estimados señores y usted señor Cato, no sé que decirles o como expresar lo que sentí en ese momento.

Recuerdo que tuve un inmenso vacío, una ahogadora tristeza, solté una irónica risa, un débil entusiasmo y una rabia pasajera, y también todo aquello que puede un hombre de mis conocimientos y jerarquía experimentar, en esos segundos al ver a su querida esposa en esas lamentables, terribles e inaceptables condiciones.

Horrorizado de ver a mi Charlotte en esa situación, con voz angustiada, sintiendo una punzada fortísima en mi débil corazón y dolor en mi brazo izquierdo, le pregunté:

-Charlotte, mon amour, mon Dieu, ¿Qué te han hecho?

Atónito y horrorizado, la observaba.

Ella poco a poco, organizó sus desvariados pensamientos en medio de risas desconocidas, con ternura abrasadora y en una voz jamás escuchada en todos nuestros largos años de nuestra feliz relación, me dijo:
-”Freddy, mi amor, ¡mi tesoro!, ¿Recuerdas anoche cuando vino Martina con su perro a que la acompañara a caminar?... Muy bien, las dos nos fuimos conversando, mientras el can buscaba un lugar verde donde hacer sus necesidades. Conversábamos de muchas cosas, de ti, de Teodoro; charlábamos acerca de nuestros hijos, de sus alegrías y frustraciones, de las duras dificultades que enfrentan aún con todos sus títulos académicos para encontrar un trabajo estable y bien remunerado; dialogábamos de nuestras cosas de mujeres y que muchas veces o casi siempre son muy diferentes a las que los hombres hablan entre ellos; analizábamos también con impaciencia lo poco que podemos hacer o que se nos permite por ustedes para mejorar el mundo; tristemente comprendíamos lo mínimo que es aceptado y con escasa alegría recibido por los hombres para hacer más solidario el bien común.

Caminando las dos solas, apartábamos con nuestros bastones las hojas caídas, que anuncian el fin del verano, acompañadas mentalmente, por aquello que hemos creado, es decir nuestros hijos. Martina iba muy preocupada y yo, meditabunda, llevaba en mí algo que no te he dicho en los últimos años: sentía una creciente ansiedad de ver lo trágico que sucede en el mundo fuera de nuestros vecinos, en otros países y regiones. Llevaba tristeza y frustración, de ver lo poco que puedo hacer para cambiar lo que escucho en todos los lugares que tú, como hombre, no frecuentas, no escuchas, no entiendes, no quieres aceptar ni escuchar y que quizás jamás comprenderás.

Martina y yo sorpresivamente, escuchamos a lo lejos, en el Parque de la Esperanza, unos rumores de tambores como africanos, unas guitarras, unas trompetas, flautas, lutes de Persia, bandoneones, maracas de Sur América, acordeones, trompetas, tiples, guitarrones y unos violines gitanos de Hungría y Rumania. Nosotras, como bien tú sabes, somos curiosas y dueñas de una intuición, que ustedes no tienen; ansiosas apresuramos el paso y fuimos a ver qué era esa música tan bella, esas melodías con una sensualidad envolvente que ahora escuchábamos en el mismo parque al cual íbamos tú y yo, cuando éramos jóvenes y nos sentábamos a conversar del futuro, de nuestros sueños e ilusiones. ¿Recuerdas mi amor, mi tesoro?

¡Freddy, escúchame! ¡Escúchame_!

Al llegar al parque, Freddy, mi amor, encontramos unas mujeres y hombres extranjeros de pelo azabache con ropas llenas de colores, con todos sus niños cantando al son de la música y bailando en una armonía, en un ágape que jamás yo había presenciado en Europa.

Fuera de nosotras, estaban muchas parejas conocidas, había varios ex colegas y ex alumnos tuyos de la Universidad, las parejas y los vecinos nos quedamos quietos y perplejos presenciando esa reunión, una fiesta llena de amor y de fraternidad.

Martina y yo, dos mujeres ya viejas y feas, como dos ancianas esperando sólo la muerte, sorpresivamente nos encontramos, igual que los otros, en la mitad de ese pequeño carnaval.

Las mujeres y hombres tenían unos dientes hermosos color nieve, una piel canela y cabellos oscuros como las noches del invierno, sus músculos tenían una simetría excelente, pequeños cuerpos en volumen pero de una definición muscular sin igual.

Algunos tenían una personalidad, una alegría y dinamismo como el agua en nuestros riachuelos cuando baja las montañas en la primavera. Martina y yo fascinadas con esas risas melodiosas mirábamos todo.

Allí, nos ofrecieron vino y con todo el respeto del mundo nos invitaron a bailar; sí, a compartir con ellos la alegría. Martina bailaba. Yo también extasiada miraba cómo ellos bailaban conmigo sin importarles mi lentitud, mi torpeza al llevar el ritmo, mis arrugas de mujer vieja y fea. Todos nos aplaudían sin parar; esta gente desconocida por nosotros, únicamente quería que Martina y yo, como seres, disfrutáramos la vida y la alegría creada por estos músicos que vinieron al festival.

¡Hubieras visto a Martina bailando!. Cómo se reía, ¡parecía una loca! Igual a esa gente, a esas mujeres y hombres locos del parque llamados injustamente así por nosotros los suizos. Qué ternura nacía en las miradas de sus hijos, en los melancólicos ojos y en sus risas apacibles.

Freddy, mi amor, espero comprendas, ahora porqué estoy tan contenta y ¡porqué decidí tomarme unos vinos de más! Simplemente compartí con esos locos la fiesta, que en ese parque de Ginebra, comenzamos a llamar la Fiesta de los Inocentes.

Te preguntarás... ¡escúchame amor! ¡escúchame! ¿te preguntarás cómo llegué a casa?

Te lo diré:
Cuando me sentí ya cansada de reír y bailar y, de oír tantos aplausos, como nunca antes en mi vida los había recibido con tanta espontaneidad y simpatía, le dije a unas mujeres llamadas Pilar Torres, la Mechas Otoya y María Teresa, que, a propósito, me dijeron que trabajaban como científicas investigadoras en un centro agrícola del cañaduzal, que Martina y yo queríamos regresar a casa.

Al instante, seis parejas de los latinoamericanos ahí presentes, en forma alegre y aún disfrutando con la música, nos acompañaron despacio a casa.

Las mujeres charlábamos y nos reíamos, los hombres hablaban con los niños. Ellas, las mujeres jóvenes, hacían muchas preguntas de nuestros sistemas políticos, sociales, económicos y de mi relación personal contigo; eran muchas preguntas sin pena, ni amargura, como si hubiera en ellas una insaciable sed de conocimiento.
Al rato, caminando en medio de todas estas conversaciones, no sé porqué y a estas horas de mi vida como mujer, a mis setenta y cinco años, en forma total empecé a sentir en todo mi cuerpo unas ganas y deseos inaguantables de estar junto a ti.

Sí, mi amor, Freddy, mi tesoro, sentía unos deseos irreprimibles de tocarte y sentirte junto a mí y que no tenía en muchos, muchos años.

Me sentía una adolescente, con deseos húmedos y ardorosa pasión. Quería que me tocaras, que me besaras, como en aquellos años ya lejanos e inalcanzables para los dos, aquellos días en que ¡me jurabas amor eterno!. Cuando éramos jóvenes y bellos, cuando éramos sólo los dos.

Quería que nuevamente te olvidaras de todo aquello que existe en el mundo, ser el Eje del Universo y volver a escuchar cuando tú me decías que yo era toda tu gloria.

Al llegar a nuestra casa, acompañada de todo este grupo y subiendo las escaleras como podía, sentí otra vez nervios y pánico de lo que había pensado y deseado en el camino, no pude contener mi nerviosas risas al darme cuenta y aceptar que estaba húmeda en mi cuerpo, a mi edad y ¡¡después de tantos largos años!!

Más ganas me entraron de acariciar tu ser, de contar nuestras costillas marcadas por las huellas del tiempo, de sentir mis flacas y fláccidas piernas, tocar y palpar tu vencido pecho, tus hombros ya cansados, tu inflexible espalda. Quería y ahora quiero, que toques todo mi cuerpo, mis arrugas en barro seco por donde pasaron los alegres y esquivos riachuelos, las profundas grietas de mi piel, como si fueran hoy alegres acordeones tropicales.

Que muy lento y con todo nuestro tiempo, me beses toda. Sí, quiero que me beses suave, dulcemente.

Que acaricies mis largos y descolgados senos con sus tristes y marchitos pezones, como si fueran ellos esta noche y ahora dos fértiles oasis en un árido desierto, donde se alimentó la belleza de nuestros hijos.

Quería que juntos esta noche, tú y yo, nos llenáramos íntegros de amor en un triste mundo moderno donde éste ya no existe.

Y así los dos en uno...

-Sí mi amor, ¡los dos!, ¡sólo los dos!

-Y, en un interminable beso fuéramos felices una vez más al final de la noche...



en Toronto Diciembre 28 del 1996

Dia de los Inocentes....

Carlos Echeverry Ramirez--- Colombia
----------

Reservados todos los derechos de autor ante CIPO Y WIPO


Carlos Echeverry Ramírez(Colombia)

Carlos Echeverry Ramirez -Colombia- Alboradas

Compartiendo Alboradas ISBN: 0-9683701-0-1

Carlos Echevery Ramirez --Colombia


jueves, noviembre 27, 2008

El dia de la Entrega...Carlos Echeverry Ramirez--Colombia

Reservados todos los derechos de autor ante CIPO Y WIPO
Carlos Echeverry Ramirez-Colombia

Imágen con Todos los derechos reservados y propiedad intelectual ante CIPO Y WIPO de:
Ph.D Caroline Constabel limberg- Alemania


Carlos echevery Ramirez (Colombia-Canada)
Es Miembro activo de la Union de Escritores de Canada.
Reservados todos los derechos de Autor ante CIPO y WIPO.

El día de la entrega

Del libro : Compartiendo Alboradas

ISBN: 0-9683701-1-X



Ese día amaneció lloviendo y me levanté con el pie izquierdo.

Meditando unos instantes en la misión encomendada para ese entonces y planificada desde hacía un año, me toqué la cabeza pensando en ese imposible y miré todos los diferentes rincones de la habitación en la pensión de Cartagena.

Observé detalladamente la torre del reloj debajo de la cual cruzó Simón Bolívar con su ejército y a su izquierda en la corta distancia el mar Caribe. Luego me fui a la ducha con toda la calma.

De mi mente no podía sacar la cara del hombre que era el objetivo. Esa persona la había estudiado muchísimas veces y había leído mucho sobre ella, todas sus cosas las conocía y todas sus rutinas las tenía claramente identificadas y después de todo lo planificado y pensado sólo existía ese día para la misión encomendada. No podía fallar.

El objetivo de la misión era el hombre más cuidado de Latinoamérica. Quizás el segundo o tercero más custodiado en el mundo. Muchísimos anillos especializados de seguridad a su alrededor, yo sin embargo, y no dejándome ver por ellos durante las últimas semanas, estaría a solo unos metros de su cuerpo cuando él ingresara al Centro de Convenciones de la ciudad de Cartagena.

Así había pasado los últimos días desde que llegué a la ciudad, haciendo inteligencia y mirando los lugares estratégicos donde se centraría el fuerte de sus anillos de seguridad y estudiando muy detenidamente las vías de salida en caso de fracasar en la misión o algún imprevisto que saliera contrario a lo ya establecido. No podía fallar ese día.

El día señalado llegó, y el hombre como objetivo nunca apareció en las horas de la mañana. Ya cansado de esperar me fui a descansar al hotel. Saludé al recepcionista y respondió amablemente. Observé que ese día estaba de buen genio, -normalmente parecía que hubiera desayunado con alacranes el tipo ese- luego entré rápido en mi habitación y estando acostado empecé a meditar sobre todas las cosas vividas en esa pequeña ciudad convertida en el prostíbulo más grande de Latinoamérica con su miseria de los barrios marginales, el Nelson Mandela, el hambre y terror en los rostros de sus niños y la indiferencia e ignominia del gobierno hacia ellos.

Mientras tanto la vida nuestra continuaba, la tarde iba pasando y las horas con sus largos y eternos minutos en un calor insoportable y la escasa brisa marina avanzaban lentamente.

En la ciudad del corralito de piedra nadie sabía a qué horas llegaría el hombre anunciado o qué medio de transporte utilizaría para llegar al Centro de Convenciones.

Sólo se escuchaban las voces perdidas en el silencio y la desesperanza de las negras vendedoras de frutas y de hombres sin futuro con los pedazos de loterías nunca ganados en sus manos.

Unos rumores decían que el hombre aquel tan importante y conocido por todos llegaría por la parte trasera del Centro de Convenciones en una lancha rápida. Otros decían que en helicóptero desde el aeropuerto, y otros que en su cuerpo de limousine blindada.

Todo era pura especulación entre el pueblo ansioso por ver al hombre distinguido y entretenidos todos con la fantasía de la música de carnaval y los juegos pirotécnicos, el ron gratuito, el whisky, las bellas y costosas putas como las más baratas –de a dólar mi señor, que aquí hay para todos- con los elegantes ladrones de cuello blanco y los maricones con su reina -la Rufina-, y uno que otro ingenuo, honesto y desplazado campesino, para mirar todo el espectáculo montado para y por los corruptos del poder y el dinero.



En los caros y exclusivos hoteles el whisky y la coca eran las delicias preferidas por sus clientes pederastas y psicópatas de los monos ojizarcos como siempre con acento gringo y sin faltar nunca sus mediocres, lacayos y serviles de algunos de los gobernantes nuestros.

Mientras en los barrios pobres continuaba igual que siempre y segundo a segundo la miseria, el terror colectivo y las balas que eran también, y en esas circunstancias, el obligado y merecido pan de cada día. Ta- ta- ta -ta -ta, hps…

Para esos miserables pobres... ¡y no por miserables sino por pobres!, y finalmente el obligado y siempre impotente llanto de las dignas mujeres, los ancianos y niños ante la cotidiana violencia y barbarie.